Simón Bolívar y Nicolás Maduro (por Rodrigo Acevedo Musto)
Simón Bolívar y Nicolás Maduro (por Rodrigo Acevedo Musto)

“No descansaré hasta romper las cadenas del dominio español en América”
(Simón Bolívar, 1783–1830)
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Y a los 19 años ya estaba guerreando…
Llegó al mundo en Caracas, y lo bautizaron con un nombre imponente: Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, hijo de Juan Vicente –sangre vasca– y de María Concepción –rancia aristocracia de Caracas–. Casados en 1773, los separaba un abismo de edad: él, 47 años; ella, 15…

Simón, cuna de oro. Pero lo esperaban desdichas en serie. A los dos años murió su padre: tuberculosis. Según los médicos, tal vez su hijo sufrió la primo–infección, un tipo de tuberculosis que no se advierte en la juventud (defensas fuertes), pero que en aquellos tiempos no perdonaba: Bolívar murió apenas a los 47 años…

Y tampoco tuvo la guía de su madre: la perdió a los nueve años, y quedó con sus tres hermanos a cargo de su abuelo Feliciano Palacios, también de frágil salud. Su último puerto sanguíneo no pudo ser peor: su tío Carlos Palacios y Blanco, “tosco, de carácter duro y mente estrecha (recordó mucho tiempo después), casi siempre ausente, dejándome en manos de la servidumbre, y obligado a una precaria educación en la Escuela Pública de Caracas”.

Algunos historiadores describieron a Simón Bolívar (él mismo redujo su nombre a esos términos) como “un niño turbulento e indómito“…, pero otros negaron ese carácter, “un invento de ciertos escritores románticos que no concebían que un niño normal se convirtiera en un hombre excepcional“.

Al final, su refugio más seguro fue la pequeña casa de Simón Rodríguez, uno de sus maestros. Pero por poco tiempo… Debía compartirla con veinte almas que lo sofocaban, de modo que huía espantado, y volvía por orden de algún juez. Destino de niño vagabundo…

Simón Bolívar fue uno de los mas grandes libertadores de Sudamérica aunque casi no había tenido instrucción militar.

Simón Bolívar fue uno de los mas grandes libertadores de Sudamérica aunque casi no había tenido instrucción militar.

A los 16 años lo mandaron a España para que terminara sus estudios. Pero la Madrid de 1800 lo deslumbró, y en una de sus correrías nocturnas conoció a María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, y dos años después se casó con ella, dos años mayor que él.

Otro golpe: antes de cumplir el segundo aniversario de casados, ella murió de “fiebres malignas”: posiblemente la amarilla, o el paludismo.
Esa muerte lo quebró profundamente. Tanto, que juró no volverse a casar jamás. Y cumplió. Manuela Sáenz de Vergara, su amante, no logró llevarlo al altar.

Vagando por París se encontró con su viejo maestro Simón Rodríguez, que timoneó la tristeza de su discípulo con un consejo que fue el primer paso de su gran destino:

–El dolor te está llevando a la política y a la causa por la libertad de tu patria. No dejes de oírlo.

/Escrito por Alfredo Serra para Infobae

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