El escritor Rafael Gumucio, magíster en Literatura, ha seguido las tomas universitarias de las últimas semanas y ha escrito varias columnas sobre el feminismo en Chile. Ayer, el escritor recibió críticas en redes sociales tras asegurar que “el tema de género actualmente es una cuestión entre élites educadas que se enfrentan por visiones valóricas y no como una tragedia social”.

¿Cómo le parece que ha evolucionado el feminismo en Chile?

Hay un feminismo histórico. Tiene grandes hitos. Es el que ha buscado la igualdad y la equidad de la mujer, que ha perseguido que haya más líderes mujeres en política y en las empresas, que se ha opuesto a los contrasentidos y que ha defendido el aborto y los derechos reproductivos de las mujeres.

¿Pero cree que el movimiento en las tomas de las universidades es distinto a ese ‘feminismo histórico’?

Sí, este feminismo nuevo no ha hecho un diagnóstico de lo que realmente está pasando en el mundo de la mujer. Piensa desde el “yo”, es una forma de narcisismo. Eso, a la vez, es parte de todos los movimientos sociales del último tiempo. Son movimientos desde la santificación del dolor, una visión de la inocencia como un bien supremo y del sexo como una fuente de obsesión.

¿En qué se caracteriza este movimiento?

Estos son movimientos de mujeres más bien solteras, sin hijos ni demasiados problemas económicos ni sociales, sino que sienten una opresión y sienten que los usos estructurales de Chile, y otros países, como España o Italia, dejan bastante que desear.

¿Lo calificaría como un movimiento más bien extremista?

Está destinado a serlo. Seguramente hay gente que está realmente preocupada del tema, pero al menos en este caso veo bastante poca seriedad en el tipo de discusiones que se hacen, un poco al voleo, se generaliza a partir de casos específicos. La tendencia es que cuando uno está en la universidad vive momentos de fervor, de protesta. Ahora son las mujeres, pero el día de mañana será otro tema.

¿Por qué apunta a que hay poca seriedad e información en la discusión? ¿Dónde lo ve?

Lo primero que uno tiene que hacer cuando algo le preocupa es informarse y preguntarse en qué situaciones están las mujeres en Chile hoy en día. Existen, por ejemplo, normas contra el acoso y el abuso, leyes de igualdad salarial, pero nadie habla de ello.

Pero, entonces, ¿dónde se tendrían que concentrar las demandas?

Por ejemplo, en la gran cantidad de mujeres que son el único sustento de su hogar, porque hay hombres que las abandonan y les dejan a ellas al cuidado y la crianza de los niños. Esas mujeres tienen dificultades para tener un aporte económico igual al de los hombres y les es muy difícil cambiarse de trabajo. Como sociedad, deberíamos mejorar la cobertura de salas cuna y jardines infantiles y preocuparnos de pagar a esas mujeres por el cuidado de esos hijos. No asumir que la mujer tiene que hacerlo porque sí.

Este movimiento es algo que se ha dado con más fuerza en las nuevas generaciones. ¿Por qué se da ahora esta discusión?

Yo creo que los jóvenes han sido educados por padres que son también niños, que los han protegido mucho y les han enseñado que no les debe pasar nada. Es una generación que no ha vivido guerras ni dictaduras y tienen una visión del mundo de que las cosas feas o malas no deben pasar. Pero como pasan, se rebelan contra ellas.

¿Y eso es negativo?

Sí, porque pasamos de una cultura donde lo duro, lo fuerte, lo inflexible era lo más importante, a una cultura en que lo frágil y lo débil es lo más importante. Hay que apuntar a una cultura intermedia, ni tanto ni tan poco.

/Entrevista para La Tercera de Camila Mardones

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