A comienzos de los años 90 Internet era incipiente; una herramienta futurista con la que sólo algunos iniciados tenían contacto. Reinaban los medios de comunicación tradicionales (los diarios, la radio y la tele) y el mañana era la TV por cable que lentamente se extendía por el país.

Aún así, el carisma del entonces Presidente, que murió este domingo a los 90 años, lograba afianzarse en el inconsciente colectivo merced a frases altisonantes, que rebotaban y se compartían como broma o con indignación, que se repetían en estudios de radio o TV pero que, por sobre todo, que se transmitían oralmente, de persona a persona. Sonaban en mesas familiares, en bares, en oficinas, en la vereda y de una manera u otra recorrían el país de punta a punta.

El afiche de la campaña que llevó a Calos Menem a la presidencia en 1989.

Hagamos un pequeño ejercicio de memoria. Arranquemos por el lema presidencial de campaña de 1989: “¡Síganme! no los voy a defraudar”. De manera laudatoria, con enojo o desazón ¿quién de los que cruzó esa época puede asegurar no haber ironizado con esa sentencia alguna vez?

Vamos a algunas de las patinadas más famosas del expresidente que quedaron en el acervo popular.

En la inauguración de un ciclo escolar: “Como dijo Atahualpa Yupanqui, caminante no hay camino, se hace camino al andar”. El verso pertenece al poeta español Antonio Machado.

En el programa de TV de su amigo Bernardo Neustadt: “Leo mucho a Sócrates. En mi biblioteca tengo la colección completa de sus obras”. Sócrates no dejó ninguna obra escrita.

Los “Menemtruchos”, billete hecho con papel moneda que “homenajeó” la convertibilidad de su Gobierno.

Aunque no todos fueron gafes. También hubo picardía y grandilocuencia. El lujoso Tango 01 se sacudía violentamente en el aire mientras la comitiva presidencial volaba a Nueva Zelanda. Así tranquilizó el entonces presidente a los angustiados pasajeros: “No temáis, estáis con César y su estrella. Nadie muere en la víspera”.

El titular de la Casa de la Moneda Armando Gostanián, en un gesto chupamedístico inédito, había fabricado billetes con la cara de Menem. Les decían los “menemtruchos” y eran para regalar (hoy son codiciados por los coleccionistas). El Presidente se desentendió de Gostanián con la frase: “Yo le digo gordo bolú” y cerró el tema.

En política económica dejó “estamos mal pero vamos bien”, el bíblico “Argentina, levántate y anda”. Una sinceridad brutal: “Si hubiera dicho lo que iba a hacer no me votaba nadie” y el lapidario “Ramal que para, ramal que cierra”, sobre la destrucción del sistema ferroviario del país. También otras más leves pero muy recordadas, como “la Ferrari es mía”, sobre el auto que recibió el Estado nacional como presente de la automotriz italiana.

Sin embargo la más rememorada por estos días de misiones espaciales retomadas es la de los cohetes a la estratósfera. La dijo en el comienzo de clases en una escuelita de Tartagal en 1996: “Dentro de poco tiempo se va a licitar un sistema de vuelos espaciales mediante el cual desde una plataforma, que quizá se instale en Córdoba, esas naves van a salir de la atmósfera, se van a remontar a la estratósfera, y desde ahí elegirán el lugar donde quieran ir, de tal forma que en una hora y media podremos estar en Japón, Corea o en cualquier parte del mundo”.Por estas frases rimbombantes se dispararon burlas de argentinos de todos los credos políticos. Si le molestaba o no, lo sabe sólo su círculo más íntimo. El dato real es que el pícaro riojano jamás dejó trascender un enojo. No envió emisarios vengadores ni entabló juicios ni cruzadas morales, ni siquiera gestos fruncidos. Por el contrario, los dejó ser (como dirían los Beatles) y capitalizó a aquellos incipientes memes orales como herramienta de difusión.

Acaso como pocos hombres de la política han hecho en su favor en la historia de nuestro país.

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