En el año 2013 la apertura de la primera fábrica de contenedores refrigerados del hemisferio occidental, Maersk Containers Industry, fue un gran evento en San Antonio, pues contó inclusive con la presencia de los reyes de Dinamarca. Con esta planta se reduciría en un 50% el desempleo en la ciudad, y prometía un auspicioso futuro para los trabajadores. Justificaban los daneses su decisión de ubicarla en Chile debido a la solidez de nuestras instituciones, la posición estratégica del país en las rutas comerciales a nivel mundial y la sostenida política en pro de los tratados de libre comercio.

Hoy, tres años después, su bullado cierre no dejado indiferente a nadie. Los empresarios reclaman con razón por el escaso apoyo a estas industrias pues el principal factor que justifica el cierre de la planta es el escaso desarrollo industrial nacional, que hizo insostenible su permanencia en territorio nacional. Sin embargo lo anterior, no se debe olvidar un factor que no solo encareció los costos de operación de Maersk, sino que le hizo disminuir su producción y perder buena parte de sus eventuales clientes. Precisamente se trata del factor CUT.

Recién el 2015 empezaron a producirse los primeros contenedores, 1500 en una fábrica con capacidad para producir 15.000 al año. Escaseaba la materia prima, y los productores de la región eran incapaces de abastecer a la empresa. Al mismo tiempo surgieron competidores en China, pero si los costos no se elevaban demasiado el negocio seria exitoso, y se podría aumentar el número de trabajadores.

Sin embargo en la CUT pensaban distinto. Pese al poco tiempo de funcionamiento, y con un número importante de pymes que dependían de Maersk, el año 2016 los más de 1.200 trabajadores de la planta, se van a huelga exigiendo mejoras salariales y nuevos beneficios. Evidentemente, las negociaciones son un fracaso, y retoman las labores.

Al año siguiente, en pleno periodo de elecciones, nuevamente hay huelga, con apoyo directo de la Central Unitaria de Trabajadores, presidida por la comunista Bárbara Figueroa. Esta vez el presidente del sindicato y también militante comunista, Alejandro Villatoro, fue quien lideró las demandas sindicales por becas totales de estudio para sus hijos y bonos por producción. Demostrando no conocer sobre la situación de la empresa, el dirigente señalaba a los medios que la empresa generaba recursos económicos y era rentable, por lo que sus nuestros petitorios eran realistas. Por su parte, la multinacional danesa señalaba que manifestaba la mayor voluntad e interés en lograr un acuerdo que asegurase la viabilidad y sostenibilidad del negocio, así como también los puestos de trabajo en San Antonio. Bastante sensato para alguien racional, que entiende que los trabajadores ganan con el éxito de la empresa. La respuesta de los movilizados fue rotunda: quemaron el auto del gerente de Maersk. Nota aparte fue la visita de los candidatos Alejandro Guillier y Marco Henríquez-Ominami quienes acudieron a darle su apoyo a los paralizados.

En abril de 2018, con bastantes dificultades para seguir operando, pues los costos de operación eran demasiado elevados y la productividad baja, la CUT llama otra vez a movilizarse a los trabajadores de Maersk. Con un gobierno de derecha y teniendo bastante visibilidad, la paralización de la empresa supondría un gran golpe mediático. El final lo conocemos: el gerente informó el día 12 de junio a los trabajadores que sería cerrada la fábrica, y que además de las indemnizaciones legales a los trabajadores se les pagarían los sueldos hasta agosto.

Heraldo Muñoz, ex Canciller y actual presidente del PPD exigía por Twitter que respondieran los responsables. Además del gobierno en que participó y que fue incapaz de apoyar una industria local que abasteciese a Maersk de la manera en que se había comprometido, otro responsable sin duda es la CUT.  Curiosamente ahora que la empresa está cerrada nuevamente Bárbara Figueroa invita a los ahora cesantes a movilizarse. Quizás ahora que la única fábrica de Maersk del hemisferio cerró su fábrica llamarán a los desempleados a movilizarse para que sus ex compañeros de trabajo en China, gobernados por el Partido Comunista, recuperen su derecho a la huelga.

Gustavo Alejandro Saldaña Kalember, Estudiante de Derecho de la Universidad de Valparaíso, Consejero de Política Internacional Fundación Economía y Equidad