La semana pasada, luego de casi 230 días, el cuerpo de Joane Florvil fue finalmente retirado del Servicio Medico Legal  y se realizaron sus funerales, junto a su familia y los pocos amigos y simpatizantes que había logrado hacer en Chile. A las 03:45 de la madrugada del martes 8 de mayo, sus restos fueron repatriados a Haití y se puso fin a una historia trágica e inhumana.

¿Saben cuántas columnas se escribieron esta semana en los medios por el funeral o expatriación de Joane? ¿Saben cuántas presentaciones en Contraloría se hicieron para exigir las responsabilidades administrativas por la falta de servicio del Estado? ¿Saben cuántas notas periodísticas y despachos para dar cuenta de esta tragedia? Ninguna, o muy pocas, lo que para la magnitud de este caso resulta brutal.

Joane no estudió en Harvard. Con suerte pudo haber egresado de un liceo en su pequeña ciudad natal de Wanament, a 300 kilómetros de Puerto Príncipe, en Haití. Vino a Chile en busca de oportunidades y solo encontró, literalmente, la muerte. En palabras de su marido: Chile le enseñó la miseria y todas las cosas malas que nunca vivió en su país.

Luego de una semana en que la noticia se centró en el viaje del Ministro Larraín a EE.UU. y no en cuestionarnos, una y otra vez,  sobre los errores de este caso particular y sobre la ausencia – hasta ahora – de una decisión de discutir nuestra política migratoria, es indispensable cuestionarse sobre los temas que captan la atención de la agenda pública y las prioridades que distancian a la elite política del sentido común.

¿Existe una responsabilidad de los medios en la priorización de los temas de discusión? ¿Existe un mínimo que le podemos exigir a nuestros representantes políticos respecto de las acciones de fiscalización que pueden llevar adelante y una rendición de cuentas respecto de sus propias actuaciones?

Cuesta encontrar una semana donde la conversación política se mostró más distante del drama humano que la que recién pasó. Joane Florvil fue acusada, detenida y murió en cosa de días, en circunstancias aún confusas y con preguntas aún sin responder. Pero peor aún, pasaron 7 meses desde su muerte y ni el Gobierno ni el Congreso, ávido de denunciar y de perseguir responsabilidades, fueron capaces de liderar una cruzada para apoyar a la familia de Joane y poder retirar y expatriar su cuerpo desde el Servicio Médico Legal. 7 meses de abandono, en el peor lugar posible.

La ex vocera hablo de errores de novatos, para referirse a las recientes actuaciones del nuevo Gobierno y al error del Ministro Larraín. Sin duda, el error administrativo puede ser de novato y ellos, con su expertise, demostraron manejar muy bien los resquicios al justificar el viaje de la Presidenta Bachelet a ver el partido en Brasil. Pero cuesta empatizar con una ex vocera que tiene el coraje de criticar este tipo de errores, frente a la inacción absoluta en este y otro tipo de temas (Sename, Deuda Hospitalaria, Sida, etc..) y que hoy el nuevo Gobierno ha enfrentado y sigue enfrentando, a pesar de ciertos errores.

Ojalá que así como existieron muchas columnas sociológicas sobre los pecados de este Gobierno en el viaje de un Ministro a una Universidad de elite y que revelan, probablemente, juicios ciertos sobre ciertas personalidades; se escriban muchas otras sobre las deudas del Gobierno anterior y sobre la supremacía moral que muchas veces la izquierda intenta imponer sobre el resto y que en estos hechos se devela absolutamente injustificada.

Quizás si Joane hubiese ido a Harvard, muchas más columnas se habrían escrito sobre ella y la oposición habría estado más interesada en criticar las circunstancias de su muerte y cuestionar a la incapacidad de este Gobierno por resolver su abandono en el Servicio Médico Legal. Al final, la pobreza y la marginalidad siguen siendo igualmente  invisibles para la derecha y para la izquierda, y sólo los casos icónicos — aquellos marcadamente excepcionales — logran romper la barrera del anonimato y ganarse un espacio en la agenda pública y social.

Perdónanos Joane por la miseria que te hicimos vivir, la muerte que te ocasionamos y la inhumana espera que tu familia debió soportar todos estos meses. De vuelta en tu tierra, que logres descansar en esa paz que nuestro país nunca te pudo dar.

/Escrito por Cristián Valenzuela para La Tercera

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