El 19 de julio pasado, en la función de las 16.00 del American Circus de Maipú, un error humano en el show principal dejó a Jaime Almarza internado en la Posta Central. Su número, riesgoso, y por eso el más atractivo de la serie de espectáculos, era promocionado con un gran cartel en la fachada del circo: su cuerpo sería lanzado por un cañón y, según el cálculo, debía llegar a una red instalada sobre el público. Pero ese día falló. Almarza cayó en el piso de una de las salidas de emergencia de la carpa. Allí, el Payaso Pipita -quien era el encargado de desarmar la red después del número- puso su cuerpo para amortiguar el golpe de su compañero. Este último solo se pegó en las rodillas y continuó trabajando los días siguientes.

Pero el “hombre bala” no corrió la misma suerte.

Hasta ayer, Almarza se mantenía en la Posta Central, en la unidad de cuidados intermedios, en el quinto piso del edificio. Su última intervención fue en la mandíbula, la que resultó con una fractura luego del accidente. De acuerdo al parte médico emitido por el Hospital de Urgencia el 20 de julio, el paciente ingresó con un politraumatismo severo, fracturas en la rótula, cótilo (copa de la cadera) y mandíbula, además de pérdida de piezas dentales. En televisión, su madre dijo que se había quedado sin dentadura. También necesitó de cinco donadores de sangre. De momento, su estado se mantiene en evaluación.

 Los Miserables

Jaime Almarza nació el 25 de junio de 1976 en Puente Alto. No está casado, pero tiene una pareja, quien no quiso hablar para esta nota y pidió a sus cercanos que tampoco den entrevistas a la prensa. Con ella, Jaime ha compartido gran parte de su vida y también el trabajo circense. Tienen dos hijos en común y viene otra guagua más en camino. Una amiga que lo conoció a los 13 años, cuando ambos vivían en la población Santa Laura de la comuna de El Bosque, recuerda que siempre le gustó el circo y el malabarismo. La última vez que lo vio fue para pedirle un número circense como favor para beneficencia: “Justo ellos no pudieron, pero tienen harta disposición, son buena gente”. De Almarza, dice que es “simpático, risueño, buena onda. Nada que decir de él”.

Fue en esa juventud en El Bosque donde también tuvo contacto con los integrantes del grupo de rock Los Miserables. Con ellos participó en los discos Sin dios ni ley (1995) y Rendirse Jamás (1999), lanzados cuando él tenía 19 y 23 años respectivamente. A Almarza, de apariencia “punky” y cuerpo tatuado, los músico lo recuerdan con amor: “Queremos enviarle todo nuestro cariño y buenas vibras a Jaime Almarza Quezada, el “cabezón” Jaime”, quien además fue “amigo nuestro desde niños”, dice el mensaje que le enviaron por redes sociales.

En el rubro circense cuentan que “Jaime viene del nuevo circo de escuela” y que en ese ámbito es muy conocido, especialmente en el Circo Del Mundo, donde es monito. Versátil y autordidacta, el hombre bala sabe técnicas de circo, rueda Cyr (un aro de hierro de la altura de una persona en que se mantiene el equilibrio mientras gira), rueda Alemana (son dos aros de hierros paralelos), es bailarín de flamenco y tatuador.

Una artista independiente que trabajó con él lo describe así: “Él siempre ha trabajado en producción y se podría decir que es una de las eminencias del Cyr rueda. Fue una de las primeras personas que empezó a manejar esa técnica acá dentro del circo contemporáneo y siempre ha sido un excelente profesional y maestro, súper esforzado. Siempre buscando más”.

Entre otras cosas, Almarza se ha desempeñado haciendo clases y montajes, junto con estudiar diseño y escenografía.

El American Circus funciona por temporadas, en vacaciones de invierno, de verano, y algunas fechas en diciembre. Este mes, la primera función fue el 7 de julio. Allí participan alrededor de 15 artistas, entre ellos, el número principal que se anuncia con letreros en las cuadras previas al llegar a la carpa:  “El hombre bala”. Un miembro del circo cuenta que Jaime era “ideal” para este puesto, “por la vida circense que llevaba y las técnicas acrobáticas que manejaba”. También dice que ayudaba su peso y altura, pues no se puede lanzar a alguien de contextura gruesa.

Los cálculos fallaron y el show terminó en tragedia. Y mientras Jaime intenta recuperarse del accidente, el circo tomará medidas para que el cañón pueda volver a funcionar. La seremi de Salud Metropolitana, Rosa Oyarce, les pidió establecer un instructivo mecánico del funcionamiento del cañón y poner una luz permanente en el lugar donde está ubicado el disparador y el reloj de presión. Después de esto, esperan trabajar con algún reemplazante. Por ahora, en el American Circus comentan: “estamos seguros de que Jaime cree que la función debe continuar”.

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