Simulación de una supernova cercana colisionando con el viento solar. En azul, la órbita de la Tierra
Simulación de una supernova cercana colisionando con el viento solar. En azul, la órbita de la Tierra

Por lo que sabemos, la Tierra ha atravesado al menos cinco eventos de extinción masiva, en los que la vida sufrió un golpe tan duro en tan poco tiempo que muchas especies desaparecieron y el registro fósil quedó marcado para siempre. Erupciones volcánicas, asteroides o cambios climáticos alteraron tan rápidamente las condiciones que muchos seres vivos perecieron.

Esta semana, un equipo de investigadores ha propuesto que la extinción masiva del Devónico-Carbonífero, hace 359 millones de años, fue provocada por una o varias explosiones de supernova que barrieron la superficie del planeta con devastadoras dosis de radiación. Sus conclusiones se han publicado en la revista « Proceedings of the National Academy of Sciences».

¿Qué destruyó la capa de ozono?

Para obtener estos resultados, un equipo de investigadores de la Universidad de Illinois (Estados Unidos), dirigido por Brian Fields, examinó cientos de miles de generaciones de esporas de plantas en el registro fósil. De esta manera observaron la presencia de esporas aparentemente abrasadas por la radiación ultravioleta, lo que encaja con que en la Tierra desapareciera la capa de ozono durante un tiempo prolongado.

Así pues, ¿qué pudo provocar este suceso? «Catástrofes como el vulcanismo y el calentamiento global pueden destruir la capa de ozono», ha explicado en un comunicado Brian Fields. «Pero las evidencias en ese intervalo —hace unos 359 millones de años— no son concluyentes. Por eso, proponemos que una o más explosiones de supernova, ocurridas a una distancia de alrededor de 65 años luz, podrían haber sido las responsables de la prolongada pérdida del ozono».

Para afianzar estas conclusiones, los investigadores exploraron otras posibles causas, como el impacto de meteoritos, las erupciones solares o los estalllidos de rayos gamma. Sin embargo, hay un inconveniente: «Estos eventos acaban rápidamente y es improbable que causen una pérdida de la capa de ozono duradera, como la ocurrida al final del Devónico», ha dicho Jesse Miller, coautora del estudio.

La oleada de destrucción de una supernova

Una supernova es otra cuestión. Una explosión situada lo suficientemente cerca de nuestro planeta primero barrería la Tierra con rayos ultravioleta, rayos X y rayos gamma. Más tarde, la explosión irrumpiría en el sistema solar, creando rayos cósmicos capaces de barrer la superficie y de dañar su capa de ozono durante un periodo de hasta 100.000 años. Suficientes para borrar de la existencia a muchos seres vivos.

Sin embargo, el registro fósil indica que la caída de la biodiverisdad de seres vivos, ocurrida entre el Devónico y el Carbonífero, se extendió durante un periodo de alrededor de 300.000 años. Por eso, los investigadores han apuntado la hipótesis de que ocurriera no una sino varias catástrofes, quizás impulsadas por varias explosiones de supernova.

«Esto es perfectamente posible», ha dicho Miller. «Las estrellas masivas normalmente forman grupos con otras estrellas masivas, por lo que es probable que una segunda supernova ocurra después de una primera explosión».

En busca de más pistas

Los investigadores han dicho que la forma de demostrar que algo así ocurrió es buscar ciertos isótopos en las rocas y en los fósiles procedentes del momento de la extinción: se trata del plutonio-244 y del samario-146. «Ninguno de estos isótopos aparece en la Tierra de forma natural», ha dicho Zenghai Liu, otro de los coautores. «La única forma de que hubiera llegado hasta ahí sería a través de explosiones cósmicas».

Todavía tienen que encontrar tales pruebas, pero los investigadores creen que los sedimentos que han estudiado transmiten un importante mensaje: «La vida en la Tierra no existe en aislamiento», ha dicho Fields. «Somos ciudadanos de un cosmos mayor, y el cosmos influye en nuestras vidas, normalmente de forma imperceptible, pero a veces de modo feroz».

Por suerte, parece que no hay ninguna supernova a la vista. La más cercana tendrá lugar cuando Betelgeuse, una estrella situada a unos 600 años luz de la Tierra, estalle tras agotar su combustible, en un plazo de 100.000 años. Por suerte, está a 600 años luz, mucho más allá de la distancia de 25 años luz que pondría en peligro la vida en la Tierra.

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