¿Uno nace o se hace inseguro? ¿Qué acontecimientos de nuestra vida pueden provocarnos inseguridad? Hay maneras de vencerla y evitar que merme nuestra calidad de vida si nos impide tomar decisiones o crea desasosiego. Desgranar qué nos lleva a comportarnos así es el primer paso para superarla.

Todos somos inseguros en algún momento de nuestra vida, sobre todo, si la tarea que vamos a realizar es nueva, o la decisión que vamos a tomar es trascendente. Sin embargo, hay personas que se sienten inseguras todo el tiempo y esto puede alterar su calidad de vida. De hecho, cuando se habla de ‘personas inseguras’ se hace referencia a aquellas que tienen falta confianza en sí mismas, y que ésta se manifiesta como un rasgo de su personalidad. Saber qué provoca este comportamiento, por qué, cómo superarlo y cuándo pedir ayuda a un experto, nos facilitará el camino para vencerla.

¿Soy insegura?

El rasgo más común de una persona con problemas de seguridad en sí misma es la falta de capacidad para tomar decisiones. La vacicilación, el desasosiego, el arrepentimiento, la divagación, el cambio de opinión suele ser común en estos individuos.

Hay otros rasgos que pueden delatar inseguridad. Por ejemplo, “sonrojarse, tartamudear, dudar permanentemente, re-asegurarse, buscar la aprobación de los demás, no dejar ni un cabo suelto…. La evitación también se asocia a personas inseguras. Esto se debe a una mala gestión de dicha inseguridad”, indica el psicólogo Jesús Matos.

Por ejemplo, un inseguro que tiene que exponer un tema ante sus compañeros o ante una audiencia, repasará una y otra vez la materia para evitar dudar o no conocer las respuestas. Pero también puede darse el caso contrario. Es decir, que evite hablar en público. En este caso, “estaríamos ante dos problemas: la propia inseguridad y la mala gestión de su emoción”, alerta Matos.

¿Qué nos vuelve inseguros?

El carácter inseguro suele deberse a una combinación de factores genéticos y ambientales. Y “todo ello tiene que ver con nuestro esquema cognitivo, es decir, nuestras creencias”, indica Matos. Estas se van creando en base a nuestro aprendizaje, lo que percibimos de nuestro entorno y nuestra propia vida.

Por ejemplo, la personalidad insegura es más frecuente entre los niños (y después adultos) que han vivido en relativo aislamiento, así como aquellos que han estado muy protegidos por sus padres. En este último caso, a estos individuos les costará más tomar decisiones porque sus padres, en la mayoría de los casos, las habrán tomado por ellos. Además, los progenitores pueden infundir en ellos sus propias inseguridades así como temores, y los pequeños se sentirán angustiados y llenos de dudas a la hora de tomar una decisión. Esto es algo que arrastrarán en su madurez.

Otras veces, la inseguridad puede proceder de sentimientos o complejos de inferioridad. Por ejemplo, “en una familia en la que se critica o se saca a la luz los defectos o las equivocaciones de algún miembro, hay más probabilidad de que los niños crezcan inseguros”, señala el experto. Ocurre lo mismo en la relaciones de pareja así como entre amigos y compañeros. Si uno de los miembros ejerce un ‘dominio’ sobre el otro y menosprecia, también pueden provocar una baja autoestima y, por lo tanto, más inseguridad.

Las redes sociales, por el contrario, no nos vuelven más inseguros. De hecho, pueden ayudarnos a exponernos a situaciones que, de otro modo, evitaríamos. Sin embargo, también pueden convertirse en un arma de doble filo y pueden alimentar la inseguridad de aquellas personas que ya lo son. De hecho, muchas personas las utilizen para no tener que enfrentarse cara a cara a situaciones o personas, ya que internet les permite expresar sus emociones y sentimientos bajo el anonimato.

¿Falsa seguridad?

Es muy frecuente en nuestra sociedad y seguro que todos conoceremos algún caso en la oficina o en nuestro círculo de amistades. Se trata de personas que se esconden bajo un disfraz de autoconfianza. Esto es debido a que utilizan mecanismos psicológicos de denfensa y se convierten en personas exageradamente seguras, de aspecto autosuficiente y arrogante. Sin embargo, cuando se les conoce en profundidad se descubre que esconden una gran inseguridad.

“El problema es que pueden no ser conscientes de ello. En estos casos, la ansiedad que acompaña a sus gestos puede ser un gesto delatador”, indica Jesús Matos.

¿Se puede vencer?

Por supuesto. Aunque la educación que hemo recibido, sobre todo en la última infancia y adolescencia, marcará nuestro nivel de seguridad, podemos modificar nuestra conducta y volvernos más seguros. Estas son las claves para ello:

No a las conductas de evitación. Excepto aquello que suponga un peligro para nuestra integridad y nuestra vida, debemos afrontar nuestra realidad y todo aquello que nos suceda.

Piensa en positivo. Es muy probable que en nuestro día a día no ocurra ninguna catástrofe y que todo aquello que nos produce inquietud podamos superarlo si evitamos los pensamientos negativos.

Adquirir competencias. ¿Pánico a hablar en público? Aprende a hacerlo. Podemos recurrir a expertos que nos enseñen cuáles son las mejores estrategias para desenvolvernos adecuadamente cuando tengamos que enfrentarnos a un público.

Inundación. Se trata de la exposición a esa situación que genera inseguridad. Esta puede ser drástica o se puede llevar a cabo de forma progresiva. Lo mejor es que busques la ayuda de un profesional.

¿Voy a necesitar un psicólogo?

Si la inseguridad afecta a tu calidad de vida y a tu día a día, es aconsejable consultar con un especialista para que pueda ayudarte. Por un lado, porque la inseguridad puede conducir a la pasividad y a rechazar oportunidades o tareas que comporten responsabilidad y riesgo. También puede crear una fuerte dependencia hacia los demás.

Por otro lado, en ocasiones, la falta de seguridad puede estar relacionada con otros trastornos como la depresión, anorexia y otras enfermedades que es necesario que el especialista valore y diagnostique.

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