De Figo a Cristiano, de Portugal a Inglaterra, del Real Madrid al Manchester United, de sir Alex Ferguson al Irán de los Ayatolas, hay un cosmos futbolístico en la cabeza de Carlos Queiroz (Mozambique, 1953). Pocas personas han peregrinado más por campos más variados. El miércoles en Kazán este teórico vanguardista dirigirá a la selección asiática contra España en la segunda jornada de la fase del Grupo B.

Pregunta. ¿Cómo se hizo entrenador de fútbol?

Respuesta. Empecé muy pronto. Mi primera experiencia en el fútbol federado la hice en el fútbol infantil en la temporada 80-81 con categorías inferiores del Belenenses. Hace un rato que estoy vistiendo este ropaje.

P. Desde el punto de vista de la táctica, en estas cuatro décadas, ¿cuál fue el momento más transformador?

R. En mi vida profesional como entrenador la etapa más importante, más significativa de toda mi carrera, curiosamente ocurrió al principio. Comencé en las dos orillas del río: en el campo y en la Universidad Técnica de Lisboa. Dediqué la primera etapa a hacer mucha investigación. En 1982 hice la primera maestría superior en fútbol. Esto fue casi una revolución porque la Universidad Técnica era muy tradicional y conservadora. Había maestrías en biomecánica y en fisiología, las disciplinas científicas que soportan el entrenamiento, pero no en entrenamientos de fútbol. Yo me batí hasta la última gota de mi sangre para hacer una maestría en metodología del entrenamiento de fútbol. No estaba sistematizado. No existía la licenciatura en fútbol. Yo fui el primero y con eso abrí muchas cosas en mi vida en el campo intelectual como entrenador. Hice una ruptura que fue un paso de gigante.

P. ¿Cómo fue el proceso?

R. Yo estudié durante años todas las escuelas de entrenamiento más características: la sudamericana, la europea meridional, la europea septentrional, Inglaterra y Alemania, y también los conceptos de entrenamiento de los países del Este. Los caractericé hasta que en 1982 se me ocurrió la idea de empezar a hablar de una cosa que yo llamé ‘la simplificación de la estructura compleja del juego’. Cuando presenté ese trabajo empecé a extraer los elementos básicos de los juegos reducidos: 11×11, 8×8, 7×7, 4×3, 3×2, 2×1 hasta los elementos sencillos del juego. En ese trabajo concluí que el juego se fundamentaba en tres elementos base y un elemento que sintetiza y armoniza los otros tres y transmite la ciencia compleja del trabajo de equipo. Presenté un estudio para abordar el cambio metodológico de todo el entrenamiento bastado en estos tres elementos: espacio, tiempo y número. Con esos tres vectores estructuré una cuarta componente de observación de la complejidad relativa del juego que formaba la cohesión y el juego de equipo. Eso cambió mi vida. Cuando tuve la oportunidad de aplicar mi visión al trabajo con las categorías inferiores de la selección de Portugal gané dos copas del Mundo. Luego conduje toda mi vida de entrenador con los fundamentos metodológicos de ese tiempo. Observé que el entrenamiento tenía que reflejar la naturaleza del juego y mostré cómo hacerlo y por qué. Esos niños que cogí con 12, 13 años, Figo, Joao Pinto, Rui Costa… todos han trabajado conmigo con esa visión diferenciada del entrenamiento. Ese ha sido el marco más importante de toda mi vida.

P. Guardiola, Lillo, los entrenadores de la escuela de Oporto, los que hablaban de la integración de todos los elementos en la práctica, la “periodización táctica”, etc. ¿No se refieren a la misma idea?

R. Cuando hice mi tesis observé que cuando jugábamos en un patio, espontáneamente, nos organizábamos. Fuéramos cuatro, cinco, seis, siete u ocho, siempre jugábamos. Tres contra dos, cuatro contra tres, y el portero-jugador…. ¿Cómo es posible que si mi sueño es ser profesional, voy a jugar y me ponen a subir escaleras y a hacer carrera continua? Los niños llegaban al campo de fútbol y se confundían. Eso me ha estimulado a estudiar con otro ángulo. Al final, lo que estábamos ofreciendo a los niños en la educación no era fútbol. Y más grave aún: se hacía un trabajo de división de la técnica. Las teorías de aprendizaje que tienen que ver con la pedagogía nos decían que la suma de las partes hace el todo. Eso ha sido un desastre durante años para el fútbol. Primero entrenaban la física, mañana la técnica, pasado la táctica. ¡Y la suma no daba el todo! Eso he escrito. “La suma de las partes de los todos es lo que da el todo: y más, tiene que dar el todo con una componente muy importante, que es la libertad de decisión”. Porque ese ha sido el error de la pedagogía del fútbol durante muchos años. Los entrenadores llegábamos ahí y destrozábamos el juego. Porque nos volvíamos directores del juego. Creamos la abstracción de la decisión. No queríamos jugadores con habilidades para tomar decisiones. Eso es lo que ha cambiado. Por eso el fútbol ha cambiado en ese siglo. Porque la mayoría de los entrenadores percibieron que es la parte de los todos lo que da el todo. Y que los jugadores imaginativos y creativos se construyen estimulando la libertad de decisión. Por eso la calle antes era muy importante.

P. ¿Ahora son más importantes los entrenamientos en las escuelas?

R. Se nota en la espiral de calidad en Europa. ¿Cuál está siendo la mayor ruptura del fútbol de Europa con África, e incluso con Sudamérica…y Asia…? La espiral de calidad, de equipos y jugadores. En Europa de muchos tiras uno. Cuantas más cualidades tienes en la base más diferencias se hacen en la cúspide. La espiral de calidad potencia la excelencia del todo. Por eso Europa camina a una velocidad que va a sacar muchos años de adelanto a África y Asia, incluso América. Los únicos países que están sobreviviendo en términos de trabajo de selección son los equipos que tienen la suerte de tener jugadores en edades formativas en Europa. Se benefician de esta espiral de calidad. Cuando tienes mucha calidad en la base compitiendo, si quieren hacer la diferencia Cristiano, Messi y Neymar tienen que ser más geniales que nunca. Los americanos dicen: “from many comes one”. Esto no es totalmente correcto. Hay que decir: “from many comes one but in quality”. Porque la cantidad por sí sola no acrecienta la calidad, pero la cantidad en calidad acrecienta la genialidad.

P. ¿Cómo se refleja este cambio en la competición?

R. La evolución de los partidos y la competición reflejan la nueva concepción en la base metodológica de los entrenamientos. Los entrenadores son los agentes de la transformación del juego porque cada año, cuando introducen elementos nuevos más perfeccionistas, más adaptados a la naturaleza y a la esencia del juego, consiguen cambiar la formación de los jugadores y transformar el propio juego.

P. ¿No cree que esto ha conducido a que los equipos se ordenen cada vez más, y el orden ha hecho que los jugadores por sí solos no puedan transformar los partidos como en su día hicieron Ronaldo Nazario, Zidane, Maradona o Cruyff?

R. No es lo normal. Hablemos de Copas del Mundo. Pensemos en Italia 90 o en USA 94. Ahí sí es verdad eso. Fue un periodo un poco monótono, dictatorial, en que los jugadores estaban un poco presos, amarrados a los sistemas estáticos y la disciplina de juego, de la norma del equipo. Pero si pensamos en 1982, en 1986, en 2008, en 2006 o 2010, es diferente. Ahí pudimos observar grandes equipos que no estaban sujetos a la dictadura de la disciplina. Un fútbol que respetaba la cohesión del equipo, los principios de la mentalidad del equipo sin romper con los fundamentos de la libertad, la creatividad y la decisión de los jugadores. Lo vimos en Sudáfrica. Vimos la exaltación de las individualidades con base en la potencia que el trabajo de equipo les puede dar. A la correspondencia de una gran cohesión y disciplina de juego se eleva la posibilidad del riesgo individual. Hemos también observado dos tipos característicos de grandes jugadores. Puedo comparar dos jugadores que todo el mundo compara: Cristiano y Messi. Ambos tienen cuatro fundamentos iguales: una habilidad atlética superior, una superioridad técnica y táctica genial, una preparación mental fortísima, y la capacidad de sintetizar estos elementos en el trabajo de equipo. Cristiano se diferencia un poco de Messi porque él es un solista que dice: ‘Vale, soy solista pero si en la orquesta falta un pianista, un violinista o un violoncelista no tengo problema si tengo que tocar el piano o el violín o la viola, yo lo hago’. Messi es un poco diferente: puede ser el mejor solista también pero se presta como un maestro haciendo que sus compañeros sean lo mejor que pueden ser. En dos formas diferentes de jugar tenemos dos jugadores que nos trazan un quinto elemento en el juego, que es exclusivo de los genios: el elemento final de la cohesión y de la maestría colectiva. Con dos actitudes de base diferentes. Cristiano si siente que alguien no toca bien el piano, dice: ‘yo lo toco’. Y Messi es el mejor tocando todos los instrumentos. Hace sentir que son parte constante del juego. Hay momentos que sí, la dictadura de la normalidad nos traza un fútbol aburrido que no es innovador, pero pienso que hoy estamos viviendo un momento fantástico.

P. ¿Por qué está tan seguro?

R. Porque el elemento de la libertad y la decisión individual está promovido en las normas colectivas del equipo. Ahora los genios lo pueden hacer de un modo increíble porque el nivel de riesgo puede ser cada vez mayor. Como entrenador y persona del fútbol me entusiasma esta rivalidad genial que tenemos de Cristiano y Messi. Los comparo con Lennon y McCartney. Si uno lo hace bien el otro quiere hacerlo mejor. Si uno nos asombra con lo mejor, el otro nos ofrece la excelencia. La gran pregunta del fútbol moderno es: ¿hasta dónde? Atención: porque llega Michael Jackson, que es Neymar. Estamos en un momento bueno. En algunos momentos los reyes y los príncipes del fútbol se han apagado un rato pero no es lo normal. El fútbol se ha caracterizado siempre por etapas con reyes y príncipes. Hoy los príncipes y los reyes están a un nivel como nunca antes han estado.

P. Es cierto, pero ¿no cree que al final se impone el orden colectivo al jugador heroico? Messi chocó contra Alemania en 2014 y Portugal sin Cristiano se impuso a la Francia de Pogba y Griezmann en 2016.

R. La belleza del fútbol es que siempre nos ofrece lo inesperado. Hay que considerar también que los equipos sin jugadores de talento no pueden ganar. Pero el fútbol es un juego de equipo. Ganas con los talentos, pero salir campeones es otra cosa. Con talento tienes calidad para ganar. Para salir campeones hace falta carácter, repetición, sacrificio, jugadores dispuestos a sacrificar sus egos por el equipo. Muchas veces en el fútbol, el baloncesto, ves salir campeones a equipos con menos talento individual y más sincronización y poder de síntesis, de sinergias para la victoria. Para ser campeón no basta tener un equipo con grandes jugadores hay que ser funcional. Eso hace la diferencia. Lo demás es el juego.

P. ¿Qué hay de verdaderamente novedoso en el fútbol contemporáneo?

R. Hoy nosotros vivimos una involución; estamos subordinados a la dictadura del opinatorio. Todos dan opiniones sin moralidad. Hay irresponsabilidad, impunidad e injusticia en las opiniones que muchas veces crean ambientes alrededor del equipo que condicionan los resultados. Es un fenómeno… Muy temprano en mi carrera tuve el privilegio de colaborar un ratito con los analistas de Brasil 1982. Probablemente uno de los mejores equipos de Brasil de siempre. Pero mira el ejemplo de Italia: cómo Italia creó un concepto de “nosotros contra el mundo”. El entrenador Enzo Bearzot provocó una pelea con toda la sociedad italiana y todos los entrenadores. ¡Y salieron campeones! Eso me dio una visión de otra componente que para mí es muy decisiva del trabajo con los jugadores. Porque nosotros podemos maniobrar en el tiempo, la intensidad o la metodología del entrenamiento, pero nos olvidamos mucho del cerebro. Nos olvidamos de cómo operar todo el entrenamiento a través de una cosa que… Nosotros como seres humanos crecemos y nos desarrollamos utilizando el cerebro para hacer todo, y el cerebro ha sido el elemento menos utilizado e investigado en la vida humana. No sabemos nada del cerebro. Pienso en el entrenamiento mental. ¿Por qué factores exógenos pueden influir tanto en la definición de un equipo: la confianza, la autoestima la convicción, el carácter…? En resumen: sí podemos comprar talentos e intentar ganar un campeonato, pero tú no compras carácter para salir campeón.

P. Usted ha visto crecer de cerca a Cristiano. ¿No cree que cada año juega mejor en la medida en que cada año toca menos el balón?

R. ¡Normal! Hay una palabra muy simple que hay que introducir en la reflexión: madurez. El entrenador puede hacer todo con el jugador: trabajo técnico, mental, físico. Podemos comprar talento. Pero no podemos comprar carácter y experiencia. Un jugador que juega un Mundial y una Copa de Europa con 31 años no es lo mismo que el jugador que jugó conmigo el Mundial de 2010. No es un jugador diferente. Ha hecho una evolución natural. Recuerdo bien algunas cosas. Un día lo llamé a mi despacho en Manchester y le dije algo que solo he dicho a dos jugadores en mi vida: “Hemos trabajado un tiempo, te conozco desde que jugabas en el Sporting, y vamos a llegar a un acuerdo entre los dos: tú naciste para ser el mejor jugador del mundo; si estás dispuesto a trabajar y a caminar para ser el mejor del mundo; yo estoy dispuesto a trabajar encantado contigo. Hay un precio para pagar en la vida cuando quieres tener éxito. Si quieres te vas a casa, piensas y mañana hablamos y empezamos un nuevo día de trabajo. Porque ya eres un gran jugador de fútbol. Pero llegar a ser el mejor es otra cosa”. Fue interesante porque una de las cosas que empezamos a trabajar fue que hay que llegar al área. Le decía: “Cristiano, tú tienes gol, pero no puedes hacer goles fuera del área, siendo un jugador de servicio, de entrega del balón a los otros. Porque es en el área donde tú puedes hacer la diferencia y tener un mayor impacto. Es en el área en donde tú puedes demostrar por qué vas a llegar a ser el mejor del mundo”. Poco a poco, como extremo… Los jugadores de esas características, como Cristiano o Figo, quieren el balón al pie. No quieren llegar. ¡No quieren entregar el balón!

P. No quieren jugar sin balón.

R. Es muy interesante. Un día yo estaba hastiado y estaba echando la bronca a los jugadores y vino Roberto Carlos y me dijo: “¡Míster, no se cabree, dígale a ellos que si hay un problema que me den el balón a mí! Yo resuelvo”. Los grandes jugadores quieren el balón al pie. Tienen que entender que a veces la maestría del juego está en encontrar una salida sin balón. Un día un gran entrenador me ha enseñado una cosa: “El entrenador tiene que saber cuándo hablar y qué hablar, pero lo más importante de un entrenador es saber cuándo tiene que estar callado y dejar que hable el silencio”. Eso me ha marcado mucho. Traslado eso a los jugadores. Los jugadores se afirman con balón y sin balón. Esa ha sido la transición de Cristiano. No puede estar siempre al piano, a la guitarra, al violín y a la batería. Porque al final el maestro tiene que conducir el colectivo haciendo impacto, por ejemplo, haciendo los goles. Messi en esto es como Michael Jordan. Jordan estaba en los rebotes, estaba en los puntos y en las asistencias, pero al final el equipo trabaja funcionalmente a su alrededor. Eso no está al alcance de todos. Eso está al alcance de los que no son del fútbol. Son el fútbol. Cristiano, Messi, Eusebio, Pelé, son el fútbol.

P. ¿Por qué no pudo preparar el Mundial como creía?

R. Pensaba que pondríamos una preparación intensa, digna, muy responsable. Pienso en la responsabilidad y la dignidad de la competición. El compromiso, la entrega. Esas no son cosas que pasan de moda en la vida. Están presentes cuando quieres lograr un objetivo. Yo solo soy el entrenador. ¿Y qué hago? Poner todas mis ganas. El 5 de mayo empezamos una concentración con jugadores locales. Teóricamente teníamos que empezar con 20. Pero voy a empezar con tres. ¡Mejor tres que cero! Es la realidad. Cuando haya cuatro vendrán cuatro. No puedo hacer más pero las posibilidades que nosotros tenemos antes de que empiecen los partidos tienen que ver con las responsabilidades y capacidades de cada uno. ¿Qué tenemos que hacer? Cuando salió el sorteo teníamos tres posibilidades. Primero, cambiar de Copa del Mundo. Con el grupo que nos tocó, que uno ocupe nuestro lugar y nosotros lo dejamos para el 2022. ¡No lo queremos hacer! Si hay un equipo que piensa que vamos a ofrecer nuestro puesto, que se olviden. Queremos ir a Rusia. La segunda: cambiar de objetivos. Si nos planteamos clasificarnos para la segunda fase frente a España, Portugal y Marruecos, la actitud de los jugadores va a bajar. Entonces, como tenemos la Copa de Asia en enero, lo que digo a mis jugadores son dos cosas muy sencillas para todos. La ventaja de Irán jugando contra Marruecos, España y Portugal es una: nosotros tenemos dos resultados. España Portugal y Marruecos tienen tres: pueden ganar, empatar y perder. Irán solo puede ganar o aprender. De una forma u otra tenemos que salir ganadores. Para que cuando empiece la Copa de Asia, Irán solo tenga una cosa en su cabeza: ganar la Copa de Asia. La segunda cosa que digo a los jugadores es muy sencilla en cada partido: al final de los 90 minutos tienen que tener la certeza de que la camiseta de Irán está en un lugar mejor.

P. ¿Intentó concentrar a los jugadores y no le dejaron?

R. Intenté desarrollar un plan de preparación específico desde el año pasado. No solo concentrando a los jugadores en Irán. En el Mundial de 2014, de 23 jugadores nosotros solamente teníamos tres compitiendo en Ligas fuera de Irán. Ahora, de los 23 tenemos 14-15 que están fuera. Pero tú tienes que sustentar el éxito también con los jugadores locales. Hace más de un año introduje un plan para que los locales tuviesen una preparación complementaria para compensar la diferencia de intensidad y ritmo de la Liga iraní con las europeas. Pero para hacer eso hay que pensar en dos cosas: un liderazgo fuerte y tomar decisiones fuertes, hay que entender que debes hacer sacrificios y determinar prioridades. Infelizmente ese no ha sido el caso. Estamos limitados. Pero eso no quiere decir que no estemos haciendo un trabajo específico. Estamos haciendo pero no lo que yo pensé que sería fundamental para que los futbolistas iraníes hagan un campeonato del mundo brillando y con mucha dignidad en la pelea por los resultados. Ese era mi objetivo. Pero si en lugar de diez meses dispones de seis, entrenas seis meses; y si en lugar de tener 18 jugadores tenemos tres entrenamos con tres. Y si tuviera que entrenar con uno entrenaría con uno. El entrenamiento de uno aportará algo que si no entrenase no podría aportar.

P. ¿Cómo define el carácter del jugador iraní?

R. Por justicia y moralidad, tengo que hacer una afirmación sobre los jugadores iraníes: nunca he visto en mi vida jugadores que ofrecen tanto al fútbol y al equipo nacional a cambio de tan pocas compensaciones. En ningún lugar del mundo hay jugadores que se entregan con tantas ganas y motivación y al final no hay ni un “gracias”. Eso habla mucho del carácter de los jugadores del equipo nacional. Llevo siete años con ellos y es un placer y un honor. Son personas muy educadas, muy simpáticas, muy dedicadas, y que tienen una ambición de aprender, de desarrollar, de jugar al fútbol… Si mandas entrenar siete horas en el campo dos veces por día irán siempre con una sonrisa en los labios y trabajando son fantásticos. Esa ha sido la nota más positiva. Pero cuando llegué aquí tenía un punto muy débil que era una tendencia que traen de fuera, no sé si es cultural o social. Muchas veces procuran la disculpa y la victimización de la situación.

P. ¿A qué se refiere?

R. Daré un ejemplo. Cuando empecé mi trabajo estaba analizando a los jugadores en partidos anteriores y vi los cuartos de final de la Copa de Asia: Irán contra Corea. Al final del partido vi a todos los jugadores en la hierba sentados o tirados. Muchos llorando. Me chocó. Ver jugadores llorando sentados… Cuando nos reunimos por primera vez les mostré las imágenes y les dije: ‘Conmigo aquí tu trabajo no es llorar por Irán; tu trabajo es hacer que los otros lloren por su países. A partir de hoy no quiero ver a nadie llorar. Tienen que tener la certeza de convertir a los otros en héroes que lloran por sus países’.

P. ¿Y Cómo influye un régimen político totalitario y clerical en su trabajo?

R. He trabajado con equipos de selección muchos años. Las virtudes y defectos del fútbol son comunes en todas las partes del mundo. Si hay una cosa virtuosa del fútbol es que tiene una raíz común: el impacto político, social y cultural provoca las mismas reacciones en todo el mundo. Todos quieren ganar, todos tienen opiniones… He visto en Portugal ministros que no tenían opinión política pero siempre tenían una idea futbolística y creían que era la mejor. Pasa lo mismo en Irán. La prensa es muy agresiva en términos de crítica y cobertura. Las personas ligadas a la política hacen comentarios sobre el fútbol como en todos los países. En esos términos, el fútbol de Irán está igual de desarrollado que en los países más desarrollados del mundo. En Irán no hay una tentativa de influencia de los dirigentes en lo que pasa en el campo. Ves que en países modernos la parte política y administrativa está entrando dentro de las cuatro rayas. Es uno de los grandes problemas del fútbol. La parte comercial está entrando demasiado en las cuatro líneas. Tengo el ejemplo del United y el Madrid, donde el tiempo de reposo de los jugadores está siendo utilizado como tiempo activo para cuestiones comerciales y financieras. Tenemos que saber vivir con eso pero a veces esa incursión es anárquica. Por respeto: por lo menos habría que cuidar ciertas formas. Tú no entras al despacho del presidente sin golpear la puerta, pero los ejecutivos sí están entrando al campo sin golpear la puerta. Y eso no es bueno para el fútbol. Esa cuestión es muy curiosa: en el equipo nacional de Irán no tienes ese problema: son muy respetuosos de las áreas de actuación de cada uno.

/Entrevista de Diego Torres para El País de España