Francisco José Covarrubias: ¿La “señora P”?

    Pero queda una última pregunta por dilucidar: es si ella estaría dispuesta a pasar de "Primera Dama" a Presidenta.

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    Cecilia Morel sorprendió esta semana imitando en público a su marido. Empezó a hablar con tres adjetivos, tal cual es el sello de Piñera y -con gran desplante- celebró su propio chiste. Paradójicamente, esta semana también se conoció una encuesta donde se muestra que Morel tiene un apoyo en la ciudadanía del 79%.

    Y en momentos en que se junta una buena popularidad del Gobierno, sin ningún candidato evidente de sucesión, la figura de Cecilia Morel empieza a tomar otro cariz. Así, pensar que la piocha de O’Higgins se traspase en la calle La Viña, no parece descabellado.

    La figura de la “Primera Dama” ha existido desde siempre en Chile. Durante la Colonia, a la esposa del gobernador la llamaban “Presidenta”, tal como a sus maridos. Durante el siglo XIX, muchas primeras damas fueron conocidas por su labor social. Por ejemplo, Delfina de la Cruz, esposa de Aníbal Pinto, tuvo una activa participación gestionando ayuda para los heridos de la Guerra del Pacífico, al igual que su sucesora, Emilia Márquez de la Plata. Del siglo XX destaca Mitty Markmann, cónyuge de Gabriel González Videla, quien oficializó la labor de “primera dama” y Lucía Hiriart, con quien la ambición, la arrogancia y el arribismo lograron su máxima expresión.

    En el mundo han existido primeras damas emblemáticas. A Jackie Kennedy, la elegante esposa de John F. Kennedy, se le considera una leyenda. Eleanor Roosevelt destacó por su influencia en la política y en la sociedad. Eva Perón impulsó la elección de su marido y dejó una huella profunda en Argentina.

    Con pocas excepciones, las primeras damas han sido queridas en Chile y en el mundo. Incluso en presidentes con baja aprobación o relacionados con la corrupción, sus mujeres han representado la cara amable de los regímenes.

    En un mundo de hombres, la Primera Dama podía ser más o menos popular, pero su activo político era desechable. Ello solo cambió a finales del siglo pasado. Quizá una de las primeras expresiones fue Isabelita Perón, quien asumió la presidencia ante la muerte de Juan Domingo Perón y cuyo gobierno fue más que desastroso.

    Hillary Clinton es la única Primera Dama estadounidense a punto de convertirse en Presidenta. Brillante, controvertida y con poco carisma, su casi segura elección terminó siendo sorpresivamente fracasada. Michelle Obama, otra mujer que goza de alta popularidad, ha dicho varias veces que no se ve como candidata, pese a que cada vez son más los estadounidenses que ven en ella la esperanza para derrotar a Trump.

    En los últimos años han sido varias las primeras damas latinoamericanas que han querido ocupar el rol de su marido. En Argentina, Uruguay, Nicaragua, Honduras, Perú y este año en México. La única experiencia exitosa en llegar al poder fue la de Cristina Fernández, la “Señora K”, cuya gestión desastrosa y corrupta dejó nuevas cicatrices en una Argentina enclenque.

    Cecilia Morel no es la “Señora K”, es la “Señora P”. Es cercana, empática y confiable (como diría Piñera, con tres adjetivos). Curiosamente, son atributos muy distintos a los de su marido. Pero también es una mujer inteligente, sensata y con carácter. Su alto protagonismo en la campaña presidencial aportó puntos clave en el triunfo de Piñera y ese protagonismo, en estos meses de gobierno, está lejos de difuminarse.

    Y en política-ficción, ¿sería bueno para el país que a Piñera la reemplace su esposa? La respuesta es probablemente no. En especial, porque establecería una especie de política de castas, que no dejaría aflorar nuevos liderazgos y, en segundo lugar, porque nadie podría pensar que Piñera de “primer varón” tendría el rol de Joachim Sauer -el inescrutable marido de Angela Merkel- o de Denis Thatcher, el discreto marido de la “Dama de Hierro”. La sospecha sería que Piñera estaría gobernando en las sombras.

    Pero una cosa es lo que racionalmente se determine “como institucionalmente conveniente para el desarrollo de la democracia” y otra cosa son los hechos. Y en política, los hechos se pintan con popularidad. Así, nos guste o no, en pocos meses más estaremos hablando de Cecilia Morel como presidenciable, y los apoyos del mundo político estarán directamente relacionados con sus curvas de popularidad.

    Pero queda una última pregunta por dilucidar: es si ella estaría dispuesta a pasar de “Primera Dama” a Presidenta.

    A Luisa Durán no le habría gustado. A Leonor Oyarzun tampoco.

    A la Martita sí le habría gustado. Y todo parece indicar que a Cecilia Morel también…

    /Columna de Francisco José Covarrubias para El Mercurio