Cuando pienso en la marcha feminista día pienso en la icónica frase de la doctora polo “respete para que lo respeten”. Hoy fui testigo (y victima) de una escena de violencia que si bien, sabía que era algo común en este tipo de manifestaciones, nunca me había tocado presenciarla de primera fuente, por lo que hasta el momento me había querido mantener al margen, pero hoy no.

Cuando pensamos abstractamente en las consignas de se repiten “basta ya de abusos”, “fin al acoso y a la violación”, “abajo la cultura machista”, suenan muy bonitas y hay que estar bien piteado para no estar de acuerdo con ellas. ¿pero que pasa cuando son llevadas al plano practico, en la marcha misma? Vemos cosas como las que ocurrieron hoy, donde grupos de “feministas” (ocupo las cremillas porque quiero asumir que esas personas más que feministas son grupos extremos y que no representan en nada el sentir del movimiento y que no hacen más que deslegitimizarlo) dejan de lado el respeto que tanto piden, demostrando sus verdaderas intenciones.

¿Qué fin puede tener colgarle una mascara a la estatua de San Juan Pablo II mientras un grupo de encapuchadas topless gritan “a la licuadora la tula violadora”? ¿va a cambiar en algo la forma en que se aborda el tema del machismo en la sociedad? ¿tiene algún sentido colgarle un sostén, toallas higiénicas y carteles a la estatua del arzobispo Crescente Errázuriz en el frontis de la universidad? ¿es verdaderamente ésta la forma de luchar por la dignidad de las mujeres y por el respeto de sus derechos?

Yo creí en ese momento que no, por lo que escalé la estatua para limpiarla. Al pararme en lo alto, veo como toda la gente de alrededor me grita cuanta cosa se les pueda ocurrir, lo que me llevó a pensar ¿está mal lo que estoy haciendo? Para cuando bajé no tuve tiempo de seguir pensando porque una ola de escupos, insultos, empujones y patadas de quienes irónicamente de hacen llamar manifestantes pacíficos, me llegaban por todas partes. “que te creí oprimiéndonos, macho reculiado ándate a violar a otra parte” (como si rallar y dañar propiedad privada fuera un derecho) fue una de las frases que alcancé a escuchar antes de que los guardias de casa central me escudaran y me llevaran para adentro. Le agradezco a ellos porque sin su intervención no se hasta dónde hubiera llegado la violencia.

¿Es esto en realidad una marcha pacífica? A mi me quedó claro que no. Sé perfectamente bien que no es la totalidad de los asistentes los que tienen esta mentalidad, pero que el resto mirara (entre ellos mis propios compañeros de universidad a los cuales visibilicé desde lo alto) y subiera historias a Instagram dejando como “heroínas” a las encapuchadas, es algo que me hace volver a pensar en el concepto de cómplices pasivos.

Finalmente, quiero pensar en lo que me dijeron una vez que entré de vuelta a la universidad, “es que usted las provocó”. ¿realmente una provocación hacerles frente a las faltas de respeto y al destrozo del material de la u? (material que de por si va a tener que ser limpiado y reparado por funcionarios de la universidad que nada tienen que ver en el asunto). Yo creo que la verdadera provocación es la que hacen estas encapuchadas, y que erróneamente hemos estado aguantado por mucho tiempo.

/Raimundo Manzur alumno de derecho de la Universidad Católica

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