Jorge Correa Sutil no esperaba un triunfo rápido. Aunque el abogado y exsubsecretario DC estaba convencido de la debilidad de la acusación constitucional en contra del ministro de Salud, Emilio Santelices (foto), presentada por el Frente Amplio a raíz del protocolo para normar la objeción de conciencia institucional en casos de abortos por tres causales -declarado ilegal por Contraloría-, nunca imaginó que se fuera a caer en la primera votación, cuando recién se debatía la cuestión previa.
Aún así, el miércoles 20, mientras los ministros del gobierno de Sebastián Piñera y los parlamentarios de Chile Vamos celebraban con júbilo a un lado de la testera de la Cámara de Diputados el fracaso de la acusación, Correa Sutil se mantuvo impávido. Había evitado al ministro una severa sanción y al gobierno una crisis, pero ahora él era el acusado.

El Tribunal Supremo de la DC analiza un recurso presentado por militantes en su contra por haber aceptado asumir la defensa del ministro Santelices y arriesga la expulsión del partido en el que milita desde hace 46 años. “Asumimos la defensa de un ministro en una causa política, a quien se acusaba políticamente. Eso, sin duda, implica cruzar la frontera”, reconoce. Aquí explica las razones que lo llevaron a tomar el caso.

¿Cómo llegó a asumir la defensa del ministro de Salud, Emilio Santelices?
A fines de mayo me contactó el abogado Sebastián Soto, quien trabaja en La Moneda. Le dije que yo era militante DC, pero que me dejara leer el texto de la acusación. Al hacerlo, llegué a la convicción de que la objeción de conciencia institucional era un tema abierto, cuya discusión debe hacerse en el Congreso. De hecho, ya hay un proyecto de ley en discusión, pero esta acusación lo que buscaba era terminar ese debate sobre la base del castigo a una persona. Eso me pareció ilegítimo. Por eso no dudé en asumir la causa, porque se estaba juzgando la dignidad de un ser humano que no merecía ser castigado para ponerle término a un debate que nos debemos. Eso ocurrió una semana antes de que fuéramos a La Moneda con Jorge Burgos. Estuvimos una semana dándole vuelta a este asunto.

Jorge Burgos dice que lo llamó usted…
Yo llamé a Jorge Burgos inicialmente para tener una opinión política sobre lo que implicaba subirse a la defensa. En esa conversación surgió la posibilidad de que Jorge también se subiera.

Eso quiere decir que sopesaron los efectos políticos que tendría el hecho de que dos reconocidas figuras de la DC asumieran la defensa de un ministro del gobierno de Piñera…

Sin duda. Por eso, como explicó Burgos, se hicieron llamados previos a algunas autoridades de la DC para evaluar el efecto que esto podría tener. Los dos estábamos de acuerdo en que debíamos calibrar los efectos. Jorge hizo los llamados el domingo 3 de junio, el día previo a que aceptáramos.

¿Cruzó la frontera de la lealtad política?

Sí y no. Asumimos la defensa de un ministro en una causa política, a quien se acusaba políticamente. Eso, sin duda, implica cruzar la frontera. Ahora, cuando uno llega a la convicción de que la acusación tenía por objetivo castigar de manera severa a un ser humano con cinco años de ostracismo político y profesional, un castigo que, además, da vuelta el sistema presidencial chileno -por lo que debe estar reservado a casos muy especiales y de mucha gravedad, lo que no se daba en este caso-, y si a eso le sumamos que esta acusación se estaba usando para interrumpir, para amenazar o hacer gravosa una discusión que debíamos tener democráticamente, no siento que haya cruzado ninguna frontera de lealtades, porque mi defensa es una defensa de la dignidad humana, y ese es un valor esencial en la DC y en la Social Democracia. Es una conquista de la civilización en la cual vivimos que las acusaciones, las acciones punitivas del Estado, no se ejercen para cerrar la discusión, eso es un acto de intolerancia. Y yo diría que la tolerancia es un acto esencial de nuestro ideario político. Desde esa perspectiva, sin duda, lo que busqué fue forzar las cosas. Pero no busqué forzar las cosas para llevar a la DC a la derecha, sino para que la DC vuelva a su ideario.

¿Admite que buscó dar una señal política hacia la DC al asumir la defensa de un ministro de Piñera?
Claro que tuve una intención política: la de luchar en contra de la amenaza intolerante en la deliberación política. Hay en grupos de izquierda una intolerancia muy grande. Cuando se trata de causas muy importantes, pareciera que puedes ocupar la sanción a una persona para terminar con un debate legítimo. El que haya o no instituciones privadas que reciben fondos públicos y que puedan alegar objeción de conciencia me parece un debate legítimo, que se debe zanjar en el Congreso.

El gobierno de Piñera ha buscado tender puentes hacia la DC. ¿El hecho de que La Moneda escogiera a dos abogados DC para defender al ministro de Salud tenía ese objetivo? 

Este no era un cargo de gobierno. A veces sentía que las críticas era como si hubiéramos decidido asumir un ministerio o una embajada. La verdad es que esta era una función muy específica respecto de una acusación muy específica. Y en eso uno defiende una causa, no defiende a un gobierno. Sentía que en eso había una exageración muy fuerte.

El presidente de la DC, Fuad Chahín, calificó de imprudente la decisión del gobierno de contratar abogados DC para la defensa del ministro Santelices

Creo que a la DC le hace muy mal aparecer en la prensa solo en razón de las discusiones internas. Si la denuncia que se presentó en mi contra en el Tribunal Supremo de la DC es admitida a trámite, ahí tendré que defenderme y llegará la hora de la polémica al interior de la DC. Pero esa polémica no la quiero yo. Si me encajonan y me llevan a eso, la tendremos, pero yo no la voy a buscar.

Pero la señal política que quiso dar con la defensa de Santelices tensiona aún más a la DC.
Lo que yo buscaba era dar una señal política en favor de la tolerancia y la dignidad humana.

¿No buscaba forzar a la DC a un acercamiento con el gobierno?

Insisto en que si a alguien del Frente Amplio lo acusaran de manera injusta de cometer un acto grave, yo asumiría la defensa pública y política de ese militante del Frente Amplio si con eso estoy defendiendo la tolerancia y la dignidad humana. Yo sé que tengo la imagen de ser un militante del ala derecha de la DC, pero no tendría dudas en esas condiciones de asumir la defensa de esa persona del Frente Amplio, aunque eso tuviera una connotación política enorme.

Burgos renunció a la defensa de Santelices porque pensó que su presencia podría terminar dañando la defensa del ministro de Salud. ¿En algún momento usted evaluó renunciar también?
Sí. Tuve un periodo de reflexión y les agradezco mucho a mis socios del estudio, en especial a Carlos Balbontín, con quienes consulté el tema. Al final opté por llamar a mi defendido, le expuse al ministro que podría estar asumiendo un riesgo por el hecho de que yo asumiera la defensa y le dejé a él la decisión de si yo seguía adelante con el caso. A Santelices le manifesté que yo estaba dispuesto a salir o seguir.

¿Participó del lobby con los parlamentarios de la DC o de la ex Nueva Mayoría para pedir que votaran en contra de la acusación?
No, no lo hice. Cuando me llamaron de La Moneda para que asumiera la defensa les dije, desde el día uno, que iba a estudiar este caso, pero que no estaba dispuesto a hacer lobby. No lo habría hecho jamás.

Usted tiene una extensa trayectoria en la DC, milita desde que tenía 17 años, ha sido subsecretario, presidente del Tribunal Supremo del partido, ¿qué siente cuando algunos dirigentes de la DC decían que estaba buscando que lo echaran de la DC?
Calificar intenciones me parece impropio del PDC. No me gusta. No me parece correcto cuando la gente supone que uno está haciendo las cosas por algo, sin llamarlo para preguntarle por qué las está haciendo. A mí me duele que Nolberto Díaz me lleve al Tribunal Supremo. No por el hecho de que lo haga, él puede tener su posición. Lo que me duele es que a Nolberto lo defendí cuando Augusto Pinochet lo acusó. Nolberto tiene mi teléfono, podría haberme llamado para decirme que pensaba llevarme al Tribunal Supremo y dar espacio para que ambos tuviéramos una conversación franca, creo que eso es lo que nos debemos al interior de un partido. Yo no estoy buscando renunciar a la DC y no pienso renunciar a la DC.

¿No cree que dio un paso que lo dejó al límite de lo que un militante puede hacer?
A juzgar por las críticas que he recibido, pareciera que sí. Hay un sector de la DC que critica fuertemente lo que he hecho, pero espero que, con las explicaciones que he dado, pueda volver a tener con ellos la confianza que siempre he tenido y que me significó que me designaran transversalmente como presidente del Tribunal Supremo de la DC. Creo estar en el núcleo de la ideología DC al haber asumido esta defensa.

¿Nunca pensó en irse de la DC?

Sí, lo pensé. La verdad es que quedé marcando ocupado después de que los partidos de la centroizquierda desestimaron la postulación de Ricardo Lagos y con la baja votación de Carolina Goic. Sentí que no entendía bien a este país. En ese momento también reflexioné salir de la DC, por el poco apoyo que le había dado a la candidatura de Carolina Goic. Esa reflexión la tuve en enero, con más gente, incluyendo a personas que al final se salieron. En marzo ya había tomado la decisión de que quería seguir en la DC, porque siento que hay una pelea que dar. Es la pelea por la deliberación racional, vigorosa, en contra del populismo emocional. Es la pelea por una política que oye y respeta, en contra de la política que es pura descalificación. Es la política que asume que cambiar la realidad requiere inteligencia y acuerdos y no puras consignas morales.

¿Cuál debiera ser el límite de la cooperación de la DC, como partido de oposición, con el gobierno?
Pude ser difícil de entender, pero yo no siento que haya colaborado en nada al éxito del gobierno de Piñera. Tengo la certeza de haber defendido a una persona sobre quien se hacía una acusación específica y a la que se amenazaba con un castigo típicamente penal, como es la inhabilidad para ejercer cualquier función pública por cinco años. Ahora, la DC creo que tiene una disyuntiva muy compleja y difícil. En su rol parlamentario, la oposición no requiere tener una coalición. Pero ya se vislumbran en el horizonte las elecciones de alcaldes y de gobernadores regionales. Y ahí el dilema es muy difícil. Porque o vuelves a una coalición donde eres arroz graneado, como señalaba Mario Fernández, o te quedas en un camino propio o en una coalición muy chica, arriesgando elegir muy pocos alcaldes y gobernadores. Esa situación nos va a llevar a una discusión muy fuerte y trascendente para nuestro futuro. Ahora no necesitamos una coalición, pero muy pronto no podremos seguir viviendo sin una.

Al asumir la defensa del ministro Santelices buscó propinar una derrota al Frente Amplio y empujar a la DC a alejarse de ese bloque…

No. Nunca. Estoy convencido de que esta acusación constitucional era esencialmente un acto de intolerancia. Y en eso sí me pueden decir que tuve interés de marcar un punto político. Si nos vamos a asociar tenemos que hacerlo sobre posiciones claras, una de ellas es la tolerancia. No quiero ver a la DC en la micro de la intolerancia. De eso ya hay suficiente en varios otros partidos y movimientos sociales. Es una micro cuyos pasajeros creen que hacer política es vocear posiciones morales que no se hacen cargo de las complejidades. Es la micro que prefiere el discurso efectista a la política efectiva. La DC no pertenece a esa micro y debe dejarla pasar. Y siento que tengo el legítimo derecho, porque soy un viejo militante de la DC, a tensionar a mi partido, pero no para que no vaya a formar una eventual coalición con el Frente Amplio, sino para exigir que haya un debate tolerante. Si el Frente Amplio está dispuesto a un debate serio, y creo que hay gente como el diputado Gabriel Boric y el alcalde Jorge Sharp dispuestos a hacerlo, a debatir sobre el mérito de las cosas, me parece que la DC debiera estar en ese debate y podría llegar a tener acuerdos electorales e incluso acuerdos políticos. Pero en el debate de las descalificaciones, desde la posición de que ellos son los buenos y todos los demás somos los malos, preferiría que la DC no estuviera. Con esos socios no quiero que esté la DC y ese lenguaje no solo se da en la izquierda. Ese no es el lenguaje de la democracia. Desde ese punto de vista, reconozco que busqué hacer un punto político con la defensa del ministro Santelices. Sí, busqué hacer un punto político por la recuperación de la deliberación racional en la política. Y estoy dispuesto a arriesgarme a la expulsión de la DC si no se entiende lo que estoy planteando. Yo creo que el debilitamiento de la DC en la Nueva Mayoría tuvo algo de esto, de no poner freno a las posiciones más maniqueas, donde solo se hace una posición moral sin mirar la posición efectiva que los hechos tienen.

¿Usted está de acuerdo con el aborto en tres causales?

Sí. Tuve dudas respecto de la tercera causal, en el caso de violación, no en relación a que una mujer violada pueda tener un aborto, sino por cómo iba a acreditarse la violación para que no terminara esto en un aborto libre, del cual no estoy de acuerdo.

¿Entonces, con la defensa de Santelices no buscaba torpedear el derecho de las mujeres al aborto en tres causales?
No estaba en juego el aborto en tres causales. Lo que estaba en juego era cómo se equilibra el derecho de las mujeres con el derecho, también valioso, de la objeción de conciencia. Sabiendo, además, el hecho de que una mujer que llega a un lugar que ha declarado la objeción de conciencia debe ser trasladada de inmediato y a costo de ese hospital a un lugar donde sí la van a atender. Eso está en la ley y para mí fue muy importante al momento de evaluar si aceptaba esa defensa.

Que una institución pueda declararse objetora de conciencia es controvertido. ¿Cree que las instituciones pueden tener ese derecho?
Es una discusión abierta en el mundo. Por lo que entiendo, en Argentina, Francia y algunos estados de Estados Unidos se acepta la objeción de conciencia institucional. La Corte Interamericana de Derecho Humanos no la acepta y ha dicho que las instituciones no tienen conciencia. Si me hubiera tocado votar sobre este tema mientras fui miembro del Tribunal Constitucional, sin duda alguna hubiera votado en contra.

¿Por qué dice que el ministro Santelices no actuó con dolo al momento de dictar el protocolo declarado ilegal por Contraloría?
Ni con dolo ni con culpa. La tesis de que el ministro actuó con negligencia se sostenía en el argumento de que la Contraloría por casi 30 años había planteado que las instituciones que colaboraban con el Estado se publificaban. Revisé los dictámenes de la Contraloría sobre la materia y llegué a la convicción de que no era así. Y hay algo de novedad mayor en este caso, se trataba de regular un derecho que el Tribunal Constitucional había declarado esencial. Sobre eso no había ninguna jurisprudencia de Contraloría. Por más bien que el ministro se hubiera asesorado resultaba muy difícil de prever que la Contraloría rechazaría el protocolo.

¿Por qué sostuvo que la acusación constitucional contra Santelices era injusta?
Era injusta porque no había ninguna forma de probar la culpa o el dolo del ministro; porque no había entidad ni gravedad, se trataba de un problema ya solucionado por la Contraloría -que representa 2.500 decretos y resoluciones al año- y sobre todo porque habiéndose hecho ese pronunciamiento de Contraloría, no había habido ningún ente de salud privado con convenio con el sector público que hubiera sido autorizado a la objeción de conciencia institucional. Es decir, el protocolo había pasado sin producir efecto alguno, sin entorpecer a ninguna mujer que hubiera requerido de un aborto en las tres causales, porque el ministerio no autorizó a ninguna clínica u hospital privado la objeción de conciencia.

Cuesta entender entonces que un grupo de diputados haya presentado la acusación constitucional contra el ministro de Salud cuando la Contraloría había rechazado el reglamento y este había sido retirado; distinto sería si el gobierno hubiera insistido en el mismo.

Ahí se hubiera llegado a la última ratio. Se habló mucho de ese concepto en el debate del miércoles, pero se le define poco. Significa ocupar el instrumento de la acusación como última medida, siempre y cuando los demás instrumentos no hubieran podido operar. Pero aquí operó el primero de todos, el más elemental, que era el trabajo de la Contraloría, en un dictamen, a mi juicio, bastante impredecible y en algunos puntos bastante discutible. Yo no comparto para nada que esto no se pudiera hacer a través de un protocolo.

El gobierno todavía no envía el nuevo reglamento, ¿es efectivo que usted recomendó no presentarlo hasta después de que se zanjara la acusación constitucional como estrategia de la defensa?
No, lo que yo le dije al gobierno es que estaba dispuesto a asumir una defensa en función de los hechos pasados. Mi defensa estaba condicionada a la no presentación de un reglamento que fuera desafiante del dictamen de la Contraloría. Yo no le he recomendado al gobierno cómo debe resolver este tema.

¿Quién pagará sus honorarios como abogado defensor, el gobierno o el ministro?
No lo sé. Espero que me paguen. Hasta ahora, nadie me ha dicho a quién debo enviar la boleta equivalente a un sueldo bruto de un ministro, algo más de nueve millones de pesos.R