“Los mecanismos de toma de decisiones carecían de estándares democráticos mínimos para la validación de los procesos, y fueron recurrentes las exclusiones de categorías completas de alumnos, es el caso de la prohibición de participación de hombres, o de alumnos opositores a las tomas”.

Esa fue la tónica que predominó en las tomas de las casa de estudios, realizadas durante el primer semestre de este año, según el informe “Situación Universidades: Asambleísmo y Tomas 2018”, elaborado por Acción Republicana. Pare el estudio, el movimiento -liderado por José Antonio Kast- conversó con más de 100 alumnos de 28 sedes universitarias a lo largo del país. Además recabaron datos, videos e imágenes de distintas federaciones de estudiantes.

Fue este año cuando las tomas feministas se tomaron la agenda pública y entre sus petitorios exigían una educación no sexista, el uso del lenguaje inclusivo, la creación de protocolos de acción en caso de abusos sexuales, cuotas de género en la dotación de académicos y en las lecturas de sus cátedras.

Ignacio Dülger, coordinador del área jóvenes y universitaria de Acción Republicana explica que la motivación del informe es porque “solo se está mostrando una cara de las tomas, una cara de los paros, una cara de lo que es la representación estudiantil”.

Los votos de los hombres, en caso de haber, eran simbólicos”

Entre los testimonios que recabó Acción Republicana se encuentran estudiantes de planteles como: Universidad de Chile, Universidad Católica, Universidad de Santiago, Universidad Diego Portales, Universidad de la Frontera,  Universidad Arturo Prat, Universidad Católica de Temuco y Universidad Adolfo Ibáñez.

Los puntos comunes de estos relatos dan cuenta, según el informe, de situaciones donde “no existe una institucionalidad que permita o garantice la participación” para que se expresen posturas contrarias a la de los manifestantes. Se constata, por ejemplo, la realización de extensas jornadas informativas en horarios incompatibles con las actividades académicas; grupos organizados que amenazan verbal o físicamente a “quienes sostienen posiciones contrarias a las tomas”; la “ausencia de autoridades o árbitros imparciales” que diriman los conflictos, y altos cargos directivos paralizados ante la violencia y la posibilidad de ser funadas.

También se plantea que es “recurrente realizar la toma sin votación, sin informar el resultado de las elecciones o informando sin contraste de información ni validación por parte de órganos independientes, al tener control de las mesas de votación y del TRICEL, en caso de existir”.

Un testimonio de la Universidad de Chile cuenta que “se le prohibió el ingreso a una estudiante opositora a la toma de la Facultad de Artes, por parte de los organizadores de la toma, al considerarla un elemento peligroso”. Situación similar a la sucedida en la Universidad de Concepción, en la que se señala que “hubo asambleas separatistas en las que solo se contaban los votos de las mujeres. Los votos de los hombres, en caso de haber, eran simbólicos. Todas las asambleas eran a mano alzada y ninguna carrera tuvo más de 10% de representación”.

Respecto a la forma en que las tomas se decidieron un relato de la U. Católica del Norte, se lee en el informe que “la carrera de Ingeniería Civil en Computación e Informática decidió una toma en una asamblea a la que sólo asistieron 8 mujeres“, mientras que en la sede de Iquique de la U. de Tarapacá, el informe dice que “hubo una adhesión al paro sin toma de 329 votos sobre un total de 469 votos, pero de igual forma la asamblea de mujeres decidió realizar la toma”.

“Las asambleas que se armaron en torno a estas tomas eran las llamadas asambleas separatistas o asambleas de mujeres, que eran completamente ajenas a la institucionalidad que tenía cualquier tipo de representación estudiantil”, comenta el coordinador del área jóvenes y universitaria de Acción Republicana.

Otras situaciones que constata el documento de Acción Republicana se relacionan con la posibilidad que tenían los alumnos para documentar lo que sucedía en sus planteles. “Estudiantes pudieron grabar videos de la situación y de la asamblea –pese a su prohibición– en donde se da cuenta de la baja participación y la falta de criterio para determinar si la votación era válida o no”, recopila el movimiento sobre los testimonios de estudiantes de la U. de Talca, o la relación de dirigentes universitarios con partidos políticos, como es el caso de la U. Católica de Temuco en la que contaban con “el apoyo del Presidente de la Federación que es sobrino de Guilliermo Tellier (PC) y militante de las Juventudes Comunistas”.

“Los grupos feministas se alzaron contra sus propias instituciones”

Una de las conclusiones del informe dice que los manifestantes “levantaban asambleas cuando en muchos casos existía una decisión que ya estaba tomada, convirtiendo la instancia de la asamblea en un manto de legitimidad para obtener algún grado de validación interna, pero que carecía completamente del apoyo mayoritario de los estudiantes”. Además, apunta que los “grupos feministas se alzaron contra sus propias instituciones y no respetaron universidades, rectorías, federaciones, vocerías, ni mucho menos estatutos de federación u otros reglamentos estudiantiles”.

Sobre este punto, Dülger explica que “las feministas presionan a toda la comunidad, ya sea federación, centro de alumnos, rector, universidad, todas las personas de la comunidad universitaria son presionadas por estas asambleas”.

Aunque, la conclusión más dura apunta a que “en ningún caso los grupos de feministas obedecen a la existencia de grupos transversales, por el contrario, se constituyen como grupos organizados disciplinados y de izquierda, en los
que suelen participar el Frente Amplio y las Juventudes Comunistas”.

Informe “Situación Universidades: Asambleísmo y Tomas 2018” publicado en El Libero