El Papa mandó a los obispos chilenos “a meditar y orar”

    Antes de ingresar a la cita, el obispo de la diócesis de Rancagua, en el sur de Chile, Alejandro Goic, señaló a los periodistas que, como todos sus colegas, venía a escuchar al Papa “con profunda humildad”.

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    El papa Francisco se reunió ayer por primera vez en el Vaticano con los 34 obispos chilenos para encarar los escándalos sobre abusos sexuales contra menores consumados por el sacerdote Fernando Karadima y los presuntos encubrimientos de miembros del clero, entre otros del obispo Juan Barros.

    Según informó la oficina de prensa de la Santa Sede, la reunión con los  obispos se realizó en la antesala del Aula Pablo VI a las 4 de la tarde. Francisco les entregó a cada uno textos para meditar acerca del tema por el que fueron convocados, ya que “desde este momento y hasta la próxima reunión, se abre un tiempo dedicado exclusivamente a meditar y orar”, el Vaticano señaló en un escueto comunicado sobre el encuentro, que se prolongó por poco más de una hora. Las reuniones de Francisco con los obispos seguirán la tarde de hoy y concluirán mañana con dos encuentros más, confirmó la nota de la Santa Sede.

    Antes de ingresar a la cita, el obispo de la diócesis de Rancagua, en el sur de Chile, Alejandro Goic, señaló a los periodistas que, como todos sus colegas, venía a escuchar al Papa “con profunda humildad”.

    “Estoy seguro de que lo que nos va a decir nos va a ayudar mucho, y en segundo lugar con mucha esperanza en la certeza de que vamos a empezar un tiempo nuevo”, agregó el prelado.

    El objetivo de la reunión “es discernir la responsabilidad de todos y cada uno en esas heridas devastadoras, así como el estudio de los cambios adecuados y duraderos que impidan la repetición de actos siempre reprobables”, había adelantado el pasado sábado un comunicado de prensa del Vaticano.

    Francisco citó a los obispos después de conocer los informes del arzobispo de Malta, Charles Scicluna, a quien envió a Chile en febrero pasado para que investigara la presunta complicidad del obispo Juan Barros y de otros miembros de la Iglesia sobre los abusos sexuales cometidos por Fernando Karadima.