En la columna “Clotario Blest, un legado complejo”, José Manuel Castro cuestiona el homenaje que el Ministerio del Trabajo hizo a este personaje en el aniversario de su muerte, en el que fueron destacados su apertura, espíritu unitario y capacidad de diálogo.

El origen del cuestionamiento estaría en las ideologías y en ciertas figuras con las que comulgó Blest en algunas épocas de su vida, como Luis Emilio Recabarren o el “Che” Guevara, entre otros.

Lo anterior es cierto. Como también lo es que de haber sido contemporáneo, nos habríamos encontrado en muchas áreas en trincheras ideológicamente opuestas.

La pregunta de fondo es: ¿no se puede reconocer en un contrario una actitud de amor a la patria y de lucha por la justicia social? ¿Tiene algún sector político o social el monopolio del patriotismo y la lucha honesta por el bien común? Yo creo que no.

Por esto, a pesar de nuestras diferencias, en Clotario Blest reconozco su profundo humanismo cristiano y su compromiso intransable con sus ideales. También su humildad en corregir los medios con los que daba su lucha, cuando estos dejaban de representarlo. Un ejemplo de aquello fue su temprano alejamiento del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, después de haber participado en su fundación, cuando derivó en formas que no compartía. En 1978 afirmó en la Revista Análisis: “No aceptamos la violencia como sistema de lucha (…) La experiencia me ha enseñado que los sistemas de no violencia son mucho más eficaces para ganar las batallas por la libertad, la justicia y la fraternidad”.

Don Clotario en su vida no perdió una gota de sensibilidad por el mundo sindical. Hasta el final honró aquello que él mismo decía: “Solo la unidad nos hace invencibles”. Eso es precisamente lo que homenajeamos y a lo que apelo como ministro: a que sepamos avanzar como país sobre la base de la unidad y del diálogo.

Tendremos que discutir asuntos relevantes en materia laboral y previsional y no podemos hacerlo con el acento puesto en lo que nos separa. Todo lo contrario: tenemos que trabajar partiendo de aquello que nos une, tendiendo puentes ahí donde pareciera que un inmenso mar nos distancia y reconociendo en el otro la verdad que late en él.

/Carta al diario El Mercurio de Nicolás Monckeberg Díaz
Ministro del Trabajo y Previsión Social

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