Los movimientos tectónicos responsables de la formación cíclica de supercontinentes a lo largo de millones de años modifican la configuración global de las cuencas oceánicas, las cuales determinan en gran medida la fuerza de las mareas, sugiere un estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters.

Los expertos explican que los supercontinentes se forman sobre la superficie de nuestro planeta con una frecuencia de entre 400 y 450 millones de años. Cuando estas enormes masas terrestres se crean a causa del movimiento de las placas tectónicas, las cuencas oceánicas se abren, disminuyendo de este modo la energía oceánica.

Según los cálculos de los investigadores, en los tiempos de Rodinia y Pangea, los últimos dos supercontinentes, las mareas eran mucho más débiles. Para comprobar si estos cambios suceden de manera cíclica, los científicos modelaron los cambios que sufrirán los oceános en los próximos 250 millones de años como consecuencia de los movimientos tectónicos.

En la cresta de la ola

“Nuestras simulaciones sugieren que en este momento las mareas son inusualmente grandes”, detalló Mattias Green, investigador de la Escuela de Ciencias Oceánicas de la Universidad de Bangor (Reino Unido) y autor principal del estudio.

Actualmente, la Tierra se encuentra en la fase inicial del máximo nivel de energía oceánica, por lo cual las mareas fuertes seguirán presentes durante unos 20 millones de años más. Al cabo de 50 millones de años, la fuerza de las mareas del océano Pacífico y del norte del Atlántico se incrementarán, mientras que el continente asiático se fragmentará, dando lugar a un nuevo océano.

Aguas quietas y desprovistas de vida

Según esta simulación, transcurridos 100 millones de años, Asutralia comenzará a dirigirse hacia el norte en dirección a uno de los fragmentos de Asia, mientras el resto de los continentes comenzará a acercarse entre sí hasta formar un solo bloque de tierra.

El próximo supercontinente comenzará a formarse después de 150 millones de años, mientras la fuerza de la marea disminuirá. Finalmente, dentro de 250 millones de años, habrá una única masa terrestre en el hemisferio norte, mientras que el océano perderá energía y estará prácticamente en reposo.

Los expertos esperan que este estudio ayude a comprender no solo la relación entre el movimiento tectónico y el clima terrestre, sino también la evolución de la vida, ya que un océano quieto y estancado significará un decremento de la cantidad de nutrientes y oxígeno que se mezclan en el agua, por lo cual esa enorme masa acuática prácticamente qudará desprovista de vida.

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