Esta semana casi no pude creer cuando oigo decir a Alejandro Guillier, ante su caída en las encuestas que: “Cuando tenga las ideas y tenga el programa vendrá el despegue”. Cuando tenga las ideas, cuando tenga las ideas… me daba vuelta en la cabeza.

¿Es que ya no tiene claras las ideas y principios que quiere impulsar en un posible futuro Gobierno? ¿Qué hay en el fondo de Guillier? ¿Hay contenido? ¿Qué piensa de la propiedad privada, de la reforma al Código de Aguas? ¿De la gratuidad estudiantil universal? ¿De la quiebra de la Universidad Arcis? ¿De la conveniencia de mantener o no al Partido Comunista dentro de la Nueva Mayoría? Y así son cientos las dudas que uno tiene acerca  de él, porque no responde nada. Se dedica a sonreír para las fotos y no casarse con ninguna postura.

Un ejemplo claro fue cuando se le prohibió la entrada a Cuba a Mariana Aylwin, para un homenaje a su padre. Si bien el variado espectro político chileno condenó inmediatamente el hecho, Guillier se dio el gusto de opinar en Twitter: “Un saludo a @maylwino. Como nos enseñó Aylwin: prudencia y diálogo para avanzar en más integración y democracia en América Latina”.

El tuit, además de ser jalea pura y no decir nada, fue publicado varias horas después de conocerse la determinación del Gobierno cubano. “Ambiguo”, “tardío” y “poco comprometido” fueron algunos de los comentarios que desencadenó la declaración del candidato presidencial del Partido Radical. De hecho, varios tuiteros lo invitaron a definir una posición más clara. Pero no pasó nada. Solo jalea.

Pero éste y otros episodios ahora me vienen a calzar. Es que no le han llegado las ideas, ¡porque no hay ideas ni propuestas serias! Es que el mismo senador –creo- nunca pensó en el fenómeno Guillier, eso de ir ganando rating entre los ciudadanos (por su cercanía, dicen) y que lo tiene hoy día encumbrado buscando ideas.

Y es eso lo que lo hace tan diferente a Michelle Bachelet. Uno puede estar a favor o en contra de sus postulados, pero ella se los cree, y lo más importante, los tiene. Es una socialista que quiere hacer profundas trasformaciones convirtiendo al Estado chileno en socialista. Y su apuesta fue arriesgada. En su primer Gobierno se fue con casi un 80% de adhesión y volvió de un cómodo Nueva York por insistencia de sus huestes, para presentarse a un segundo período. Arriesgó su capital político, por eso esta vez exigió un programa de gobierno que la representara 100%, y así fue, y hoy estamos viviendo el resultado de estos cambios radicales que se están impulsando en el país.

Y a la gente, al parecer, no les ha gustado nada, según lo que dicen la calle y las encuestas. Pero ella persevera, “se cree el cuento”.

¿Y qué ocurre con Alejandro Guillier? Es un producto de las encuestas que claramente no tiene sus ideas claras y que lo único que quiere lograr es ser Presidente de Chile. A veces, pareciera solo un capricho, o para abultar su Currículum Vitae. Chile no está para eso. Es de esperar que candidatos como Ricardo Lagos, José Miguel Insulza o Carolina Goic prosperen en sus desafíos para subir el nivel de competencia dentro de la Nueva Mayoría.

Rosario Moreno C., periodista y licenciada en Historia UC para El Líbero

/gap