Con gran pesar y creciente indignación, nosotros, el personal en retiro de las FF.AA., de Orden y Seguridad Pública hemos tomado conocimiento del fallecimiento en cautiverio de uno más de los nuestros, esta vez el Sargento de Carabineros Don Leonidas Bustos San Juan, fallecido en crueles circunstancias luego de una larga y angustiosa agonía, cuyos pormenores son difíciles de transcribir, pues no fue sólo el cáncer que lo afectaba, la causa de su muerte.

El Sargento Bustos, funcionario de larga trayectoria profesional en Carabineros de Chile, donde alcanzó el alto grado de Suboficial, de 87 años de edad, aquejado también de otras graves dolencias, falleció lejos de su hogar y de su familia como prisionero político en el Penal Colina 1 sin recibir los cuidados y tratamientos que su delicada condición requería, ni la oportuna y adecuada atención médica al momento de hacer crisis.

En nuestra condición de demandantes del respeto a la dignidad humana que todo chileno merece y con mayor consideración de quienes integran la tercera o cuarta edad, se nos hace imperioso denunciar y resaltar ante la ciudadanía, que, al momento de la notificación de su condena, por su edad y condición, y por decisión de su familia, el Sargento Bustos se encontraba viviendosólo asistido por su hijo y familiares, quienes le brindaban cuidados y atención médica, y desde el cual fue arrancado por disposición de jueces chilenos, e internado sin cuidado alguno en el Penal Colina 1.

Resulta inconcebible e inaceptable la indiferencia, cobardía e irracionalidad con que actúan quienes, desde el gobierno, parlamento y judicatura, tienen la responsabilidad de velar por el respeto a los derechos humanos de todos los chilenos, aun de aquellos que están privados de libertad, pues de ellos depende que situaciones como las que rodearon la muerte del Sargento Bustos no ocurran. Sin embargo, la negligencia y falta de sabiduría con la que actúan, tiene mucho más de deliberada venganza que de justicia justa.

A diferencia de ello, la formación de quienes hemos integrado las filas institucionales, que constituye el cimiento en que se asienta el Poder Militar, se basa en valores permanentes de la sociedad chilena, como la moral, la ética y la disciplina. Esta formación da confianza a quien manda, de que será inteligente y comprometidamente obedecido. El subordinado por su parte, tiene a su vez plena certeza en que su superior nunca lo abandonará: esto es un punto clave para el ejercicio del mando.

¿Con qué moral se le va a pedir a un subordinado que entregue su vida por la Patria, si es un hecho histórico comprobado, que aquellos que en el pasado obedecieron órdenes superiores para salvar a la Nación, hoy han quedado abandonados tras las filas enemigas? Es penoso usar esta expresión, “filas enemigas”, pero así se está escribiendo la historia y situaciones como la del sargento Bustos la demuestran.

Es por ello que es incomprensible, inconcebible e impresentable la situación político – judicial que viven los militares que en décadas pasadas, fueron enviados por sus mandos legales a enfrentar y a derrotar a violentistas que formaban parte de fuerzas armadas bajo las ordenes de potencias extranjeras.

La responsabilidad de cuidar a Chile es de todos los chilenos pero, muy en especial, de aquellos a quienes el Estado les ha entregado el monopolio del uso de las armas. Impedir el debilitamiento de las bases de sustentación de la Instituciones militares y policiales es tarea fundamental e ineludible de quienes nos gobiernan. Por el contrario, continuar socavando el espíritu solidario, la disciplina y el irrestricto amor a la Patria de quienes han jurado dar su vida por ella, seguirá debilitando las capacidades de disuasión y de defensa del país, así como  la paz y seguridad interior.

/Por Multigremial Nacional del Personal en Retiro de las FF.AA., Carabineros, PDI y Montepiadas