Durante la pasada década, la ciencia ha descubierto miles de planetas fuera del Sistema Solar, y se ha dado cuenta de que los mundos rocosos, templados y, en cierto modo, similares al nuestro, abundan en nuestra galaxia. Pero ese ha sido solo el principio, y los siguientes pasos implican abordar cuestiones mucho más complejas y difíciles. ¿Podría alguno de esos planetas albergar vida? Y si es así, ¿cómo podemos ser capaces de reconocerla?

Ahora, un destacado grupo de astrónomos, biólogos y geólogos se han unido bajo el programa Nexus for Exoplanet System Science, de la NASA, (NExSS) para hacer un balance de lo que sabemos sobre la posibilidad de vida en planetas distantes y sentar las bases para alcanzar la meta en el menor tiempo posible.

El objetivo, según explica Martin Still, especialista en exoplanetas de la agencia espacial norteamericana, es “pasar de teorizar acerca de la vida en otras regiones de nuestra galaxia a una ciencia sólida que finalmente nos dé las respuestas que buscamos a esa pregunta fundamental: ¿Estamos solos?”

En un conjunto de cinco artículos diferentes publicados la semana pasada en la revista Astrobiology, los científicos de NExSS han realizado un inventario de los signos de vida más prometedores, o biofirmas, en los que deberían centrarse las futuras búsquedas. Entre los autores figuran cuatro investigadores del Jet Propulsion Laboratory, que proponen la forma más correcta de interpretar esas biofirmas cuando se detecten en mundos distantes. La principal preocupación del grupo es asegurarse de que la ciencia subyacente sea lo suficientemente sólida como para distinguir un “mundo viviente” de un planeta estéril “disfrazado” con los signos de la vida.

Esta auténtica guía para evaluar datos esperanzadores surge precisamente cuando toda una nueva generación de poderosos telescopios espaciales y terrestres está en pleno desarrollo. El Telescopio Espacial James Webb de la NASA, por ejemplo, será capaz, por primera vez, de caracterizar las atmósferas de algunos de los mundos pequeños y rocosos más esperanzadores. Y también existen planes para que otros observatorios, como el Telescopio Gigante de Magallanes y el Telescopio Extremadamente Grande, ambos en Chile, incluyan en su arsenal sofisticados instrumentos capaces de detectar biofirmas en mundos muy lejos del Sistema Solar.

A través de su trabajo en NExSS, los científicos pretenden identificar con exactitud qué clase de instrumentos se necesitan para que las próximas misiones espaciales sean capaces de identificar vida. La detección de señales atmosféricas de un puñado de planetas potencialmente habitables se producirá, muy probablemente, antes de 2030, aunque determinar si esos planetas albergan realmente alguna forma de vida requerirá de estudios más profundos y detallados.

Dado que, por lo menos en el corto plazo, no podremos visitar esos mundos distantes y recoger muestras para su análisis, la luz recogida por los telescopios será todo lo que tengamos para determinar si la vida ha florecido en ellos o no. Los telescopios, en efecto, son capaces de descomponer la luz que se refleja en un mundo distante para mostrar los tipos de gases de sus atmósferas y sus posibles variaciones estacionales, así como los colores, como el verde, que podrían ser fuertes indicadores de la presencia de vida.

Todas esas biofirmas pueden observarse fácilmente en la Tierra desde el espacio, pero los nuevos planetas que se examinen podrían ser muy diferentes al nuestro. Por ejemplo, la mayor parte de los planetas más prometedores que hemos encontrado hasta ahora orbitan alrededor de estrellas muy frías, que emiten luz en el infrarrojo en lugar de hacerlo en el rango de la luz visible, como el Sol.

¿Cómo sería un «planeta vivo»?

“¿Cómo se vería un planeta vivo? – se pregunta Mary Parenteau, microbióloga del centro de investigación Ames, de la NASA-. Tenemos que estar abiertos a la posibilidad de que la vida pueda surgir en muchos contextos en una galaxia con tantos mundos diferentes, tal vez con vida de color púrpura en lugar de las familiares formas de vida dominadas por el verde en la Tierra, por ejemplo. Es por eso que estamos considerando una amplia gama de biofirmas”.

Los investigadores afirman que el oxígeno, el gas producido por organismos fotosintéticos en la Tierra, sigue siendo la biofirma más prometedora también en otros lugares, pero no es infalible. De hecho, ciertos procesos no biológicos también son capaces de generar oxígeno. Y al contrario, un planeta que carezca de niveles detectables de oxígeno bien podría estar vivo, que fue exactamente el caso de la Tierra antes de la acumulación global de oxígeno en la atmósfera.

“En la Tierra primitiva -explica Victoria Meadows, astrónoma de la Universidad de Washington y autora principal de uno de los artículos- no habríamos sido capaces de detectar oxígeno, a pesar de que albergaba abundantes formas de vida. El oxígeno nos enseña que detectar, o no detectar, una única biofirma no es prueba suficiente a favor o en contra de la vida. El contexto general es lo que importa”.

Por eso, en lugar de medir una sola característica, los científicos de NExSS argumentan que deberíamos buscar todo un conjunto de rasgos. Un planeta debe demostrar ser capaz de soportar la vida a través de varias características, tanto propias como de su estrella madre. Así, los investigadores se proponen crear un marco teórico que sea capaz de cuantificar cómo de probable es que un mundo determinado tenga vida, y lo harán basándose en toda la evidencia disponible. Tras la observación de muchos planetas, los científicos podrán, más adelante, empezar a clasificar los posibles “mundos vivos”, con una serie de características comunes, y a diferenciarlos de los “mundos no vivos”.

“No tendremos una respuesta de ´sí´o ´no´para determinar si hay vida en otro lugar -afirma por su parte Domagal-Goldman, astrobiólogo del Centro de Vuelos Espaciales Goddard y coautor del trabajo-. Lo que tendremos es un alto nivel de confianza en que un planeta parece estar vivo por razones que solo pueden explicarse por la presencia de vida”.

Para estar seguros al 100 por 100, no quedará más remedio que esperar a que podamos visitar, algún día, esos mundos lejanos.

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