Todo se veía color de rosa para Daniel Jadue… o en su caso color rojo. Su posición dura se impuso en el XXVI Congreso Nacional del Partido Comunista a comienzos de diciembre del año pasado. Tras 10 años intentándolo, el alcalde de Recoleta al fin lograba que la colectividad hiciera propia, de manera mayoritaria, la tesis que incluye una “ruptura democrática y constitucional”. Junto con ser la figura mejor evaluada de la izquierda en las encuestas, prácticamente, no había cuestionamientos a su figura en su sector y en los aledaños. Hasta que explotó el “caso luminarias”.

Hoy el alcalde está en medio de la polémica luego de que se conocieron diálogos entre su abogado, Ramón Sepúlveda, y el gerente general de la empresa Itelecom, León Marcelo Lefort, que fueron revelados el domingo en un reportaje de La Tercera, y que corresponden a escuchas telefónicas de la PDI en el marco de la investigación que lleva el Ministerio Público. El caso ya ha salpicado a una veintena de comunas que tenían contrato con la firma. El acuerdo más abultado con Itelecom lo tiene precisamente Recoleta. El monto asciende a $10.259.454.000. A eso se suma una donación que Itelecom hizo al municipio por $50 millones para la realización del festival Womad. Y lo más complejo serían pagos reiterados de la cuestionada empresa a Sepúlveda y la posibilidad de que esos montos pudieran haber sido triangulados para que finalmente llegaran a Jadue.

El avance de las investigaciones, que incluyeron allanamientos a las dependencias de la alcaldía, llevó al alcalde a contratar para su defensa al ex fiscal Sabas Chahuán, y dedicar gran parte de su tiempo a explicar la situación.

Y si bien el Partido Comunista sigue dándole su apoyo -como el edil, acusan un montaje en contra de su figura presidencial- y de hecho ayer lo inscribieron como su carta para pelear la reelección en Recoleta, no siempre la relación entre la cúpula PC y el edil ha sido buena. Al contrario.

Dentro del Partido Comunista existen personas que hasta hace poco no creían en su proyecto, como el mismo presidente de la colectividad, el diputado Guillermo Teillier. A más de alguien en el mundo político le llamó la atención el “poco entusiasmo” que el parlamentario mostró por la candidatura presidencial de Jadue. Así lo expresó en una entrevista a fines de julio en El Mercurio. “El comité central tomó nota de que Jadue se ha perfilado como una figura que más avanza en las encuestas, no hay otro que se haya perfilado tanto en el partido. Ahora, todavía hay tiempo para que surjan otras figuras”. Quienes conocen la historia de ambos dirigentes, saben que esta última frase podía ser interpretada como un deseo del parlamentario.

Dentro de la colectividad por años han estado en veredas distintas, algo que se intensificó cuando el PC decidió ser parte de la Nueva Mayoría para el segundo gobierno de la ex Presidenta Michelle Bachelet.

Pero la distancia viene de antes. El año 2010, por ejemplo, tal como recuerda en una columna en El Mostrador el ex presidente de la Democracia Cristiana, Ignacio Walker, “En la clausura del XXIV Congreso Nacional del PC (al que me tocó asistir en mi calidad de presidente del PDC), en el Teatro Caupolicán, el diputado Guillermo Teillier, en su calidad de presidente del PC, expuso la nueva política de la colectividad, que apuntaba, en apretada síntesis, a la construcción de “un gobierno de nuevo tipo”. La nueva política del PC, venciendo resistencias internas (…) facilitó el surgimiento del gobierno de la Nueva Mayoría, entendida como ‘un acuerdo político programático para apoyar al Gobierno de la Presidenta Bachelet’, según la declaración pública suscrita por los siete presidentes de la Nueva Mayoría, en marzo de 2014″.

Pero Teillier tuvo entonces una fuerte oposición liderada por Jadue, quien era parte del Regional Norte, Comunal Recoleta, Héroes de Corpus Cristi. En el Congreso Célula La Chimba llamaban directamente a no aprobar la propuesta del Comié Central donde se marcaba un punto de inflexión, entre otras cosas, para abrir el PC a tener alianzas con otras fuerzas de izquierda o centroizquierda. Pero La Chimba dijo otra cosa. Acusaban “falta de claridad y una potencial arbitrariedad en la definición de los objetivos para el periodo siguiente y una difusa propuesta para la política de alianzas correspondiente”.

Agregaban en ese entonces: “Nos parece imprescindible incorporar un análisis acerca del contexto internacional en el que se desarrollará la política partidaria en el próximo periodo, puesto que pretender definir la misma en ausencia de este contexto, nos puede llevar a errores fundamentales en la lectura de los reales intereses de clase, en juego, a la hora de establecer la política de alianzas, posibilitando alianzas tácticas con enemigos declarados de nuestros intereses de clase y de nuestros aliados naturales y permanentes, debilitando aun más nuestro ya empobrecido capital político ideológico y la posibilidad de avanzar en la imprescindible unidad de la izquierda y la también imprescindible alternativa a los dos bloques dominantes”.

Fueron duros con la dirección de Teillier al decir que se desaprovecharon las movilizaciones de 2006 “permitiendo que dicho momento se diluyera en una suerte de complacencia con el gobierno de Bachelet, con el que a pesar de ubicarnos formalmente, en oposición a él, mantuvimos erráticas relaciones y fueron demasiadas las señales, de nuestra dirección política, de apoyo al que fuera el último gobierno neoliberal de la Concertación, con el objeto de poder negociar un avance hacia ese nuevo gobierno democrático, nacional y de justicia social a pesar de no existir condiciones reales para el mismo”.

“Más que ayudar a desatar y profundizar la crisis de la Concertación, la dirección del partido contribuyó como pudo a los últimos esfuerzos desesperados por salvarla”, acusa el grupo de Jadue en 2010.

Y sobre el tema internacional dan luces concretas de críticas a la dirigencia y a quienes luego serían sus socios: “Olvidar ex profeso, las necesarias muestras de identidad, solidaridad y compromiso internacionalista, solo puede entenderse en el afán de pavimentar el camino a una alianza con la DC y con sectores del PPD y del PS que son hoy, neoliberales, abiertamente anticubanos y contrarios al proceso bolivariano de Venezuela y a la lucha por los DDHH que las Farc dan en Colombia”.

“Se hace necesario desmarcanos claramente de la Concertación y desarrollar una política mucho más audaz, independiente y efectivamente ligada a las luchas sociales”. Sobre la dirección del PC las críticas abundan como cuando dicen “esperamos que en el próximo periodo no se apropie ni privatice el partido como se ha producido en los últimos 4 años”.

Y precisamente era Jadue uno de los líderes de esta célula. Su postura no prendió en 2010, menos lo hizo en 2014 con el comienzo del gobierno de la Nueva Mayoría y tampoco en el Congreso Nacional del PC en 2015. En todas ellas, su posición quedaba en minoría. Y se dedicó a su trabajo más autónomo en Recoleta.

Hasta el estallido. Tras el 18-O el PC se fue endureciendo y las posturas de Daniel Jadue más las de figuras como Camila Vallejo y Karol Cariola se fueron imponiendo al interior del partido.

Y su punto máximo ocurrió el pasado diciembre para la elección de los integrantes del Comité Central del PC donde la primera mayoría la obtuvo Vallejo seguida de Jadue. Mucho más atrás quedaron los históricos Teillier y Lautaro Carmona.

Y las conclusiones del XXVI Congreso Nacional del Partido Comunista tenían, para el gusto de Jadue, lo que había impulsado 10 años atrás. Un perfil más duro de partido con posturas como “rodear con la movilización de masas el desarrollo de la Convención Constitucional”, o cuando señalan: “La lucha social sostenida, la manifestación cultural contraria a los parámetros neoliberales y la desobediencia expresada en la protesta social ha dado frutos importantes y ha generado condiciones para una ruptura democrática y constitucional que imprime a la disputa política un carácter emancipador por parte del pueblo chileno”.

Así, Jadue estaba a sus anchas, con un sector de Teiller -también representado por Bárbara Figueroa- sin mucha opción que sumarse a la mayoría. Pero no contaban con que el abogado de Jadue, Ramón Sepúlveda, podría complicar no solo al edil, sino a otras figuras que ha representado como al mismo Teillier o a la diputada Carmen Hertz.

Aún es el mejor candidato aspectado, no se sabe cómo actuará el sector que no comulga con Jadue -en un partido donde las tendencias internas son más bien silenciadas-, pero ya sus socios de pacto, Revolución Democrática, dieron una pista de cómo se viene la mano para el alcalde. “Frente a irregularidades y delitos debe haber tolerancia cero”, dijo su presidenta Catalina Pérez.

Por Mariela Herrera para El Líbero

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