“El 9 de junio de 2015, después de la misa de las 20.00 horas, el imputado llevó a la víctima a la casa parroquial, y mientras la víctima estaba sentada en el sillón del living, el imputado comenzó a tocarle los genitales por encima de la ropa, pidiéndole que también lo tocara, incitándolo a subir a su habitación (…) La víctima accedió, por miedo a lo que podría pasar si decía que no”. El extracto anterior, leído este viernes en el Juzgado de Garantía de Rancagua, corresponde a uno de los cinco casos denunciados en contra del excanciller del Arzobispado de Santiago, Óscar Muñoz Toledo, y que fueron descritos por la Fiscalía Regional de O’Higgins durante más de 30 minutos, en la formalización del presbítero. La audiencia concluyó con la prisión preventiva del religioso, imputado del presunto delito de abuso sexual reiterado y estupro.

El tribunal fijó un plazo de 180 días para la investigación. En ese período, Muñoz, quien se autodenunció el 2 de enero de este año dentro del Arzobispado, permanecerá en prisión preventiva en el modulo 1 de la cárcel de la región, tras petición del fiscal regional Emiliano Arias, al considerársele como “un peligro para la sociedad”. De las cinco denuncias que se encuentran en investigación, tres corresponden a sobrinos del sacerdote, hijos de primas hermanas de la línea materna y a las que conocía desde su nacimiento, según se señaló en la audiencia.

Denuncias

Óscar Muñoz Toledo (56) fue ordenado sacerdote el 3 de julio del 2000 por el cardenal Francisco Javier Errázuriz. Dos años después, según el detalle de los delitos que el fiscal describió en la sala, comenzaron los ataque sexuales en contra de tres menores, por aquel entonces de 12, 13 y 11 años.

Los primeros hechos habrían ocurrido en 2003, en la casa de la Parroquia Inmaculada Concepción, de Maipú, y en la casa de la familia del excanciller, en Macul.

Según señaló el Ministerio Público, “en 2006, el imputado se encontraba en el domicilio que comparte con su madre, al cuidado del menor tras encargo de los padres de este. En ese contexto, decidió que la víctima dormiría en su habitación, por lo que en horas de la noche la víctima se fue a acostar al sofá cama al lado de la cama del imputado. Producto de eso, fue aprovechado por el imputado quien, abusando de la relación de dependencia de la víctima hacia él en esos momentos (…) cierra la puerta de la pieza con llave y le pide a la víctima que se saque el pijama (…) Pidiendo además que se acueste arriba de él”. La situación se habría detenido cuando el menor le dijo a Muñoz “ya tío, voy a dormir en el sofá”.

En 2009, mientras el sacerdote seguía en Maipú, la fiscalía señaló que Muñoz se comenzó a acercar al hijo de una miembro activa de la parroquia, que asistía al templo desde que el menor tenía 8 años. Cuando este cumplió 12, Muñoz se acercó a la madre y le dijo “este niño algo tiene”, y tras realizar su primera comunión, comenzó a desarrollarse como acólito en Inmaculada Concepción.

“En el invierno de 2009, (Muñoz) invitó a la víctima a la casa parroquial, les dijo que se fueran a acostar y le pidió que se acostara en la cama junto a él. En ese momento el imputado comenzó a preguntarle a la víctima si se besaba con su polola, que cómo eran esos besos y que le mostrara cómo eran aquellos besos. Es decir, que lo besara”.

Luego, según la descripción de la formalización, el sacerdote le habría dicho al menor “que estaba excitado”, intentando mantener contacto corporal por la fuerza, acto que no pudo realizar a causa de la resistencia del niño. “La víctima solo logra liberarse cuando le dice que quería ir al baño, lo hace y se encierra en su pieza”, añadió el persecutor.
Arias también dio a conocer los factores en común que existirían en los actos que habrían sido cometidos por el presbítero.

“Son víctimas todas menores de edad, con inexperiencia sexual, que fueron atacadas sexualmente en el domicilio del imputado, en el domicilio propio de las víctimas cuando estaban bajo el cuidado de este, por la confianza que generó con las víctimas y con los padres de las víctimas. (O sea) son dos áreas de confianza, con los familiares y, además, utilizando su cargo de sacerdote en la Iglesia Católica. No es menor que se hayan cometido los delitos al interior de la Iglesia, al interior de casas parroquiales”, señaló el fiscal.

Uno de los hechos que causó más conmoción durante la formalización fue cuando el fiscal describió el abuso de Muñoz en contra de un menor entre 2013 y 2015, de quien era guía espiritual y al que invitó a trabajar con él en la Contraloría de Denuncias del Arzobispado.

Durante la noche del 14 de febrero de 2017, el menor se quedó a dormir en la casa parroquial de Estación Central. Como Muñoz estaba de cumpleaños al día siguiente, le pidió al niño que le diera “su regalo”, insistiendo en que mantuvieran relaciones sexuales.

En la audiencia se mencionó también que Muñoz le habría dicho al menor que si le contaba a alguien, el único perjudicado sería él, por sus deseos de convertirse en sacerdote. La víctima denunció este hecho en la Oficina de Denuncias del Arzobispado, el pasado 1 de junio.

En enero pasado, el excanciller reconoció, en la Oficina Pastoral de Denuncias del Arzobispado de Santiago (Opade), dos denuncias de las cinco que se le imputan. Fue suspendido de sus labores pastorales y de la parroquia Jesús de Nazareth. Aquello habría ocurrido posterior a un enfrentamiento con los familiares de uno de sus sobrinos. “Es efectivo que se enteraron, por las denuncias de una de las familiares de uno de los tres sobrinos a finales de diciembre. Ahí es donde ocurre el encuentro con la familia, y luego el sacerdote se autodenuncia”.

El abogado Gabriel Enríquez, defensor de Muñoz, manifestó que “el sacerdote, en general, está tranquilo, desde la perspectiva que por fin podemos enfrentar ya esta situación. Hay una carga emocional no menor, que además se ha prolongado por mucho tiempo”.

Frente a los cinco casos de abuso que se le imputan al excanciller, Henríquez dijo que “hay tres hechos que creemos que podemos discutir. Y cuando digo discutir, me refiero a que no los reconocemos, por ahora”.

Decomiso

El día de la detención de Muñoz, el reciente jueves 12, Carabineros también allanó la sede del Arzobispado de Santiago. Según informó La Tercera PM, Emiliano Arias obtuvo acceso a todas las denuncias e investigaciones realizadas desde el año 2007 a la fecha, iniciadas por delitos que afectan la integridad e indemnidad sexual de menores de edad. Serían más de 100 los archivos que el Ministerio Público incautó en la Opade, y que ahora pueden abrir nuevas diligencias.

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