A propósito de una nueva celebración del Día Internacional de la Mujer, leyendo los diarios, viendo las redes sociales, yo siento que en lo referente a las demandas de las mujeres las cosas se están confundiendo un poco. Hay un pequeño porcentaje que está logrando que se instale el tema de la igualdad de género como una “lucha de género”, como una “guerra de sexos”, utilizando la confrontación con el hombre como estrategia de batalla. Esto trae como consecuencia que las mujeres que buscan legítimamente respeto e igualdad de oportunidades, sin perder su condición de seres únicos, diferentes en todo, se estén viendo llevadas por una verdadera corriente a la que ya casi es imposible no subirse, aunque esa corriente lleve muchas cosas que no comparten, como que “los hombres y las mujeres somos iguales”, por ejemplo.

De hecho, estamos llegando al punto en que ser machista es abominable -cosa que comparto-, pero ser feminista es bien visto. Es más, en el diccionario aparece machismo con una connotación negativa y feminismo con una positiva. Curioso, por decir lo menos. Esas mismas feministas son las que aceptan que no les cobren para entrar a una discoteca. Claro, ahí sí somos diferentes; que paguen los hombres no más. O permiten que la ley les dé preferencia a la hora de quedarse con los hijos luego del divorcio.

A lo largo de la historia las mujeres han debido luchar, incluso hasta la muerte, por alcanzar iguales derechos que el hombre. Hoy, gracias a esas valientes, han quedado atrás los tiempos nefastos en que no tenían derecho a voto o no podían entrar a la universidad. Eso es muy valorable. La distorsión se produce cuando ya no se lucha por igualdad de oportunidades, sino por prevalecer anulando al otro, y se empiezan a instalar cuotas obligatorias de participación en el Congreso o en los ministerios, lo que no es otra cosa que reconocer inferioridad de méritos propios. Lo que están haciendo esas guerreras del género, que, insisto, son un pequeño porcentaje que vocifera mucho, es pagar con la misma moneda. Tú me maltratas, yo te maltrato. Están actuando desde el odio, no desde el amor. Yo reivindico hoy a la mujer que, sabiéndose diferente al hombre, exige -porque merece- igualdad de oportunidades para desarrollar todas sus potencialidades, sin recurrir a leyes artificiosas que lo único que hacen es degradarla. Esa mujer me gusta. A esa mujer admiro. Y esa mujer es la inmensa mayoría; por eso le cantamos, le pintamos cuadros, le hacemos esculturas y nos quitan el sueño.

Carta de Alberto Plaza, Cantautor, al diario El Mercurio

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