España e Italia culminaron la semana recién pasada varios días de altísimo voltaje político. El Congreso español aprobó por 180 votos afirmativos una moción de censura que significó la destitución de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno desde 2011, y la investidura de Pedro Sánchez en su lugar. Casi al mismo tiempo, Sergio Mattarella, jefe del Estado italiano, le tomaba juramento a Giuseppe Conte (foto) como primer ministro, inaugurando la incierta experiencia de una alianza antisistema en el poder.

Los parecidos entre estos dos países son inocultables, y no sólo por sus cercanas raíces culturales. Italia es la cuarta economía de Europa, con un PIB de 1.9 billones de dólares, y es la cuarta nación más poblada, con 60.5 millones de personas. España está quinta en ambas categorías, con un PIB de 1.3 billones y 46.5 millones de habitantes. Pero cuando se mira el Índice de Desarrollo Humano, ninguno de los dos entra entre los primeros diez: uno está 13º y el otro 14º.

Políticamente, también hay similitudes importantes. Ambos están marcados por un pasado autoritario. Italia, por el fascismo de Benito Mussolini, que gobernó entre 1922 y 1945. España, por el franquismo, que duró bastante más, desde 1936 hasta la muerte del dictador Francisco Franco, en 1975.

España, un país trabado desde 2015

Hasta las elecciones generales de 2011, España tenía un sistema político estable, con un bipartidismo que funcionaba. El Partido Socialista (PSOE) y el Partido Popular (PP) se repartían cerca de la totalidad de las bancas en el Parlamento, y el que obtenía la mayoría ponía al presidente y al gabinete.

Pero el sistema se desmoronó, arrastrado por la crisis económica, la corrupción y las promesas incumplidas. Como resultado, el juego que antes era de a dos pasó a ser de a cuatro, con el surgimiento de Podemos, que le robó muchos votos al PSOE, y de Ciudadanos, que le quitó al PP.

Socialistas y populares son percibidos como culpables de no haber sabido gestionar adecuadamente los asuntos públicos y de haber tomado decisiones contraproducentes para el progreso del país, lastrando así la recuperación económica tras la crisis. La ley del suelo, que ha favorecido la especulación urbanística y la burbuja inmobiliaria; la reforma laboral, que ha abaratado el despido y fomentado la firma de contratos precarios; y los paquetes de ajuste, son responsabilidad compartida del PSOE y del PP”, sostuvo Miguel Ángel Giménez Martínez, investigador del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid, consultado por Infobae.

Giuseppe Conte, primer ministro de Italia (Reuters)

Giuseppe Conte, primer ministro de Italia (Reuters)

Rajoy, que había ganado cómodo en 2011, volvió a ser el más votado en 2015, pero muy lejos de la mayoría necesaria para gobernar. A pesar de sus intentos, no fue capaz de construir una alianza con el resto de las fuerzas políticas. Sánchez, que había salido segundo —aunque con la peor elección del PSOE desde 1976—, tampoco fue capaz de reunir los apoyos suficientes.

Ante la imposibilidad de formar gobierno, fue necesario repetir los comicios generales en 2016. Sirvió de poco. El PP salió nuevamente primero, pero siguió lejos del número necesario para seguir gobernando. Tras meses en los que continuó la misma sucesión de fallidos, el PSOE resolvió abstenerse, permitiendo la asunción de Rajoy a pesar de no alcanzar la mayoría de las bancas. En repudio a esa decisión, Sánchez presentó su renuncia a la secretaría general del partido.

“Rajoy fue investido en 2016 como presidente gracias al apoyo de Ciudadanos y, sobre todo, a la abstención forzada del PSOE. Con ello en mente, no es de extrañar que durante este tiempo hayan existido dificultades notables para aprobar leyes concretas impulsadas por el PP. Una moción de censura no era algo descabellado. Sobre todo, por dos razones: la grave crisis del modelo territorial que atraviesa España, donde el Gobierno central ha tenido que intervenir la autonomía de Cataluña; y los innumerables casos de corrupción que directamente salpican al PP”, dijo a Infobae José Rama Caamaño, investigador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid.

Italia, el país de los gobiernos efímeros

La crisis en Italia es mucho más profunda, porque la fragilidad se convirtió en un rasgo estructural del Poder Ejecutivo. El dato más elocuente es que en los últimos diez años el país tuvo seis primer ministros diferentes: Berlusconi (2008 – 2011), Mario Monti (2011 – 2013), Enrico Letta (2013 – 2014), Matteo Renzi (2014 – 2016), Paolo Gentiloni (2016 – 2018) y ahora Giuseppe Conte. El mandato promedio no supera los dos años.

No ocurre nada parecido en ninguno de los otros países más grandes de Europa. En el mismo período, Alemania tuvo una sola canciller, Angela Merkel. Holanda y Suecia, dos primer ministros. Francia, Reino Unido, España y Austria, tres mandatarios. Los que más se le acercan son Bélgica y Polonia, con cuatro.

Pero lo de la última década no es tampoco algo nuevo. “Decir que la crisis de gobierno en Italia se limita al último período sería erróneo“, dijo Massimiliano Andretta, profesor de ciencia política en la Universidad de Pisa, en diálogo con Infobae. “La llamada Primera República (1948-1992) se caracterizó por mandatos con un promedio de duración apenas superior a un año. Hubo una mejora entre 1994 y 2006 gracias a un sistema electoral más mayoritario, y por el viraje hacia un sistema de partidos bipolar, aunque seguía siendo fragmentado”.

El líder del Movimiento Cinco Estrellas, Luigi Di Maio (Reuters)

El líder del Movimiento Cinco Estrellas, Luigi Di Maio (Reuters)

La crisis se agravó tras los comicios del 4 de marzo pasado, que terminaron de enterrar a lo que quedaba de los partidos tradicionales y consagraron a fuerzas nuevas, que cuestionan el orden político vigente de manera radical. Los resultados golpearon especialmente al Partido Democrático (PD) de Renzi y Gentiloni, último estandarte del statu quo institucional y de la integración europea, que sumó apenas 18.7% de los votos.

“Una de las razones es el fracaso del PD durante el gobierno de Renzi en aprovechar la oportunidad de emerger como una fuerza dominante. Estuvo muy dividido internamente entre aquellos que lo querían empujar hacia la izquierda y quienes, como Renzi, pretendían ir al centro. Como muchos otros partidos de izquierda en Europa, no está pudiendo convencer a los votantes de que tiene una respuesta ante los desafíos que supone tener una economía muy interdependiente del resto del continente y del mundo, y ante las consecuencias de la inmigración”, dijo a Infobae Vincent Della Sala, profesor del Departamento de Sociología e Investigación Social de la Universidad de Trento.

Con un 32.7% de los votos, el gran ganador de las últimas elecciones fue el Movimiento 5 Estrellas (M5S), de Luigi Di Maio, una improvisada fuerza antisistema, ideológicamente inclasificable. El otro vencedor, con 17.4%, fue la Liga Norte, de Matteo Salvini. También es antisistema, pero de extrema derecha. Se había presentado en alianza con Forza Italia, de Berlusconi —que obtuvo un 14%—, pero al haberlo superado decidió romper y empezó a coquetear con la posibilidad de liderar un gobierno propio.

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