Ann Maria Reeves tenía también una Madre, que le dio a luz el 30 de septiembre de 1832 en un pueblo de Virginia, Estados Unidos. Al poco tiempo, su padre, que era ministro, tuvo que mudarse con toda la familia a otra localidad en la vecina Virginia Occidental. A los 18 años, la joven Ann conoció a un hombre de negocios llamado Granville Jarvis, con quien formó una familia en el pueblo de Webster. Pero no todo fue tan fácil. De los 13 bebés que Ann dio a luz en 17 años, sólo cuatro llegaron a la edad adulta, algo no muy extraño en aquellos tiempos, y menos en uno de los estados más pobres de la república. La mayoría de los niños murieron de enfermedades infecciosas, y eso inspiró a Ann a tomar cartas en el asunto.

Embarazada de su sexto retoño, Ann fundó los Clubs de Trabajo del Día de la Madre en 1858, en Webster, y pronto extendió los clubs a localidades cercanas. Su intención era ayudar a otras madres a cuidar su salud durante el embarazo y a mejorar las condiciones higiénicas de sus hogares, donde la mayoría daba a luz. Los clubs reunían fondos para sus programas de educación, para comprar medicina y contratar a expertos sanitarios. Otra de las labores era inspeccionar la leche dirigida a los infantes para asegurarse de que cumplía con las condiciones sanitarias necesarias, mucho antes de que lo hiciesen los gobiernos.

Cuando estalló la Guerra Civil, Ann Jarvis adaptó los clubs para atender a los soldados heridos, de ambos bandos, pues Jarvis había declarado su organización como neutral. Al final de la guerra, los mismos clubs organizaron el Día de la Amistad de las Madres, en el que las mujeres de que habían perdido a sus hijos en el conflicto, ya fuese en el lado ganador o en el perdedor, se reunieran para cicatrizar las heridas de la enemistad. Las reuniones fueron todo un éxito. Y Ann no se quedaría ahí.

Sobra decir que Anna Marie Jarvis, la hija, sentía una gran admiración por su progenitora. Desde muy joven Anna había ayudado a su madre en sus labores sociales y religiosas, y a insistencia de su madre, Anna estudió en la universidad. Cuando Ann llegó a Philadelphia, su hija Anna ya era una importante mujer de negocios, y aún así le dio tiempo para cuidar de sus últimos años. Y Anne tenía un gusanito desde la infancia. Según ella misma, fue al final de la escuela dominical en 1876, cuando ella tenía 12 años, que su madre terminó la lección con un pensamiento:

 

Anne decidió hacer algo para cumplir el sueño de su madre. Tres años después de la muerte de Ann, organizó un servicio en la iglesia Metodista de Grafton, Virginia Occidental  y la última parroquia de Ann, un homenaje a su Madre y a todas las Madres. Era el 10 de mayo de 1908, y ese día se considera el primer Día de la Madre.

Desde su posición de mujer trabajadora y conocida en los círculos de poder en Philadelphia, Anne inició una campaña para conseguir que se adoptara el Día de la Madre de manera oficial, y lo consiguió pronto en algunas Anne Marie Jarvisciudades y estados. Escribió cartas y artículos; dio conferencias en iglesias, universidades y clubes privados, renunció incluso a su trabajo en una compañía de seguros y fundó la Asociación Internacional del Día de la Madre (MDIA por sus siglas en inglés). Sus esfuerzos pronto dieron fruto también en Canadá y México, China y Japón y, finalmente, el Presidente Woodrow Wilson declaró en 1914 el Día de la Madre como fiesta nacional, a celebrarse el segundo domingo de mayo. Todo un triunfo para Anne.

No el Día de la Madre que quería…

Desafortunadamente, las cosas se torcieron un poco. El espíritu de homenaje a las Madres que tanto Anne como su madre deseaban,pronto se tornó en un circo comercial. Como podréis imaginar, los floristas y los impresores de tarjetas de felicitación hicieron su agosto, así como los fabricantes de chocolates y bombones. Anne, que había patentado varios símbolos de la fiesta que ella había inventado y promovido, intentó detener a aquellos que se beneficiaban económicamente, llegando a presentar casi 40 denuncias en los tribunales, sin éxito. Ya en los años 20 dijo:

 

Llegado un momento, Anne intentó frenar la celebración del Día de la Madre, escribiendo al Presidente de turno que cancelara la fiesta, pero sus esfuerzos fueron en vano. Ni sus retahílas ni sus demandas pudieron cambiar la avalancha de comercialismo que se había apoderado del Día de la Madre. Frustrada, pasó el resto de sus días encerrada en su mansión de Philadelphia. Anne Marie jarvis, la creadora del Día de la Madre, murió sin hijos el 24 de noviembre de 1948.