Natalia González: Reforma Tributaria, sin ideologías

    Al Chile real, que emprende a diario y trabaja duro para un mayor bienestar le interesa contar con un sistema tributario infinitamente más simple, mucho menos costoso, que otorgue mayores certezas, que elimine las discrecionalidades y que promueva con convicción la inversión y el emprendimiento

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    La discusión sobre el contenido específico de la reforma tributaria ha tomado fuerza tras la cuenta pública del Presidente Sebastián Piñera. En ella, el mandatario destacó la necesidad de contar con un sistema tributario más simple y justo, que estimule el crecimiento, el empleo, la inversión y el emprendimiento, sin arbitrariedades y que brinde certeza jurídica. Sin embargo, anticipó que mantendrá constante la tasa del impuesto corporativo, sin que ésta confluya hacia a los niveles promedio de la OCDE (más bajos) dada la compleja situación fiscal. Las magras cuentas fiscales y la importante agenda social, obligan a la actual administración a desviar un tanto el rumbo trazado.

    Pero más allá de la explicación sobre la realidad fiscal, la renuncia anticipada a promover una rebaja del impuesto corporativo es una clara señal política en búsqueda de consensos. El gobierno entrega una de sus aspiraciones, intentando despejar, al menos parcialmente, el camino político que recorrerá la reforma tributaria. Lo que no es tan claro es cuál será la postura de la oposición ante esta señal, pues parece que ésta siempre encuentra explicaciones para mantenerse inflexible.

    La jugada es entonces compleja, pues no cabe duda que la renuncia a promover una rebaja de impuestos, por más plausible que sean los fundamentos, deja a nuestro país en una peor posición como plataforma de inversiones, sin que aparezca, por otro lado, que se alcanzarán los consensos esperados en torno a la importancia de la inversión y el ahorro, pilares del crecimiento sostenido. Recordemos que sin crecimiento, los aumentos de impuestos no producen una mayor recaudación, necesaria para sostener el gasto social y favorecer a quienes más lo necesitan. Sin crecimiento, se complejiza el acceso al empleo y se deteriora la distribución del ingreso. Por defender su legado (complejo sistema semi-integrado y renta atribuida), es posible que la oposición continúe moviendo la quilla en una dirección distinta, ante lo cual el gobierno no debe cejar, aún cuando se confronten duramente las posiciones en el Congreso.

    Por cierto, la oposición puede insistir todo lo que quiera en la reforma tributaria que aprobó el gobierno anterior, pero en lo medular y más allá de quienes la redactaron, hoy son pocos quienes la defienden. La oposición también puede insistir en los lenguajes confrontacionales y virulentos de la discusión anterior, polarizando el debate, con la diferencia que hacerlo ahora, conociendo el costo electoral de ese camino, sería un salto al vacío. Al Chile real, que emprende a diario y trabaja duro para un mayor bienestar le interesa contar con un sistema tributario infinitamente más simple, mucho menos costoso, que otorgue mayores certezas, que elimine las discrecionalidades y que promueva con convicción la inversión y el emprendimiento, pues redunda en beneficio de todos. Participar en este debate, sin prestar atención a aquello por cuestiones de ideología, es no haber aprendido la lección.

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