En la entrevista publicada el día de ayer, Davor Harasic señala que “no solo he estado de acuerdo en las tomas en una oportunidad, sino que en varias”, para agregar más adelante que “el desafío de la Universidad de Chile en pro de su futuro es desarraigar las tomas de la cultura universitaria”.

Creo que es completamente imposible aceptar las tomas en determinadas circunstancias y luego pretender excluirlas como medio permanente de presión o de acción política al interior de las universidades. El problema de las tomas radica, precisamente, en la aceptación de vías de fuerza atendiendo la bondad de los fines perseguidos. Si eso se valida, cualquiera que defendiera una causa justa pasaría a estar autorizado para utilizar vías violentas, como lo son las tomas. En tal escenario, ¿quién podría determinar cuál toma es aceptable y cuál no? ¿Quién podría decidir si la causa que la anima es suficientemente buena como para justificarla? Peor aún si el juicio se hace a partir de los resultados obtenidos con la toma, como lo hace Harasic para justificar la de la Católica el 67, pues si hay que esperar las consecuencias, ¿quién podría condenar una toma ex ante ? De hecho, todas las tomas actuales seguramente terminarán con acuerdos sobre cuestiones razonables, lo que en la lógica del entrevistado debiera llevar a su justificación.

En fin, quien acepta las tomas en determinadas circunstancias debería prepararse a soportarlas en cualquier circunstancia.

/Carta al diario El Mercurio de Juan Enrique Vargas Viancos, Profesor Universidad Diego Portales