José Luis Daza: “Piñera está dejando de lado la cuña que introdujo Bachelet, que dividía al país entre buenos y malos”

    A su juicio, el Presidente se está tomando tiempo para hacer las cosas bien, pero “todavía tenemos que ver la sustancia de sus propuestas en áreas claves”.

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    Para José Luis Daza cuatro meses es poco tiempo para hacer una evaluación seria del actual gobierno, pero su primera impresión es favorable. Valora la mejora en el ambiente de convivencia nacional y el abandono de “la actitud hostil hacia la actividad privada”.

    El economista y fundador del hedge fund QFR Capital, que participará el próximo 7 de agosto en el seminario anual de Moneda Asset Management, considera que hasta ahora los errores de Sebastián Piñera y de su equipo -del cual su hermana, Paula Daza, forma parte como subsecretaria de Salud Pública- han sido “de forma y no de sustancia”, y espera que “los líderes de la oposición no sean tan frágiles temperamentalmente” y que no se “amurren” frente a la explicitación y críticas de lo ocurrido en el gobierno de Bachelet.

    De todos modos, y pese a las expectativas de un crecimiento del PIB en torno a 4% para este año, Daza es cauto respecto de la evolución de la economía, por cuanto en el ámbito interno ve que no se han removido las barreras a la inversión y cree urgente modificar la legislación laboral. Además advierte que el contexto mundial se ha vuelto el más negativo de los últimos tres años para los países emergentes.

    -¿Cómo evalúa este segundo gobierno de Sebastián Piñera en sus primeros cuatro meses?

    -El Presidente Piñera es muy inteligente y está demostrando que aprendió de su primer gobierno. Tiene mejor sintonía con lo que quiere el país. Está haciendo un mejor trabajo comunicacional, tanto verbalmente como en el manejo de su presencia. Pero cuatro meses es poco tiempo para hacer una evaluación seria.
    -¿Cómo ha sido esta vez el proceso de instalación? La oposición habla de sequía legislativa.

    -Piñera dijo que gobernará con un horizonte de ocho años para el sector. Lo veo inteligentemente generando apoyo de la población, construyendo capital político frente a las limitaciones de gobernar sin tener mayoría parlamentaria. Se está tomando tiempo para hacer las cosas bien. Pero todavía tenemos que ver la sustancia de sus propuestas en áreas claves para el país.

    -Igual ha habido problemas, como nombrar a su hermano embajador.

    -Piñera está demostrando un liderazgo más sereno que en su primer gobierno. Hasta ahora, los errores han sido de forma, no de sustancia. Entiendo que las formas importan, los símbolos importan. Pero si no se repiten, tienen un costo político de corto plazo. Los errores de sustancia son los que generan costos políticos de largo plazo, como pudo comprobar su antecesora, quien destruyó a su coalición política. Por diversas razones me ha tocado conocer a centenares de diplomáticos y pienso que Pablo Piñera habría sido un excelente embajador. Es una lástima para Chile no poder usar su talento en el sector público. Pero entiendo la restricción, la encuentro sabia.

    -¿Y en el caso de los ministros? Varios han tenido complicaciones.

    -Sin conocerlos a todos, me parece un buen equipo en las carteras más importantes. Balanceado en conocimientos técnicos y habilidades políticas, con algunos novatos en la actividad pública, pero con interesantes historias profesionales e intelectuales. Revela cierta audacia de Piñera. Los errores han sido, principalmente, de forma, no de sustancia. Hay algunos ministros que han demostrado que la inteligencia tiene muchas dimensiones: ser inteligente no exime a una persona de decir o hacer tonteras. Pero sí debería llevar a aprender de esos errores. Veremos. Es todavía temprano para evaluar seriamente.

    -La oposición acusa una contradicción en el gobierno al querer revalidar la política de los acuerdos, por un lado, y por otro lado seguir culpando a la administración de Bachelet y usar una “retroexcavadora administrativa”.

    -Es importante, sano, que el Presidente transparente el estado en que recibió al país. También es importante buscar soluciones que tengan un mínimo de consenso nacional, para hacerlas duraderas en el tiempo. Ojalá los líderes de la oposición no sean tan frágiles temperamentalmente, que frente a la explicitación de lo ocurrido se amurren. Muchos parlamentarios han dicho todo tipo de barbaridades de Piñera, pero este sigue dispuesto a trabajar con ellos. Piñera tiene la piel gruesa y ha demostrado en múltiples oportunidades que no es rencoroso. Una cosa es hablar al país sobre la realidad que heredó este gobierno, el pasado. Otra cosa es buscar soluciones conjuntas a los problemas heredados, el futuro. No darse cuenta de que son dos cosas diferentes revela fuertes limitaciones analíticas o gran fragilidad frente a las críticas.

    -¿Qué le ha parecido lo mejor de lo hecho o anunciado hasta ahora?

    -Creo que está mejorando el ambiente de convivencia nacional. Piñera está dejando de lado la cuña que introdujo Bachelet, que dividía al país entre buenos y malos. Sin abandonar sus principios, está buscando puntos en común más allá de su coalición política. Por el lado de la economía, el abandono de la actitud hostil hacia la actividad privada, hacia la legítima búsqueda de utilidades, hacia la eficiencia operativa del aparato estatal, es muy positivo.

    -Más allá de arreglar las reformas de Bachelet, ¿cuál es la gran iniciativa que este gobierno debiera impulsar?

    -Todas las políticas públicas generan transferencias y simultáneamente incentivos, muchos no deseados. Cambiaría el enfoque desde uno en que el bienestar pasa por programas estatales, a otro enfocado en incentivos para lograr objetivos. Mi experiencia en 30 años siguiendo a países a través de todo el mundo es que la mayoría de los gobernantes se enfocan en transferencias. Especialmente en América Latina. ¿A quién le sacamos y quién recibe? ¿Cuánto les sacamos a unos y cuánto damos a otros? Las transferencias generan beneficiarios inmediatos, apoyo inmediato, lo que es un elixir para los gobernantes. Pero los líderes que transforman a sus países en forma positiva entienden que los incentivos son la herramienta más efectiva en el largo plazo. Esto es muy claro en Asia, la región más dinámica del mundo hoy. Les dan gran prioridad a los incentivos a invertir, a estudiar, a trabajar, a ahorrar, a ser eficientes, a todo lo que ayude al crecimiento económico. Están dejando atrás al resto del mundo. En Chile, poco servirá una burocracia estatal para la ciencia si no generamos incentivos a estudiar ciencia, a usar ciencia, a invertir en ciencia.

    -Pero muchos economistas apoyan esos programas del Estado. ¿Están equivocados?

    -Ocurre lo mismo con economistas que con políticos. Hay muchos economistas talentosos, expertos en medir y proponer transferencias de un sector a otro, con sesgo y talento de calculistas, de buen contador público. Por lo general, tienen una visión estática del mundo. No dan importancia a los efectos de segundo o tercer orden de lo que proponen, que suelen ser mucho más importantes en el tiempo que las transferencias. El trabajo reciente de Rodrigo Valdés en esta materia es excelente y oportuno. Muestra que en Chile el crecimiento económico tuvo un impacto múltiples veces mayor en reducir la pobreza y mejorar la distribución del ingreso que los programas gubernamentales de transferencias. Buena lectura para políticos y economistas.

    -¿Qué le parece que el gobierno haya desechado la baja del impuesto a las empresas que era un pilar de su programa económico?

    -En primer lugar, pienso que es muy importante tener una política de recaudación y gasto progresiva, que ayude a mejorar la distribución del ingreso. No soy de los economistas que piensan que solo importa el nivel de ingreso de los más pobres. La distribución del ingreso importa para tener una sociedad sana, con mejores oportunidades para los más pobres en todas las dimensiones de la vida. Las ciencias sociales modernas que incorporan neurociencia, evolución, economía del comportamiento, muestran claramente lo importante que es para los seres humanos su posición relativa en un grupo, para su felicidad y para el armónico funcionamiento de grupos.

    Habiendo dicho eso, creo que el impuesto a las empresas es una de las formas más dañinas y contraproducentes para financiar al Estado. Afecta la inversión, el ahorro, distorsiona el comportamiento de empresas. El impuesto a las empresas no es la única variable que afecta a la inversión. Importa todo el ecosistema de regulaciones, seguridad jurídica, marco laboral, facilidad para abrir y cerrar operaciones, capital humano de la fuerza laboral, etc. Pero el impuesto a las empresas es una variable muy importante dentro de ese ecosistema. Una tasa del 27% es contraproducente. EE.UU. acaba de bajar el impuesto a las utilidades a 21%, con efectos importantes e inmediatos en el comportamiento de empresas.

    -¿Entonces fue un error renunciar al programa sin haber negociado en el Congreso?

    -La baja de impuestos tenía que darse dentro de un conjunto de otras medidas referentes al tamaño del Estado y al financiamiento del mismo. Bajar los impuestos un par de puntos y no bajar el gasto, sin reemplazar por impuestos menos dañinos, tampoco es la solución. Hay que generar consensos para hacerlo en forma sostenible, hay que estar dispuesto a usar capital político, a dar la pelea intelectual y política. No sé si Piñera abandonó su compromiso por realismo político, por posición filosófica en el tema, o porque tiene otras prioridades en qué usar su capital político. Recordemos que él subió este impuesto en su primer gobierno. Pienso que para tener un efecto importante necesitamos bajarlo en una magnitud mucho más significativa de lo que propuso este gobierno en su programa.

    -Muchos economistas insisten en que a medida que el país se desarrolla, el Estado necesita más recursos para financiar bienes públicos. ¿Es así?

    -Para nada. Esa es una opinión política como la pueden tener un dentista o un farmaceuta. No hay absolutamente nada en la teoría económica que diga que el óptimo tamaño del Estado es tal o cual. Pero sí sabemos que salvo casos específicos, los impuestos generan distorsiones, y que en la mayor parte del mundo el Estado es un hoyo negro en productividad. El Estado no tiene los incentivos ni los mecanismos endógenos de corrección que empujan al sector privado a ser eficiente. La evidencia es muy fuerte en esta materia a nivel mundial.

    -Ellos argumentan que los países de la Ocde captan más recursos por impuestos y gastan mucho más como porcentaje del PIB.

    -Es un error elemental. Confunden correlación con causalidad. Si una persona pobre va a La Dehesa y observa que mucha gente rica anda en Mercedes Benz, sería una pésima conclusión pensar que para hacerse rico tiene que comprarse un Mercedes Benz.

    -Pero los países de la Ocde, en promedio, tienen un gasto público mayor que el de Chile.

    -Desde el punto de vista de desarrollo económico, los países más exitosos del mundo en los últimos 50 años están en Asia. Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Hong Kong, todos tienen gasto público no mayor al 20% del PIB. Estos países definitivamente no han seguido el modelo de bienestar de los europeos, los cuales crecen a tasas muy bajas, hoy impulsados por políticas monetarias insostenibles en el tiempo.

    En 1960, Corea tenía un ingreso per cápita que era la mitad del de Perú y hoy tiene un ingreso per cápita más alto que Italia o España, es uno de los países más avanzados tecnológicamente en el planeta, tiene mejor distribución del ingreso que la mayoría de los países de Europa y académicamente sus alumnos lideran el mundo. Su gasto público es de 20% del PIB. El caso de Singapur es también extraordinario: según cifras del FMI ajustadas por poder de compra de la moneda, en 1960 su ingreso per cápita era de US$ 8.000 y el de Francia, de US$ 10.800. Hoy, ajustando por poder de compra, el ingreso per cápita de Francia es de US$ 45.000 y el de Singapur, de US$ 98.000. El gasto público en Singapur es 18% del PIB.

    -¿En qué está al debe el gobierno de Piñera?

    -Por ahora, en todo lo que sea reformas para acelerar el crecimiento económico de largo plazo, el principal desafío que tenemos como país. Pero ha pasado demasiado poco tiempo. El desafío más importante es la legislación laboral. Si no la cambiamos tendremos tasas de desempleo crónicas mucho más altas que hoy. Necesitamos un consenso nacional para adecuar la legislación laboral a la realidad del siglo XXI, a los shocks tecnológicos. También se puede avanzar en materias de medio ambiente. Hay espacio para usar impuestos inteligentemente. La contaminación en Santiago y en otras ciudades es una vergüenza de insalubridad que los chilenos aceptan pasivamente, después de quejarse un poco. Deberíamos usar todas las herramientas de la economía para resolver estos problemas en forma eficiente. Esto implica el uso agresivo de impuestos a actividades contaminantes, impuestos al carbono mucho mayores a los que hoy se aplican. El problema de externalidades no se resuelve con permisología ni con burocracia, ni con comités de decisión, sino que con impuestos específicos. Tenemos una excelente ministra que ojalá el Presidente empodere.

    -Con todo, el repunte de la actividad se está consolidando y las expectativas de PIB para el año bordean ya el 4%. ¿Es una recuperación solo cíclica?

    -La recuperación comienza con la estabilización y luego recuperación del precio del cobre y también con las expectativas de cambio político que predecían las encuestas. Pero se consolida por la magnitud del triunfo de Piñera; la gente rechazó la retroexcavadora. De hecho, el frente externo es más difícil este año que el 2017. Pero no nos engañemos, el marco para la inversión en Chile no es positivo y hasta ahora no hemos visto grandes cambios. El año pasado, Pablo Echeverría hizo una excelente presentación en la Conferencia de Moneda Asset, donde destacó que la industria más próspera en Chile en los últimos años era la de la permisología. Todo aquello relacionado a la obtención de permisos. Si queremos consolidar una recuperación a tasas de crecimiento más altas, esto debe cambiar.

    -El exministro Nicolás Eyzaguirre dijo que el gobierno anterior tuvo mala suerte y que por eso crecieron menos. Si este es un repunte cíclico, ¿tenía razón?

    -La declaración del exministro Eyzaguirre me hizo acordar de la declaración del expresidente argentino Raúl Alfonsín, quien dijo que tuvo la mala suerte de gobernar durante la hiperinflación. No se le ocurrió preguntarse si sus acciones tuvieron algo que ver con esa hiperinflación. Alfonsín no fue el primero ni Eyzaguirre será el último en atribuir a la mala suerte el mal desempeño de la economía mientras estuvieron en el gobierno. Hasta ahora, nunca he visto a alguien que atribuya el buen desempeño de su gobierno a la buena suerte.

    -¿Existe el riesgo de que el gobierno se conforme con un crecimiento del PIB cercano a 4% y no haga lo necesario para crecer sobre eso?

    -Pienso que la tasa de crecimiento de largo plazo de Chile está bastante por debajo del 4%. Sería muy positivo si pudiéramos crecer a tasas sostenidas de 4%. El ministro Larraín y el ministro Valente fueron de los primeros en identificar y hablar en contra de las medidas antiinversión del gobierno anterior y su negativo impacto en el crecimiento. Han sido muy enfáticos en describir la necesidad de reactivar, de facilitar, de destrabar la inversión. Todo indica que tienen la intención de trabajar en subir la tasa de crecimiento potencial. Si no podemos elevar el crecimiento potencial no será por complacencia de ellos; seguramente será por las limitaciones políticas que enfrenta el gobierno para hacer cambios.

    -¿Cómo debe acompañar el Banco Central este proceso de repunte de la economía? Hay quienes ven un alza de tasas a fin de año.

    -Tenemos un Banco Central de lujo. La mejor forma de ayudar al país es teniendo la inflación controlada. Déjenlos trabajar solos, que han hecho un excelente trabajo. Pero creo que hay una discusión pendiente, relacionada al nivel de la meta de inflación. La meta del 3% fue adoptada hace mucho tiempo, en un mundo radicalmente diferente al actual, donde, salvo casos patológicos como Venezuela o Argentina, hay fuertes fuerzas deflacionarias. Es posible que esa meta de inflación sea excesivamente alta y obligue al Banco Central a tener una política de tasas excesivamente bajas, generando distorsiones a través de la economía. No hay nada que indique que la economía chilena no pueda funcionar eficientemente con una inflación del 2%. No es una propuesta, pero sí una invitación al Banco Central a una reflexión dado el contexto actual.

    -El año pasado, usted fue muy crítico de Argentina, lo que le valió discusiones con autoridades. ¿Por lo visto ahora tenía razón?

    -A pesar de que estaba negativo sobre Argentina, me sorprendió la velocidad con que se desarrollaron los eventos. Al llegar al poder el gobierno de Macri, tomó la decisión de no ajustar el gran déficit fiscal heredado del gobierno anterior. Adoptaron una estrategia que llamaron “gradualismo”, que involucraba no hacer nada proactivo en reducir el gasto de gobierno que se había duplicado durante los años de los Kirchner. Era una estrategia muy latina, enfrentar un gran problema sin hacer nada. El problema se resolvería solo, con crecimiento. Dos años después de haber llegado al gobierno, el déficit del sector público era de 6,5% del PIB, mayor que el que dejó Cristina Kirchner. Inicialmente me pareció razonable dar el beneficio de la duda a Macri, porque tenía muy poco capital político. Pensé que harían un esfuerzo para bajar el gasto después de las elecciones legislativas de octubre, pero no lo hicieron. Tenían un equilibrio muy frágil, que dependía de los flujos externos para financiar el déficit. Pero en diciembre y enero decidieron darle un toque de populismo light, destruyendo ese frágil equilibrio. Fracasaron en cumplir con las metas de inflación, pero en vez de apretar la política monetaria decidieron cambiar la meta de inflación, bajar las tasas de interés e impulsar una devaluación que les pegó duramente a los inversionistas que los estaban financiando. Los capitales se fueron y quedaron con enormes déficits y sin ningún financiamiento. La reversión de flujos de capital hacia EE.UU. fue el tiro de gracia. Ahora, en circunstancias mucho más difíciles y bajo la tutela del FMI, están obligados a hacer el ajuste que no quisieron hacer antes.

    -¿Y ese acuerdo con el FMI funcionará o le costará la reelección a Macri?

    -Pensé que el anuncio del acuerdo con el FMI estabilizaría al mercado, dado que el monto del apoyo, de US$ 50 mil millones, es mucho mayor de lo que se esperaba. Pero obviamente no fue así. La situación ha demostrado ser bastante más difícil. Parte del problema es que las autoridades fiscales que antes dijeron enfáticamente que no había que hacer un ajuste son las que hoy lideran el ajuste. Si bien han entregado nuevas metas fiscales, no han entregado detalles sobre cómo cumplirán esas metas. Pero desde el anuncio del acuerdo han ocurrido varias cosas positivas. Dicen que el primer paso en resolver un problema es reconocer que existe un problema. Por primera vez desde que llegó Macri al gobierno reconocen que tienen que ajustar fiscalmente y creo que bajo la tutela del FMI lo van a hacer. El Banco Central está haciendo un buen trabajo recortando liquidez y terminó el financiamiento monetario del déficit fiscal. El FMI, EE.UU. y Europa quieren que a Macri le vaya bien y lo apoyarán. En octubre hay una reunión de los presidentes del G-20 en Argentina, y no van a querer ir a un país en crisis. La gran incógnita es la magnitud de la inevitable recesión y su impacto político. Tiendo a pensar que Macri fue muy rápido en ir al FMI y que de acá a la elección del año que viene la economía va a estar recuperándose. Dado que la oposición está desagregada y desprestigiada, el escenario central todavía es que Macri gana. Contra los pronósticos, Macri ha sido mucho más hábil como político que como administrador de la economía.

    /Entrevista de Olga Bustamante para La Tercera

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