Bullying entre padres, pares..

Nuestros hijos necesitan ver que cuidamos de ellos, y así como siempre decimos que poner límites es quererlos, denunciar el bullying y ponerle límites es quererlos también.

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¿Nos sorprende este título?

Podríamos empezar hablando de los grupos de whatsapp escolares para dar una primera introducción a los que no tienen oportunidad de formar parte de uno de ellos.

Estos grupos nacen con un propósito, gracias a las prestaciones de los teléfonos inteligentes, permitir a todos los padres estar en red, vinculados y poder hacer circular de manera ágil la comunicación y novedades del año escolar.

Rápidamente se transforman en un espacio de consulta sobre la tarea del día siguiente, el cuestionamiento del menú del comedor, las faltas reiteradas de la profe de historia o comienzan a venderse ropa, ferias de descuentos y otras cuestiones que nada tienen que ver con el curso. Pronto algunos empiezan la crear nuevos sub chats, sub grupos de afinidad, los que “tienen cuestiones en común”, allí es donde comienza a desarrollarse un nuevo proceso sinuoso y complejo. Ese es el espacio creado por alguien proclive a dar rienda suelta a la crítica.

Este “nuevo grupo” tiene incluidos y tiene excluidos. Estos excluidos padres o madres comienzan a ser víctimas de críticas, ya sea por su profesión, su condición social, sus opiniones o cualquier circunstancia, el motivo por el que arranca es casi insignificante, solo es cuestión que avance.  Ese líder iniciador, generalmente falto de otras ocupaciones más importantes, es en general quien siempre cree tener la mejor información, ser el más cercano al colegio y que esgrime que solo buscar lo mejor para sus hijos y rápidamente busca aliados. Esta siempre en la puerta del colegio, siempre se propone para hablar con algún docente, siempre esta.

No le crean todas las buenas intenciones. No se presten a ese juego.

Es cierto que ser elegido e invitado a “participar” de ese exclusivo foro, da una tranquilidad enorme, ya que nos asegura no pertenecer al grupo de los criticables. Siempre parece mejor la opción de pertenecer. Pareciera que si uno se mantiene al margen poco importa lo que pueda pasar.

Otro error.

No podemos permanecer al margen, porque este bullying de adultos se replica rápidamente en las condiciones de vida grupal de nuestros hijos. Pensemos con honestidad qué modelo de relaciones, de sentimientos, de empatía estamos educando.

Cuantas veces hemos visto a ese papá prepotente, al costado de la cancha criticando a su propio hijo por errar un tiro o gritándole que debe pasar por encima del adversario. Acaso creen que ese padre y “colega de chat” en su casa y en el resto de la vida es distinto…ni por casualidad. Es eso mismo que ven, en su casa, en el trabajo, con su pareja y sobre todo con sus hijos.  Es esa mamá que lucha y se desvive porque su hija tenga el mejor papel en el próximo acto, que la somete a tratamientos de belleza cuando no tiene más de 10 años. Son las personas que ponen la vida en modelo binario, los exitosos y los perdedores.

Y su hijo o hija, ha aprendido lo mismo. Solo importan lo que ellos entienden por logros, no tienen empatía por el prójimo, la valoración del otro es por lo que puede ofrecerles. Son vínculos miserables en sus intenciones.

Por eso el conjunto de padres no pueden ser solo espectadores, sólo la participación mas activa y la denuncia hará una mejor calidad de vida y educativa para nuestros hijos.

Nuestros hijos necesitan ver que cuidamos de ellos, y así como siempre decimos que poner límites es quererlos, denunciar el bullying y ponerle límites es quererlos también.

Porque este bullying también se despliega con los docentes y todo el marco educativo. Son padres que por un lado quieren que sus hijos tengan cada vez más actividades curriculares y extracurriculares suponiendo que ese es el gran camino al “éxito”, aun cuando eso signifique que su hijo pase 12 horas fuera de su casa a los 8 años.

Pero que por otro critican o esgrimen superioridad sobre los docentes, poniendo o pretendiendo poner límites e intentando acotar la autoridad de la escuela y de los propios docentes.

Intento transmitirles que la actitud acosadora, estigmatizante, desvalorizante es un modo de ejercer violencia por parte de los adultos con altísimo impacto en los hijos. El bullying entre los hijos no hace mas que mostrar y reflejar los idearios de muchos adultos, cuyos valores son disfuncionales.

No podemos dejar de hablar de estos temas, ni mirar en forma silenciosa, no podemos dejar hacer, de comprometernos, de participar. El respeto y el amor a nuestros hijos debería ser suficiente motor para evitar que estas conductas viciadas o tóxicas del mundo adulto lleguen al aula y a los vínculos que nuestros hijos comienzan a desarrollar.

Algunas cosas que podemos hacer:

Hablar en la escuela y poner en evidencia este comportamiento.

Explicitar claramente que uno no esta de acuerdo con esa práctica ni con la crítica.

No hacer ni fomentar actividades que excluyan a ningún chico y a ningún padre

Conversar estos temas con nuestros hijos, adaptándonos a cada edad, pero no dejar de mencionar los valores que respetamos y la importancia de desarrollar empatía por el prójimo.

Trabajar la disciplina y los límites con amor.

Por último, algo que es válido para todo ámbito, no escriban algo que no son capaces de decir o sostener cara a cara.

Lic. Sandra Ojman