Si el objetivo es eliminar la amenaza de las armas nucleares de Corea del Norte, las pláticas entre Donald Trump y Kim Jong Un están condenadas antes de empezar.

No hay nada inherentemente malo en negociar con Corea del Norte, pero parece que el gobierno de Trump ha encontrado una vía de negociación que maximiza los beneficios potenciales para los norcoreanos y minimiza los beneficios para Estados Unidos y sus aliados. Estados Unidos de por sí estaba en desventaja en sus tratos con Corea del Norte porque el gobierno de Trump no tiene una estrategia coherente para lidiar con ellos, mientras que los líderes norcoreanos tienen una estrategia extremadamente inteligente en lo que respecta a Estados Unidos.

Desde el primer día de las pláticas entre Kim y Trump, Estados Unidos le habrá dado a Corea del Norte la legitimidad que su gobierno ha buscado desde hace décadas, la reducción de las tensiones y la señal de que está dispuesto a terminar con el estado de guerra en la península de Corea… a cambio de muy poco.

Desde la perspectiva de Corea del Norte, la legitimidad que aporta una reunión de su dirigencia con un presidente de Estados Unidos y la negociación constante como iguales son grandes logros. Ahora que ha establecido un disuasorio nuclear creíble, Corea del Norte tiene incentivos para reducir las tensiones en la región siempre y cuando el régimen de Kim conserve el control absoluto dentro del país y se apoye en la influencia de las armas nucleares a nivel internacional.

Por esa razón, la serie de medidas que Corea del Norte ha anunciado y probablemente negociará (incluidas la línea telefónica directa entre los líderes de Corea del Norte y Corea del Sur; la suspensión de las pruebas nucleares y de misiles de largo alcance, y tal vez algunas inspecciones preliminares del Organismo Internacional de Energía Atómica) aumentan su confianza y tienen un gran sentido estratégico para ellos.

Como los líderes de Corea del Norte consideran que las armas nucleares son la principal estrategia de supervivencia de su régimen, no las cederán a menos que el costo de conservarlas supere al costo de cederlas. La única forma de llegar a esta conclusión será si creen que Estados Unidos usará su fuerza militar para derrocar a su gobierno o que China va a aislarlos completamente del comercio y la ayuda humanitaria si no ceden sus armas nucleares.

Ninguno de estos escenarios es posible. Estados Unidos no atacará porque la única forma de asegurar el dominio bélico sobre Corea del Norte es prepararse para emprender una guerra total y aceptar cientos de miles —si no es que millones— de bajas. No hay una estrategia militar que no le cause grandes perjuicios a Estados Unidos y todo el mundo lo sabe. Así, Corea del Norte tiene la ventaja.

China no presionará a Corea del Norte al punto del colapso del régimen porque el gobierno chino ya decidió que prefiere tener en sus fronteras a una Corea del Norte con armas nucleares y semihostil que una Corea unificada, aliada con Estados Unidos. China está muy dispuesta a presionar a Corea del Norte, pero no al grado de que Kim tenga que elegir entre ceder sus armas nucleares y quedarse en el poder.

Las sanciones están afectando definitivamente a Corea del Norte, pero el gobierno norcoreano está apostando a que China se asegurará de que las sanciones no sean tan gravosas que desestabilicen al régimen norcoreano.

En vista de estas realidades estratégicas, las negociaciones entre Kim y Trump serán una gran oportunidad para tomar fotos y ciertamente desembocarán en algunas medidas benevolentes y para desarrollar confianza. Trump seguirá tuiteando sobre los avances obtenidos y no estará del todo equivocado. Si el objetivo de las pláticas es reducir las tensiones en la península de Corea, tendrán éxito, pero hay desventajas.

Cuando quede claro que Corea del Norte no tiene intenciones de ceder sus armas nucleares, Estados Unidos tendrá que elegir entre aceptar a Corea del Norte como Estado con armas nucleares y trabajar para contenerlo como pasó con la Unión Soviética; declarar la guerra para derrocar al régimen norcoreano y eliminar la amenaza nuclear, o presionar más a Corea del Norte para empezar otra ronda de negociaciones que, en el mejor de los casos, terminará en el mismo estancamiento en el que está hoy.

/Columna de Jamie Metzl para Expansión

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