¡No afloje alcalde, no afloje! ha sido la reflexión recurrente a raíz de las presiones que se han ejercido, desde diferentes sectores, para que el edil de Santiago revoque su decisión de cerrar el liceo Amunátegui, expulsar a los alumnos instigadores de la “toma” y a los responsables de los destrozos ocurridos en el establecimiento.
Una vez más, estamos en presencia de una autoridad que cumple el mandato ciudadano ejerciendo debidamente sus atribuciones, y de quienes, por aparecer políticamente correctos, quieren que este tipo de 
vandalismos quede impune.
Mis experimentados lectores saben que: “el tiempo y los hechos han demostrado que por el camino de la laxitud y la debilidad se llega muy fácil al descontrol, al abuso y, por supuesto, a la irresponsabilidad”.
Por lo mismo, hace bien el gobierno en esforzarse por demostrar, en sus primeros cien días, que va a cumplir sus compromisos y que tiene la firme voluntad de reestablecer el imperio de la ley dentro de un marco de sana convivencia, donde se respeten las libertades individuales y al mismo tiempo, se asegure la pacifica coexistencia de la diversidad que se da en la sociedad moderna.
¡Ese ha sido el mandato que la mayoría ciudadanía le dio al Presidente, y éste no tiene más opción que cumplir… si verdaderamente está decidido a trascender!
En este sentido no pocos sectores, consientes obviamente de que aún es muy corto el tiempo transcurrido, perciben muy débil la voluntad de honrar los compromisos asumidos y la palabra empeñada en el periodo electoral.
Ésta  semana “por misteriosas circunstancias” esta pluma se enteró de una reunión privada de más de treinta organizaciones de personal en retiro de las fuerzas armadas donde se manifestó explícitamente que: “no se ve, en las actuales autoridades, la voluntad de enfrentar -en derecho y derechamente- la injusta persecución política que sufren militares, de todos los grados, en circunstancias de que se evidencia una actitud distinta con respecto a los causantes de la crisis que vivió el país en los 70”.
Como desde que existen los celulares ya nada es secreto y todo se graba, este inquieto columnista se enteró de que los presentes coincidieron en que el camino era
“fortalecer la unidad y en mantener una acción prudente pero intensa… y en no renunciar a la tarea de constituir una fuerza capaz de dar paz y tranquilidad a la familia militar”.
Como me señaló uno de los participantes de dicho encuentro, y que además es parte de nuestras tertulias semanales: “existe total coincidencia en los uniformados en retiro de que deben fortalecer los enlaces, aunar las fuerzas y ‘comprimir lo más que se pueda el resorte de su causa’ para que unidos se  transformen en un potente zumbido capaz de conseguir acciones realistas y concretas”
Informado de lo anterior, y a propósito del zumbido que se avizora, estas líneas se apresuran en transmitir a sus palaciegos lectores de que no se olviden del viejo refrán que dice…  ¡no pica la abeja a quien en paz la deja!
/Cristián Labbe Galilea