Agradezco la respuesta de Lucas Sierra publicada ayer, y me permito simplemente añadir algunos breves comentarios. Por un lado, al aludir al final de su misiva al “contexto estable de cariño y cuidado” como contexto necesario para adoptar, mi contradictor vuelve -acaso sin percatarse- a darme la razón. En efecto, es evidente que esos contextos no se limitan a la relación de pareja.

Tiendo a pensar que, cuando se defiende un cambio, la exigencia mínima pasa por asumir los principios involucrados y sus consecuencias (en este caso, la desconexión entre las condiciones de gestación y la adopción), pero todo indica que peco de optimismo. Hay quienes prefieren ignorar lo que piensan, y nada puedo contra eso. Por otro lado, las sucesivas respuestas de mi ilustre contradictor solo confirman mi diagnóstico inicial: la homoparentalidad ha relegado completamente la discusión en torno a las urgentes modificaciones a la Ley de Adopción, cuestión que no parece incomodarlo en lo más mínimo. Por mi parte, no puedo sino lamentarlo.

Daniel Mansuy