La población del Gran Santiago ha experimentado un envejecimiento constante desde 2008, ya que el promedio de edad de la población se ha incrementado en tres años, pasando de 34 a 37 años en promedio.

Esa es una de las primeras conclusiones del análisis realizado por el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, en base a los datos de la encuesta de ocupación y desocupación de marzo pasado sobre el envejecimiento del mercado laboral en la zona.

En este contexto, el documento muestra que el promedio de edad de las personas ocupadas, o sea, de quienes tienen un trabajo pasó de 40 a 43 años, mientras que los desocupados, es decir, personas desempleadas buscando trabajo, pasaron de tener 34 años a 37 años en promedio.

Estos cambios demográficos de la población se traspasan prácticamente uno a uno al mercado laboral. “Este hecho no responde a una lógica natural, pues se podría esperar que ciertas dinámicas propias del mercado laboral determinen que los ocupados y desocupados experimenten trayectorias diferentes de envejecimiento”, dice el análisis.

No se jubilan

El envejecimiento del mercado laboral, en el Gran Santiago, también se puede observar en aquellas personas mayores que, teniendo la edad para jubilar (60 años en las mujeres y 65 años en el caso de los hombres), no lo hacen y deciden postergar su edad de retiro.

El estudio revela que si en 2008, 6 de cada 100 personas que podrían haber estado jubiladas continúan trabajando, hoy en ese número llega a 12 personas.

Lo anterior muestra que, en los últimos 10 años, se han duplicado las personas mayores que deciden seguir postergando su edad laboral, alcanzando el 12%.

Frente a esto, el análisis del Centro de Microdatos revela que en 2008, 8 de cada 100 personas que estaban en edad de jubilar, se encontraban desocupadas o buscando trabajo. Actualmente esa cifra es de 13 de cada 100, es decir, el 13%.

“La población en general está envejeciendo y el mismo fenómeno se constata en el mercado laboral, que envejece impulsado por el crecimiento de adultos mayores entre los ocupados y desocupados”, dice el texto. En él, se agrega que “esto se debe a que las personas en edad de jubilar no lo están haciendo en las edades correspondientes, pues están extendiendo sus vidas laborales, ya sea para ocupar puestos laborales, como para buscar puestos de trabajos a más edad”.

En este contexto, el análisis concluye que el envejecimiento de quienes forman parte del mercado laboral no solo responde al envejecimiento generalizado de la población, sino también al sistema previsional que no está fijando los incentivos adecuados para que los adultos mayores pasen a la inactividad laboral.

Envejece la población. Hace diez años, por cada 100 habitantes del Gran Santiago 14 eran adultos mayores. Actualmente la proporción es más alta: por cada 100 habitantes 19 son adultos mayores (19%).

Esta mismas dinámicas se presenta en el mercado del trabajo. Si en 2008 por cada 100 desocupados 5 eran adultos mayores, hoy esa cifra subió a 7 adultos mayores.

“Si bien este resultado podría ser catalogado como evidencia de que la presencia de adultos mayores dentro del grupo de desocupados es más bien menor, se debe considerar también que, probablemente, muchas personas no son clasificadas como desempleadas, simplemente porque dejan de buscar empleo”, señala el estudio.

Al mismo tiempo, el texto sostiene que esta situación se puede deber a diferentes factores, entre ellos, la dificultad para encontrar trabajo que afecta a los adultos mayores, puesto que podrían enfrentar mayor discriminación debido a su edad.

Por último, el estudio muestra que en diez años la proporción de adultos mayores sobre los ocupados pasó de 9 individuos que tenían 60 años o más por cada 100 personas, a 15 adultos mayores por cada 100 ocupados.

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