“El sentimiento de culpa no se va”. Cuando Karla Rubilar, 41 años, exdiputada, independiente y médica de profesión, aborda sus primeros cuatro meses como intendenta de la Región Metropolitana, se emociona.
Sin titubear, asegura que se ha “enamorado” de su nueva labor, pero asegura que los costos familiares han sido muchos. Es esposa y madre de cuatro hijos y cuenta, con algo de pena, que se ha perdido momentos importantes con ellos.

“Lo único que hace que valga la pena es que uno realmente puede hacer cosas. Es tan diferente al Parlamento, es todo más rápido, uno puede planificar y ha sido una hermosa sorpresa este cargo”, señala.

¿Cuál es el balance que hace de su gestión? 
Son cuatro meses que han pasado muy rápido. Cada día es un mundo, uno vive en medio de la contingencia y, además, hay que planificar la ciudad. Hemos tratado de instaurar los lineamientos que nos mandató el Presidente Sebastián Piñera, que es cómo convertimos la Región Metropolitana en una región más amable, inclusiva y equitativa. Lo primero que hicimos fue hacer convenios para realizar un levantamiento de nuestra región y ver cuáles son las brechas y, según ese diagnóstico, tomar decisiones de inversión. Pero, a la vez, estamos dando otra discusión: cómo llevamos la ciudad donde no hay ciudad, a la periferia, a lo que en algún momento se llamó la “precariópolis”: donde mandamos a vivir a la gente cuando los sacamos del campamento.

¿Qué piensa del debate liderado por el alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín, respecto de las viviendas sociales?
Es una iniciativa que va por el camino correcto, de ir generando disminución de la segregación tan brutal que tiene esta región, porque están mal distribuidos los recursos. En el gobierno regional tenemos $ 115 mil millones de presupuesto, de los cuales de libre disposición son $ 56 mil millones para toda la región; al año, la Municipalidad de Las Condes tiene como presupuesto $ 340 mil millones. El mayor valor del alcalde Lavín no es instalar una torre de viviendas sociales de 85 departamentos, sino que instalar la discusión, porque si nos ponemos muy estrictos, 85 departamentos para personas que viven hace 20 años en Las Condes, a 10 cuadras de ahí, no es inclusión real. No estamos hablando de que la gente de La Pintana, de La Legua se va a ir a Las Condes. Estamos hablando de que la gente de Las Condes que vive ahí se pueda quedar. Eso es un debate importante, pero el debate de fondo es cómo convertimos que nuestras otras comunas vayan asimilándose cada vez más a comunas de grandes ingresos.

¿Usted cree que la medida de Lavín no es suficiente?
No es suficiente y tapa el debate de fondo: llevar la ciudad a la gente de la periferia. Pido que pasemos del debate de cuántas viviendas integradas hay en Las Condes a cuántos barrios construimos con mejor estándar en la periferia, donde vive la inmensa mayoría de la gente. Hay alcaldes que se les pregunta ¿por qué usted no hace lo que hace otro alcalde del sector oriente? La respuesta es simple: el alcalde de la periferia no tiene los recursos. Este gobierno regional es extremadamente limitado en sus recursos para generar equidad, entonces hay un debate de cómo redistribuimos la torta de mejor manera en nuestras 52 comunas.

¿Cuáles son sus propuestas de cambio?
Por ejemplo, Bernardo Larraín Matte nos está ayudando con la Sofofa con un proyecto en el río Mapocho, que es cómo convertimos el río, que hoy es un basural, en un punto de encuentro, sobre todo en el sector poniente, que es el más pobre. Cuando veo que la Sofofa dice ‘nos ponemos a disposición de Las Condes para ver cómo generamos mayores procesos integrativos’, yo le digo ‘perfecto’, pero señor Sofofa, no invierta en la élite, señor Sofofa, usted, que es la élite, invierta donde tiene que invertir: en el río Mapocho, en los corazones de barrio que queremos construir, que es lo que estamos soñando con los expertos, generar polos de desarrollo periurbanos, fuera del centro de la ciudad.

¿Hace un llamado al empresariado?
Hago un llamado al empresariado a entender que todos los esfuerzos que hace en Las Condes, bienvenidos sean, pero Las Condes tiene los recursos para poder invertir. Aspiro a que la empresa privada invierta un poco más allá de sus narices.

Todo esto se da en medio de la elección de gobernadores regionales. Lavín habló de que la figura del gobernador, hasta ahora, no tiene peso, ¿cuál es su opinión?
Lo comparto. Fue una ley que costó mucho sacar y finalmente salió ambigua.

¿Cuáles son las atribuciones básicas que, a su juicio, debe tener el gobernador regional?
Tiene que tener bajo su alero resolutividad de los diferentes servicios y áreas ministeriales para poder planificar realmente la ciudad. Va a depender de cuánto traspaso de competencias está dispuesto el Ejecutivo a entregarles a estos gobiernos descentralizados. Creo que uno debiera avanzar con todo el riesgo que pueda significar probar nuestra madurez política hacia gobiernos regionales que tengan la capacidad de tomar las decisiones de hacia dónde debe ir la ciudad. Hay que atreverse a ceder poder y ceder poder en política es difícil.

De lo contrario, ¿cuál es el riesgo?
De lo contrario, el riesgo es que sea una figura decorativa y que este cargo se ocupe como trampolín para ser un senador o candidato presidencial, y creo que uno de los graves problemas en el desarrollo de las regiones es que realmente no se quiera el cargo, sino que se quiera ocupar para otra cosa.
¿Y usted está dispuesta a ser candidata para gobernadora regional?
Yo tengo una gracia y es que no busqué el cargo. No era lo que estaba pensando, no le golpeé la puerta al Presidente para decirle ‘me gustaría ser intendenta’, y eso me otorga una libertad muy grande, porque no es que esté aquí pensando en una elección. Mi preocupación es que ojalá ganemos esta gobernación y ojalá ganemos el gobierno cuatro años más para proyectar todo lo que estamos haciendo. Mi tema es: que vaya el mejor posicionado y quien pueda ganar. Esta gobernación, en particular la Metropolitana, va a ser un termómetro de cómo se viene la presidencial y por eso me interesa que se gane.

Una cosa es que vaya el mejor candidato y la otra es tener una disposición personal para asumir un desafío como ese. ¿Usted está dispuesta?
Eso va a ser algo que uno va a tener que medir más cercano al momento. De verdad creo que lo importante es que lo que se sueña para esta región se mantenga.

¿Y cómo ve la figura de Lavín para ese desafío? Se lo pregunto porque es la figura con mayor aprobación en la centroderecha.
Joaquín Lavín es la mejor figura para entender que un mes en política es un siglo. Que en algún momento fue muy mal evaluado y que hoy día vuelve a ser el mejor, por lejos: eso es la política. Sin duda alguna, que si Joaquín Lavín mantiene esto en un año y medio más, feliz de que sea el candidato a gobernador, porque va a ganar y nos va a permitir mantener esta gobernación y dar una señal potente para tener un Presidente el día de mañana.

También podría ser candidato presidencial…
Si Joaquín Lavín, en el día de mañana, tiene esta popularidad que hoy día tiene y eso se reditúa no solo en popularidad, sino que también en votos, que no es lo mismo, porque a veces tenemos gente popular, pero la gente no vota por esa persona, por supuesto que es un tremendo nombre para enfrentar una presidencial o una gobernación. Ahora, lo que sí hay que tener superclaro es que gobernar desde Las Condes no es gobernar el país ni es gobernar la Región Metropolitana, porque las condiciones en las que se gobierna en Las Condes son privilegiadas y eso es bastante diferente a gobernar el país y la región.

Usted es independiente, ¿dónde se ubica políticamente? 
Me declaro una mujer bien de centro, liberal en esencia y piñerista. Siempre digo: fui, soy y seré piñerista y me siento parte, obviamente, del conglomerado de Chile Vamos.

¿Ha recibido peticiones de volver a militar en RN?
Hemos conversado. Hay gente cariñosa que a uno le ofrece y que te dice ‘te recibiríamos con harto cariño’, pero para uno volver a militar en un partido tiene que quedarse para siempre y por ese respeto que les tengo a los partidos creo que me tengo que quedar de independiente.

Bandera feminista

El Presidente Piñera señaló que había invitado a más mujeres a su gobierno y varias dijeron que no. ¿Cómo ve la situación de las mujeres en la centroderecha? 
En el tema de las mujeres en la centroderecha hay varios mitos, porque siempre aparece como que las mujeres estuvieran en la izquierda y no en la derecha y nosotros tenemos una cantidad enorme de representación. Somos mucho más proactivos en que las mujeres participen. Lo que dice el Presidente refleja un poco, no solo para la centroderecha, una constante dicotomía entre la casa y el trabajo. Probablemente, lo que pasa en materia de los ministerios y por qué hay mujeres que le dijeron que no al Presidente creo que tiene que ver con cómo compatibilizas la vida familiar y laboral, porque el sentimiento de culpa está siempre presente, es muy duro, muy difícil.

¿Cree que faltan oportunidades para las mujeres en la centroderecha?
Creo que el cambio se va a generar cuando las mujeres les abramos espacio a las mujeres. Todavía lo que nos falta en la centroderecha, como mujeres, es que, en general, no somos tan solidarias con nosotras mismas, somos a veces bien caníbales. Pero hoy día veo que las mujeres están haciendo espacio para otras mujeres y eso va dejando atrás el individualismo habitual de la centroderecha.

¿Se considera feminista?
Como dijo el Presidente, si feminista es querer que las mujeres tengamos las mismas oportunidades de derechos y deberes, por supuesto que sería feminista, porque siento mía la lucha por las desigualdades que hoy existen entre hombres y mujeres que me parecen arbitrarias. Somos diferentes, sin duda alguna, pero no puede ser que haya diferencias arbitrarias porque uno es hombre y otro es mujer. Creo que eso se debe ir erradicando.

¿Y usted se ha sentido discriminada en la política?
Entré al Parlamento con 28 años y viví episodios de ninguneo, pero uno va ganándose su espacio. Lo que me molesta, porque tengo un carácter fuerte, es que haya mujeres que tengan que cambiar su carácter para poder entrar a este mundo. Tengo colegas con otro carácter e iban transformando su forma de ser para tratar de ganar respeto o validación y eso me molesta profundamente, porque creo que una mujer debe liderar como quiera liderar.

¿Cómo ha visto la situación de las tomas de colegios debido al movimiento feminista?
Tengo sentimientos encontrados: hubo tomas que eran feministas, como la que vimos en la Católica, y hay otras que nunca entendí para qué eran, sentí que no había relato, no había petitorio, no había nada, muchas de ellas se dieron acá en el centro de Santiago, donde se tomaba el colegio, desalojábamos y se volvía a tomar. No sabía qué había detrás y fueron deslegitimando bastante el movimiento.

Las marchas fueron el gran dolor de cabeza del primer gobierno de Piñera y ahora han disminuido notoriamente. ¿Comparte los dichos del ministro de Educación, Gerardo Varela, quien señaló que “el tiempo de las marchas ya pasó”? 
Los tiempos de las marchas los pone la ciudadanía. No soy quién para determinar si el tiempo de una marcha pasó o no pasó, porque eso es un sentimiento inherente de la ciudadanía. El Presidente nos mandató a ser una intendencia de puertas abiertas, cada marcha es una marcha en sí misma y las vamos a evaluar todas. Nuestro llamado en la intendencia es sentarse siempre a conversar, a dialogar y a llegar a un buen consenso.

Respecto del exintendente Claudio Orrego, ¿se acabó la luna de miel? Dijo que creía que todo lo del intendente Orrego se tenía que mantener, pero después se la ha visto más crítica. 
Todo lo bueno del intendente Orrego se mantiene, lo que sí es que nos corresponde evaluar un montón de iniciativas o acciones administrativas. Si tenemos problemas administrativos, como deudas de teléfonos que no se han pagado o si no se tuvo seguro de este edificio patrimonial durante mucho tiempo, son cosas que uno tiene que accionar administrativamente sí o sí, y es parte de la responsabilidad de la persona que viene a asumir el cargo. Si uno tiene que evaluar proyectos que en el papel se ven bien, pero en la ejecución no, uno también tiene que hacerlo. La diferencia es que cuando he considerado que hay irregularidades o hay problemas he ido a la Contraloría sin prensa y espero que esta determine si esas irregularidades que creemos que existen son tales y sin son tales quiénes son los responsables.

¿Cuáles son las irregularidades?
Administrativas, de funcionamiento, de deudas, varias. Recibí una intendencia que se pensó en el papel, pero varias cosas de las que se ejecutaron, se ejecutaron mal. Por ejemplo, no tenemos una buena evaluación de las Plazas de Bolsillo, un proyecto estrella del exintendente, y la realidad es que tengo plazas que no están implementadas, que no tienen modelos de negocios, y eso es un programa que se vendió muy bien, pero cuando llegamos a mirarlo con detención nos encontramos con un programa que tenía un buen inicio, pero una mala vejez.

/Entrevista de María José Ahumada para La Tercera

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