Día a día vemos cómo se pone a prueba la estabilidad del país y el aguante de los ciudadanos. A la ya conocida crisis sanitaria, se suma el encontrarnos sumidos en una grave crisis humanitaria, migratoria y de salubridad, originada por el ingreso indiscriminado de migrantes venezolanos, quienes fueron gentilmente invitados por el gobierno, a través del propio Presidente, quien involucrándose directamente en la política interna de Venezuela, con show televisivo incluido, ofreció a Chile como refugio, en virtud del supuesto oasis que constituye el país, ocultando a los incautos que en verdad esto es un espejismo y que el Gobierno niega la ayuda humanitaria a su propio pueblo y con mayor razón a sus invitados.

Frente a esta grave situación resulta indignante que la respuesta sea únicamente militarizada, anunciando medidas de expulsión irrisorias, insuficientes y alejadas de parámetros internacionales en cuanto al respeto de los Derechos Humanos, y sin considerar siquiera, a las autoridades comunales ni a las comunidades Aymara. Mostrando su total desinterés en la realidad y problemática local y teniendo nuevamente el show como base del actuar, pues literalmente los Ministros del área fueron de visita a Colchane, tomándose fotos con sus juguetes de guerra y demostrando su nula empatía con el grave problemas que vivimos, además de su exclusiva mirada beligerante y de su desprecio por los derechos humanos, tanto de los pueblos originarios, de tarapaqueños y de migrantes.

Como si fuera poco, esta semana se anunciaron grandes inversiones de parte del Gobierno Central y del Gobierno Regional -excelentes noticias pensarán ustedes-, en salud, en educación, en vivienda, en ayuda social, quizá en infraestructura crítica y en ayuda humanitaria. Pero no, aunque suene sorprendente, la respuesta es ninguna de las anteriores. La inversión del Gobierno central para efectos de paliar la crisis y solucionar nuestros problemas, es la compra de 16 misiles de Guerra de alto impacto, por la exorbitante suma de $62.000.000.000, sí, sesenta y dos mil millones de pesos, equivalente a 85 millones de dólares, suficientes como para dar solución o inyectar importantes recursos en cualquier otra área de real importancia.

Pero el Gobierno opta por invertir en defensa y seguridad exterior, pues todos sabemos que existe un enemigo poderoso e implacable que se cierne sobre nosotros y debemos estar protegidos frente a la invasión alienígena que se pudiera aproximar. Lo increíble es que este nivel de insensatez no es exclusiva del Gobierno Central, del cual a esta altura no se puede esperar nada, sino también contagia a las autoridades designadas a dedo por ellos en la Región, quienes en medio de la grave crisis que vivimos, humanitaria, de vivienda, de salubridad, migratoria y social, han considerado prudente gastar casi $950.000.000 en una bandera, sí, en una bandera, la que evidentemente permitirá atender a los pacientes, prestar ayuda humanitaria a migrantes y personas en situación de calle, mejorar la educación y entregar soluciones habitacionales.

Además, hemos sido testigos del actuar violento, irracional, imprudente y desproporcionado de Carabineros, que en los últimos días se han visto involucrados en graves hechos de sangre, incluyendo la estremecedora imagen de los disparos a mansalva con que acribillaron a un artista callejero en la vía pública de Panguipulli, en el marco de un control de detención; el confuso episodio que terminó con la muerte de un joven detenido en una Comisaría de Pedro Aguirre Cerda, quien supuestamente se habría suicidado, estando bajo su custodia; y la escalofriante situación ocurrida en Calama, donde dos funcionarios fueron sorprendidos abandonando un cuerpo inerte en las afueras del SML. Todos estos hechos dan cuenta de la situación terminal de una institución corrompida, con un perfil militarizado anacrónico, alejada del poder civil y sin mínimos estándares de respeto a los Derechos Humanos.

A lo anterior debemos agregar el actuar de las autoridades, quienes en su gran mayoría prefirieron tomar vacaciones, lo cual, a sus ojos, resulta sumamente oportuno después de un arduo año de trabajo y considerando la “tranquilidad” que impera en el país, o, en su defecto, han formulado declaraciones incendiarias, desatinadas o definitivamente incomprensibles, justificando la violencia policial, luciendo su legado o mostrando su desfachatez y distancia con la realidad de la ciudadanía,  a tal punto que presenciamos con estupor como un concejal de la Octava Región intento justificar la violación a una menor de edad cometida por su hijo.

La crisis que vivimos es cada vez más grave y suma nuevas aristas, dejando de ser meramente de salubridad para convertirse en humanitaria y ahora en una crisis política, de confianza y de seguridad, donde los últimos eventos parecen encaminarse a, de algún modo, desestabilizar el proceso constituyente o al menos rodear la convención e instalar un manto de duda en cuanto a su legitimidad y su normal desarrollo, considerando que al tenor del actuar de los gobernantes la mecha se torna más corta e inexplicablemente recibe más y más bencina.

¡¡¡Basta ya!!! Es el momento de cambiar las cosas y establecer mecanismos de democracia directa que nos aseguren la existencia de diversos y amplias formas de participación ciudadana, ya sea para remover a las autoridades que no dan cumplimiento a su mandato o no son dignos del cargo, para levantar propuestas y proyectos legislativos, para defender y garantizar los derechos fundamentales, para que las grandes decisiones pasen mediante el voto por nuestra voluntad o, para que de una vez por todas las comunidades, ciudadanía y territorios tengan real influencia en las grandes decisiones del país, más allá de quienes usufructúan del poder y abusan de los ciudadanos. Unámonos para que el poder no quede en manos de los mismos de siempre y que el resto sigamos como meros espectadores. Exijamos los cambios, dejemos de lado la vieja política y trabajemos juntos para que ningún ciudadano o ciudadana de Chile quede fuera del proceso, sin poder ejercer el derecho de participar. ¡¡¡Basta!!!

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