La mañana del día miércoles un conductor de Uber, al intentar fugarse de un control policial, recibió el disparo de un carabinero. Como se aprecia en un video, el chofer desobedeció la autoridad policial que le realizó varias advertencias con pistola en mano. A pesar de ello, intentó huir –incluso pasando a llevar a quien realizaba el control–, recibiendo dos disparos. El carabinero resultó con lesiones leves y el conductor está herido, pero fuera de riesgo vital.

Analizando la situación en frio, es fácil concluir que quizás el carabinero podría haber intentado otras medidas que no implicaran lesionar al conductor (como disparar a los neumáticos, por ejemplo). Pero hay que estar en su lugar, con alguien “tirando” un auto encima. Con todo, sería absurdo que aquello nos llevara a obviar que la situación es sobre un intento de fuga.

Sin importar la necesidad de regulación de plataformas electrónicas como Uber, lo que se pide a un carabinero es que siga las leyes. No les toca a ellos realizar un juicio para aplicar la ley sino que poner a disposición de la autoridad competente o iniciar el proceso por el cual puede reclamarse ante un juez.

Es probable que luego de este hecho se revisen los protocolos judiciales, lo que siempre es bueno, pero también hay un problema en que hoy exista tanto desprestigio de la autoridad.

Sea el origen de aquello las crisis de las distintas instituciones tradicionales o el escándalo de malversación de fondos que han protagonizado los mismos carabineros, las consecuencias que tiene para la convivencia social son innegables pues, al final, resulta dañada la aplicación de las leyes que buscan conseguirla.

La corrupción de carabineros ha ser investigada y castigada con las penas que merezcan dichos delitos, pero también debemos preocuparnos, como sociedad, de reconstruir el respeto a una institución que –entre muchas otras– es fundamental para nuestra vida en sociedad. De lo contario, habremos saneado en lo económico y castigado a los delincuentes que robaron dinero de todos los chilenos, pero sin conseguir una policía más eficiente.

/Escrito por Antonio Correa para La Tercera

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