“En Chile los hechos nos muestran que los ciudadanos quieren más cambios”, aseguró la ex Mandataria al recibir el premio Alianza Progresista 2018, lo cual es cierto; pero lo que no dijo es que no quieren los cambios propiciados por ella desde su gobierno y avalados por la Nueva Mayoría, sino que todo lo contrario. Los cambios por los que la ciudadanía optó son los propuestos por el actual Presidente Piñera, y el 55% de los votos con el que salió elegido así lo demuestra.

Uno se pregunta a raíz de qué esta organización pone en el podio de los triunfadores a la ex Presidenta, cuando no lo es. La respuesta es fácil encontrarla al mirar el panorama regional, pues está claro que la izquierda latinoamericana perdió a todos sus referentes que alguna vez dominaran el concierto regional e internacional y necesita de alguien como Michelle Bachelet para mostrar que aún existen.

Lula, el “ídolo” brasileño, está preso por corrupto; su sucesora, Dilma Rousseff, fue desposeída de su cargo vía impeachment y no está libre de acusaciones por temas de corrupción en Petrobrás; la Sra. Kirchner, otrora aliada incondicional de Hugo Chávez, tiene variadas cuentas pendientes con la justicia y a destacados miembros de su gobierno presos por corrupción; Rafael Correa está en el ostracismo; el Nicaragüense Daniel Ortega contra las cuerdas, empujado por la ciudadanía que quiere que se vaya; sigamos con el inefable Evo Morales, quien apoya incondicionalmente al dictador Nicolás Maduro, el niño protegido de Cuba.

Pero eso en la izquierda no pueden aplaudirlo, porque sería mal visto, aunque en su corazoncito socialista les gusten Maduro, Castro y Díaz Canel. Entonces, lo que les queda es doña Michelle, quien hoy nuevamente es funcionaria internacional.

Curiosamente, un día después de la premiación, quien acompañó a Bachelet en la testera —la presidenta del PT y senadora Gleisi Lula Hoffmann— fue acusada también de corrupción y lavado de dinero, junto con su jefe de gabinete, ex ministros de Estado y el propio Lula da Silva.

¿Tiene alguna importancia este premio? A mi parecer, es un premio de consuelo, como los que se otorgan, por ejemplo, a quienes no ganan el Oscar de la Academia, a equipos que pierden las finales, a candidatos que no fueron elegidos y, en este caso, a una ex Presidenta. La pregunta que surge, entonces, es, ¿qué perdió Michelle Bachelet?

Para empezar, perdió su candidato a presidir el país, por paliza. Perdió esa amplia mayoría que la eligió en 2013, de la que hoy goza el actual Presidente. Perdió credibilidad ante el país, por el caso Caval. Perdió su capacidad de liderar a su coalición, que terminó quebrada, derrotada y sin saber que rumbo tomar. Perdió la batalla de las ideas. Perdió la buena calificación económica de Chile. Perdió su amplio capital político. Pero talvez lo que más perdió, al final de su mandato, fue el pudor, porque dejó amarrados a funcionarios, comprometió recursos sin estar financiados, envió un proyecto de nueva Constitución a último minuto, quiso nombrar notario al fiscal involucrado en el caso Caval y, finalmente, cerrar el penal Punta Peuco pocas horas antes del cambio de mando, lo que le valió el rechazo de su propio ministro de Justicia. En resumen, salió derrotada del gobierno.

Por todo eso, el premio a Bachelet termina siendo algo absolutamente intrascendente. Sin embargo, al recibirlo, le permitió volver a la política contingente, en lo que pareciera ser una señal que la ex Presidenta pretendería asumir el liderazgo inexistente de la oposición actual, siempre y cuando, obviamente, ésta defienda ese constructo llamado “legado”.

De ahora en adelante, entre viaje y viaje con la OMS, probablemente la veremos opinando desde su fundación y la estarán apoyando quienes creen que ella podría devolverles el mezquino poder, pensando que podría repetirse el fenómeno de 2013. Lo que olvidan es que el mal llamado legado fue rechazado por una inmensa mayoría de chilenos, que dijeron basta ya de mediocridad, de estancamiento; pidieron volver a la senda de crecimiento, mandataron al Presidente Piñera para terminar con la retroexcavadora, con las divisiones entre chilenos y le devolviera al país el optimismo, la energía y las condiciones para la recuperación económica, la generación de trabajo y la amistad cívica que tanto se necesita para recuperar el terreno perdido.

Esa es la realidad, es lo que el 55% de los chilenos eligió, y si la ex Presidenta aún cree que los cambios que la gente quiere son los que ella tuvo y tiene en mente, los porfiados hechos debieran ser suficientes para demostrarle cuan equivocada está, razón por la cual ya no gobierna su coalición.

/escrito para El Líbero por Jaime Jankelevich, consultor de empresas

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