David Goodall, el científico australiano de 104 años que viajó a Suiza para terminar con su vida mediante un suicidio asistido, que la ley de su país prohíbe, murió este jueves, según reportó la cadena británica Sky.

Personal de la clínica en la que se realizó el procedimiento de eutanasia dijeron a ese medio que Goodall “falleció en paz” por la mañana.

En tanto un reportero de Sky incluso constató que se podían escuchar compases de la 9° sinfonía de Beethoven desde la sala en la que el hombre fue ayudado a morir, una intención que había manifestado.

El científico ecologista no tenía ninguna enfermedad terminal, pero había dicho que ya estaba listo para morir. Dejó este mundo por medio de una inyección letal y en compañía de algunos de sus familiares.

“Uno debería ser libre de elegir la muerte, cuando la muerte es en un momento adecuado”, había dicho Goodall, miembro de la Orden de Australia, durante una conferencia de prensa ofrecida el miércoles en la ciudad de Basilea, según informó Reuters

“Mis capacidades han estado en declive durante el último año o dos; mi vista, en los últimos seis años. Ya no quiero continuar la vida. Estoy feliz de tener la oportunidad de terminarla mañana“, agregó, acompañado durante la conferencia por miembros de grupos que ayudan a las personas a suicidarse legalmente.

David Goodall nació en Londres en 1914 y se mudó a Australia en 1948. Tuvo que dejar su país a la hora de su muerte porque la ley allí prohíbe la eutanasia

David Goodall nació en Londres en 1914 y se mudó a Australia en 1948. Tuvo que dejar su país a la hora de su muerte porque la ley allí prohíbe la eutanasia

El suicidio asistido es legal en Suiza desde los años 40, si lo realiza alguien sin interés directo en la muerte. Holanda legalizó la eutanasia en 2002 para pacientes que sufren un dolor insoportable sin cura.

Australia, sin embargo, prohíbe la práctica, aunque el estado de Victoria fue el primero en aprobar un proyecto que la permitirá desde 2019 para los pacientes terminales.

Goodall nació en Londres en 1914 y se mudó a Australia en 1948, donde trabajó en la Universidad de Melbourne. También tuvo empleos en su país natal y ocupó puestos académicos en Estados Unidos.

Pese a que era evidente el miércoles que en algunos casos le costaba oír algunas preguntas,las respondía con claridad y en detalle. Prefirió no entrar en detalles sobre su última comida y señaló que no había pensando en música para acompañar su muerte, aunque agregó que sería lindo escuchar la 9° Sinfonía de Beethoven antes de cantar algunas líneas, algo que finalmente se habría cumplido, de acuerdo a Sky.

Es mi propia decisión terminar mi vida mañana. Hay muchas cosas que me gustaría hacer, pero es demasiado tarde. Estoy contento de dejarlas inconclusas”, señaló Goodall.

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