Estoy muy desilusionada y molesta por la marcha realizada en Santiago por estudiantes universitarias que luchan por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y es una lástima porque el comportamiento ridículamente vulgar y totalmente carente de delicadeza tan propia de la mujer, echa por tierra cualquier argumento al respecto. Estoy totalmente de acuerdo en que es necesario establecer igualdad de derechos sociales y laborales entre hombres y mujeres, también en que el machismo es un pésimo hábito en muchísimos hombres chilenos y que causa gran dolor y sensación de injusticia en nosotras las mujeres. Todo eso es muy cierto, pero si las mujeres queremos igualdad de condiciones y responsabilidades profesionales, debemos demostrar que somos inteligentes y creativas pensando con la cabeza y actuando con seriedad, no importando estúpidas y vulgares protestas feministas españolas que nuestras estudiantes han copiado al pié de la letra. Vergonzoso y patético, ni para expresar nuestras propias opiniones dejamos de seguir como ovejas las consignas marxistas. Una cosa es querer ser consideradas iguales en lo que se puede igualar legítimamente y otra es olvidarse de nuestro ser intrínsecamente femenino que siempre ha llevado el pudor por bandera, sin perder por ello la actividad de nuestras neuronas. Este desfile de mujeres jóvenes encapuchadas y con sus talles al aire sacudiendo sus mamas como si fueran una escuela de samba, no solamente me parece grotesco y ridículo sino además estúpido. Hay mil formas inteligentes para demostrar justamente que somos inteligentes. Esta marcha es la marcha del absurdo. Mujeres gritando no a las violaciones y pidiendo ser respetadas, faltándose tontamente ellas mismas el respeto, desfilando con sus pechos al descubierto y pintando carteles con toallas higiénicas y prendas interiores manchadas de rojo. Mujeres tirando ellas mismas al tacho de la basura lo que siempre ha sido el tesoro más íntimo de una mujer, su naturaleza y su intimidad que es lo que nos hace únicas, irremplazables y diferentes definitivamente a los hombres y justamente, su complemento.
Mujeres denigrándose a sí mismas sin necesidad de un “Yerko” ni de otros personajes groseros y desatinados para hacerlo. Mujeres flagelándose voluntariamente.
En realidad es muy triste y desilusionante lo que ha sucedido pero como somos los reyes de la copia, copiamos todo de todos, sin importarnos si la situación copiada comulga con nuestra idiosincracia o si con ello arrancamos de cuajo todos nuestros valores.
Qué ridículo me parece que estas sean las mismas feministas que califican de acoso un simple piropo, un hecho tan común en los hombres de trabajo de nuestro pueblo para halagar graciosamente a las mujeres. De verdad creo que como país hemos superado negativamente todos los márgenes de anormalidad conductual y aún así, como mujer me siento llena de esperanzas porque cuando se cae al fondo del pozo, no nos queda otra cosa que empezar a subir de nuevo y salir a flote otra vez.
Estoy absolutamente en contra del machismo y su actitud manipuladora que considera a la mujer como si debiéramos pisar un peldaño por debajo de los hombres, pero rechazo esta absurda forma de protesta y a la vez me siento infinitamente orgullosa y feliz de ser mujer y conservar el pudor, la delicadeza y la femineidad que mi madre a quien agradezco, me inculcó con su modelo desde que yo era niña y que conservo íntegramente a pesar de ser ya una mujer madura y por quince veces abuela.
María Elena Astorquiza V.