“Llegué a esculpir la nostalgia, a escurrirme en los raíles de mi memoria, a quitarle la careta al pasado, cansado de estar cansado”. Así reza el inicio de Buenos Aires, la canción del gallego Xoel López, que parece describir muy bien ciertas situaciones de agotamiento mental.

El ritmo de vida actual nos empuja a una actividad frenética y repleta de responsabilidades, que dificulta la gestión de nuestro tiempo y hace que el estrés sea uno de los protagonistas de nuestro día a día. De esta forma, en España el 59% de los empleados lo sufre en su puesto de trabajo, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

El estrés tiene mucha relación con el agotamiento o fatiga mental, una señal de alarma de nuestro organismo que cada vez es más común padecer.

“Se trata de una sobrecarga en el flujo de pensamiento normal. Se produce un estrés que nos lleva a un estado de ansiedad y cansancio insoportables para la salud mental e incluso física”, afirma Alicia Martos, psicóloga y autora del blog Comunicación no verbal: lo que no nos cuentan.

¿Qué lo desencadena?

La especialista explica que podemos padecerlo debido a una situación de tensión puntual. “Por ejemplo, si se juntan una ruptura sentimental, problemas en el trabajo y la enfermedad de un familiar. En ese caso, cuando desapareciesen los problemas desaparecería el estrés”, cuenta.

Algunas personas tienen tendencia a crear preocupaciones innecesarias, a pensar en situaciones futuras o pasadas -que ya no pueden cambiar- o a asumir cargas que no les corresponden. “El pensamiento, las ideas, no son siempre útiles. Hay sobrecargas que no están producidas por problemas reales, sino por nosotros mismos”, asegura Martos.

Agotamiento mental no equivale a depresión

No debemos confundir la fatiga mental con enfermedades mentales como la depresión. “En la depresión toda la proyección se hace contra uno mismo. Se ven afectadas cuestiones como la del autoconcepto, emociones de asco y desprecio hacia uno mismo, la sensación de la falta de valía para asumir cualquier reto, la falta de energía no por cansancio sino por motivación, sin embargo, en el caso del agotamiento mental volcamos nuestra frustración con los demás, con nuestro trabajo, con la sociedad, con las redes sociales…”, afirma la experta.

Síntomas

Aunque no todas las personas presentan la misma sintomatología, hay algunos patrones que suelen coincidir. “Habitualmente los afectados tienen dificultades para dormir, palpitaciones en reposo, dificultades para mantener la atención y la concentración, alteraciones digestivas, dolores de cabeza y musculares”, dice Martos.

También hay características referentes a la comunicación no verbal que cobran importancia. “Todas las señales no verbales acompañarán y serán coherentes con la sintomatología asociada. Pueden observarse gestos de dolor -sobre todo referidos a las cervicales o a la cabeza- y a nivel facial se pueden encontrar signos de tensión. Si una persona suele ser tranquila y pausada al moverse o al hablar puede volverse rápida e impaciente, incluso irascible o agresiva en ciertos momentos. Las personas muy aceleradas y nerviosas pueden tender a hablar de un modo muy lineal, con una mayor latencia de respuesta y movimientos más lentos de lo habitual”, asegura la experta.

Cómo evitarlo

Para librarnos de padecer agotamiento mental, debemos controlar nuestros pensamientos. “Tenemos que evitar los condicionales y predicciones futuras o darle la vuelta a hechos y actos del pasado que ya no tienen solución posible. Hay que aprender a relativizar y priorizar las preocupaciones”, aconseja Martos.

La experta recomienda realizar actividades que nos permitan desconectar. “Es importante guardar siempre al menos media hora diaria para la higiene mental con actividades que requieren una concentración lúdica -leer, ver una película, escuchar música, bailar…-, actividades que desbloquean las preocupaciones y resetean el estrés diario-. Puede ser muy beneficiosa la formación en meditación o en gestión del tiempo, que nos ayudan a dotarnos de herramientas para combatir ese estrés”, afirma la psicóloga.

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