Lautaro (del mapudungun: lef, ‘veloz’,y traru, ‘traro’ o ‘traro calvo’, de lau, ‘calvo, pelado, y traru, ‘traro’; circa 1534-Peteroa, actual Sagrada Familia; 1557) fue un destacado líder militar mapuche de origen Promaucae en la Guerra de Arauco durante la primera fase de la conquista española del territorio que llegaría a ser Chile.

En un día como hoy, 30 de abril, en el año 1557,las avanzadas españolas capitaneadas por Francisco de Villagra, quienes estaban al sur de las fuerzas araucanas fueron informadas en Reinohuelén por un mapuche-pehuenche (ya mencionado anteriormente) de que Lautaro acampaba en un fortín en lado sur del río Mataquito, en el sector de Peteroa (cerca de la actual Sagrada Familia, Chile). Villagra tan pronto se dio cuenta de la información que tenía envió por la avanzada al capitán Godinez para que se reuniera con él en el pueblo de Mataquito.

Reunidas las fuerzas, Villagra avanzó en la noche oculto hasta las inmediaciones viniendo por la orilla del río Mataquito. Las informaciones obtenidas por Lautaro le hacían suponer lejos al enemigo que había dejado al sur y por tanto descuidó la vigilancia del emplazamiento y no supo del acercamiento de Villagra y Godinez, ya sea porque los naturales de la zona no dieron la alarma o bien le ocultaron la información.

Además le fue informado que la noche anterior las huestes de Lautaro habían estado embriagándose en una celebración, si la maniobra salía bien la sorpresa iba a ser total.

En el amanecer del 30 de abril de 1557, Francisco de Villagra más su primo Juan de Villagra, Diego de Altamirano y 57 jinetes, cinco arcabuceros y más de 400 yanaconas, una fuerza relativamente pequeña si se compara con al menos 800 mapuches que se encontraban en el campamento.

Villagra con mucha cautela hizo avanzar algunos yanaconas exploradores y estos volvieron diciendo que no había centinelas, lo que le hizo predecir a Villagra que el campamento estaba en el más absoluto reposo. Las huestes españolas se acercaron al amanecer al fortín subiendo por una serranía empinada y tendieron su línea de ataque. Villagra en voz baja dirigió unas palabras a sus acompañantes representándoles la responsabilidad del éxito y que la suerte de la colonia dependía de esta acción.

Villagra ya había organizado la forma de ataque cuando una trompeta impaciente tocó la señal antes de tiempo. De inmediato, los mapuches salieron a empuñar sus armas y Villagra gritaba –¡Santiago y cierra España, adelante!– éstos sorprendieron a las huestes lautarinas totalmente, creándose el desconcierto y la huida. El lugar donde estaba Lautaro era conocido por los espías indígenas de Villagra, por tanto se dirigieron resueltamente a la ruca que albergaba a Lautaro quien estaba en compañía de su mujer Guacolda.

Lautaro salió de su ruca, con la espada de Valdivia en mano y fue atravesado en la misma puerta de un lanzazo mientras que los suyos eran tomados por sorpresa y masacrados. Los españoles jubilosos gritaron: –¡Aquí españoles que Lautaro es muerto!.

A pesar de la muerte del líder los mapuches dieron una valiente resistencia durando más de 5 horas la brega, en la que al final cayeron 663 Araucanos y capitanes, logrando apenas escapar unos 130.

Con el fin de Lautaro, desaparece una figura notable de la guerra de Arauco, nadie más llegó a igualar sus condiciones de líder ni su genio militar, que estuvo a la altura de los grandes estrategas de su época.

Los españoles causaron más de 650 bajas mapuches, y los españoles perdieron a Juan de Villagra (primo de Francisco de Villagra) quien murió de un lanzazo en plena boca, además de todos los castellanos heridos, más 200 yanaconas heridos o muertos más muchos caballos. El cadáver de Lautaro fue apaleado, vejado y desmembrado vivo durante horas, su cabeza se exhibió en la Plaza de Armas de Santiago por largo tiempo ensartada en una lanza española.

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