El 2020 ha sido un año muy sui generis, por decir lo menos. Desde pensar en la posibilidad de una tercera guerra mundial y observar la erupción al unísono de más de ocho volcanes del cinturón de fuego del pacífico, hasta la pandemia de Covid-19, el año 2020 no nos dejó de sorprender. La pérdida humana y de actividad económica ha sido muy significativa y triste. No obstante lo anterior, hay mucha expectación de que el próximo año sea mucho mejor que el 2020 y vaya que hay razones.

Para empezar, el mundo entero espera en algún momento poder volver a salir a las calles sin cubrebocas y sin pensar que saludar al vecino o preguntar algo en alguna tienda, puede mandarlo al hospital. Muchos esperan con ansiedad poder volver a viajar. Los jóvenes esperan poder volver a socializar con sus amigos en bares, antros y discotecas. Muchos niños anhelan regresar a la escuela y poder socializar con sus compañeros y experimentar la dinámica de una clase presencial. Otros añoramos poder ver de vuelta a nuestros padres con regularidad y poderlos abrazar muy fuerte. Muchos esperamos regresar a convivir con nuestros colegas y compañeros tanto en el día a día, como en las reuniones y juntas, de manera física. Poder observar de nuevo las reacciones ante alguna idea nueva o algún debate.

Muchas parejas no pierden la esperanza de poder unir sus vidas de manera pública y celebrar con familiares y amigos su enlace. Los atletas de alto rendimiento tienen el deseo ferviente de poder participar en las competencias para las cuáles se han preparado tanto, como las olimpiadas o algún maratón, en donde no se sabe todavía si se podrán llevar a cabo o simplemente se cancelarán, como muchos otros eventos. Otros esperan que se regularicen sus ventas, sobre todos quienes dependen tanto de la presencia física o quienes dependen de la ‘normalidad’ de antes. Otros añoran simplemente poder trabajar y tener un ingreso, porque ya sea por la pandemia o por el ajuste estructural de muchas empresas y negocios, han quedado fuera de la fuerza laboral.

Estoy seguro de que en esta ocasión, a la hora de desear “Feliz Año Nuevo”, este breve mensaje tendrá un significado mucho más profundo que en años anteriores, sin importar que lo hagamos de manera impresa en una tarjeta, vía remota por teléfono, en una video llamada o simplemente en un texto que expresemos en redes sociales. Asimismo, estoy seguro de que salvo en algunos casos, habrá una firme creencia de que este deseo se va cumplir. Es decir, que existe la firme creencia de que 2021 no solo va a ser mejor, sino que tiene que ser mejor que el 2020. Claramente es factible que así sea. La ‘luz al final del túnel’ que ofrecen los más de 50 desarrollos de las vacunas, reconocidos por la Organización Mundial de la Salud, brindan esperanza de que en algún momento y de alguna manera, vuelva la normalidad.

No obstante lo anterior, considero que la mayoría de estos anhelos no podrán cumplirse hasta la segunda mitad del año que entra, al menos. Los procesos de aprobación, producción en masa, distribución y administración de las vacunas que muestren altos porcentajes de inmunización y bajos efectos secundarios, van a tardar en llevarse a cabo. Así, es muy factible que el tránsito hacia la normalidad o al menos hacia lo que ahora llamamos “nueva normalidad’, será gradual y tomará varios meses. En este sentido, considero que hay tres aspectos que harán más llevadera esta espera: (1) A diferencia del 2020, vivir bajo las políticas de confinamiento y distanciamiento social, ya no será una desagradable sorpresa (al menos); (2) una parte importante de la sociedad ha aprendido efectivamente a coexistir con el Covid, sobre todo al observar el uso de cubreboca, ‘sana distancia’ y el lavado de manos profundo y frecuente; y por último (3) una gran cantidad de personas han podido adaptar sus actividades personales y profesionales a las circunstancias y restricciones que impone la pandemia.

Por el lado del crecimiento económico, anticipo que las tasas de crecimiento trimestral del PIB en la primera mitad del año sean bajas, sobre todo porque en la segunda mitad de 2020 ya ocurrió parte de la reactivación. Así, en el equipo de análisis económico del Grupo Financiero Banorte -que tengo el honor de dirigir-, anticipamos que el PIB crezca 0.8 por ciento en 1T21 y 0.7 por ciento en 2T21, a tasa trimestral. Sin embargo, una vez que una buena parte de la población se encuentre inmunizada -probablemente en la segunda mitad del año-, considero que será factible que la población en general lleve a cabo una gran cantidad de actividades que tuvieron que ser pospuestas o canceladas en 2020. Desde visitas familiares, viajes de negocio o de placer, hasta bodas y otro tipo de eventos, impulsarán el crecimiento del PIB en la segunda mitad del año (3T21: 1.0 por ciento; 4T21: 0.6 por ciento), llevando al nivel de actividad económica a crecer 4.1 por ciento en todo el año 2021 (consenso: 3.5 por ciento).

Aprovecho para desear a los amables lectores de esta columna, así como al gran equipo de El Financiero y a mis familiares y amigos, unas fiestas decembrinas llenas de felicidad y reflexión personal y un 2021 con mucha esperanza y llena de éxitos personales y profesionales.

/Escrito por Gabriel Casillas para El Financiero

* El autor es director general adjunto de Análisis Económico y Relación con Inversionistas de Grupo Financiero Banorte y presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF.

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