Hace meses que el metro de Caracas funciona gratis para todos los pasajeros, desde que se agotaran los billetes con los que se cobraba a los usuarios y la empresa fuera incapaz de reponerlos por falta de fondos.

“La compañía no ha vuelto a comprar los rollos de boletos porque no tiene recursos ni para eso”, informan desde la Asociación Civil Familia Metro.
La carencia de personal causada por el absentismo laboral y la inmigración ha sido otro de los alicientes que ha provocado esta situación y los letreros escritos a mano, en los que se lee “Cerrado”, se repiten en todas las taquillas.

Los pasajeros se agolpan formando colas interminables para subirse a los vagones que, en la mayoría de los casos, pasan días sin limpiar, mientras los ladrones y vendedores ambulantes aprovechan las aglomeraciones para hacer su agosto.

Por décadas, la llamada “cultura Metro” era motivo de orgullo para los ciudadanos y la empresa se convirtió en un modelo de gestión en América Latina desde su entrada en funcionamiento en 1983. Mientras en otras ciudades los subterráneos suelen ser hostiles por el trajinar de pasajeros, en Caracas el Metro fue un oasis de puntualidad, limpieza y ciudadanía bajo una ciudad caótica. El caraqueño transformaba su conducta apenas tomaba la primera escalera mecánica para descender a los andenes.

Las averías son frecuentes y obligan a desalojar a los pasajeros en medio de las vías y túneles, sin apoyo del personal de seguridad, como ocurrió el miércoles y el lunes de esta semana por una falla de energía.