La fiebre es uno de los síntomas que más preocupan a los padres y es la principal causa de consulta con el pediatra. Se debe a un aumento de la temperatura del cuerpo mayor de lo normal, que, cuando el niño lo padece, ocurre como consecuencia de la activación de un mecanismo de defensa por parte del organismo, generalmente a causa de una infección por virus o bacterias.

Y si bien se sabe que el síntoma es señal de que el sistema inmune se está defendiendo de algún factor externo que amenaza su equilibrio, es normal que los padres se alarmen ante su primera manifestación.

Lo que los pediatras tratan es la causa que la produce. Si se trata de un agente infeccioso, probablemente le indique al niño un tratamiento antibiótico y antitérmico para disminuir la fiebre, mientras que si es viral, la indicación suele ser mantener a raya las altas temperaturas y esperar que el cuadro decante solo.

La médica pediatra Valeria Blumetti (MN 101859) enumeró a Infobae los motivos que deben disparar una consulta médica: “Si el niño es recién nacido o tiene menos de tres meses, si está decaído o muy dormido, si se observan cambios en la coloración de la piel (pálida, azulada), si tiene manchas o erupciones o bien si el niño tiene alguna enfermedad previa”.

Ante un cuadro de fiebre suele recomendarse esperar que aparezcan otros síntomas, como mocos, dolor de garganta, sospecha de dolor de oídos, etc., antes de consultar al médico. “Dependiendo de la edad del niño, si tiene más de un año se puede esperar 24 horas para realizar la primera consulta de fiebre hasta que aparezcan otros síntomas que definan el diagnóstico del niño, salvo que la fiebre esté asociada a mal estado general, vómitos o manchas en la piel, por lo que se recomienda ir a la guardia en el momento”, agregó la coordinadora de guardia pediátrica de Clínica Zabala.

Sobre qué es lo que indica la gravedad del cuadro o la premura en la consulta, destacó: “La gravedad no varía con la intensidad de la fiebre, sino con la velocidad en que aumenta, ya que hay más riesgo de convulsión febril si la temperatura aumenta rápido que si tarda en llegar a 40 °C”.

Los médicos consideran fiebre a la temperatura corporal superior a los 38 °C (Shutterstock)

Los médicos consideran fiebre a la temperatura corporal superior a los 38 °C (Shutterstock)

Y tras asegurar que “si hay fiebre siempre hay que dar antitérmicos para mejorar el síntoma”, la especialista ahondó: “Los síntomas de las infecciones virales y bacterianas son muy similares. Los pediatras son los encargados de determinar si el cuadro es viral o bacteriano y eso va a depender de la evolución clínica (de los síntomas)”.

Así, la manera de diferenciar el origen de una enfermedad es complicada y un poco ambigua, pues los signos pueden ser muy similares. Por lo tanto, si se quiere atacar la afección de un modo directo y efectivo lo mejor es acudir al médico de cabecera para que indique cuál es su causa y dé el tratamiento más adecuado.

Consultada sobre de qué depende que un niño haga convulsiones febriles, Blumetti resaltó que “son una respuesta del cerebro al aumento rápido de la temperatura corporal y usualmente ocurren en niños de entre seis meses y cinco años y son particularmente comunes en aquellos que están en edad de aprender a caminar”.

“Los niños rara vez desarrollan su primera convulsión febril antes de los seis meses o después de los tres años de edad -puntualizó-. Entre más avanzada es la edad del niño, menor es la probabilidad de que el niño sufra este tipo de complicaciones”.

Y añadió: “Suelen ocurrir durante el primer día de fiebre y pueden aparecer en temperaturas a partir de los 38 °C, independientemente de si la causa de la fiebre es viral o bacteriana”.

El pediatra será el encargado de determinar si el cuadro es viral o bacteriano (iStock)

El pediatra será el encargado de determinar si el cuadro es viral o bacteriano (iStock)

“En caso de convulsión febril en un niño, la siguiente vez que tenga fiebre se recomienda que con 37,5 °C se administren antitérmicos, más medios físicos para bajarle la temperatura lo más rápido posible -aconsejó la especialista-. Una medida preventiva sería tratar de reducir el número de enfermedades con fiebre, aunque esto no es una posibilidad práctica”.

Sobre el uso diario y prolongado de anticonvulsivantes orales para prevenir las convulsiones por fiebre, la pediatra opinó que “no es recomendado debido a los efectos secundarios potenciales y porque su efectividad en prevenir tales convulsiones es discutible”. En todo caso, será un neurólogo quien definirá si dar anticonvulsivantes ante convulsiones febriles reiteradas.

Se recomienda que los niños retomen sus actividades escolares una vez que hayan pasado más de 24 horas sin fiebre, no antes y siempre cuando su pediatra les otorgue el alta médica.

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