El país sigue su marcha, la vida se desarrolla día a día, pero ¿cabe alguna duda de que estamos dentro de una gran nebulosa?

Partamos por lo más prosaico.

A casi ningún contribuyente su contador le ha podido anunciar cómo viene la mano en la declaración de abril próximo. La reforma tributaria es una nube oscura que por algunos lados anuncia tormenta y por otros parece denso esmog; pero casi nadie ve la luz. ¿De eso se trataba?

Los partidos no saben si lograrán subsistir. Les queda un mes para rehabilitar lo que trabajaron durante los treinta años anteriores, aunque solo se les pida acreditar el 20 a 30% de sus antiguas militancias. Algunos ya piensan cómo van a liquidar sus activos, porque ven imposible salir de la nube. Oscuridad total.

Y eso arrastra a los candidatos.

Primero a los presidenciales. ¿Quién es candidato seguro hoy? Los partidarios de Goic esperan que se disipe algo de la neblina para decidir qué les conviene. No es cuestión de principios, es simple ponderación del hecho básico: ¿habrá con quién competir?; Guillier dice que si la nebulosa impide las primarias, él colabora con su cuota de oscuridad y se baja: qué manera más sencilla de contribuir al caos; Lagos, por su parte, está en el medio de una densa y negra masa, oscuridad que le impide toda estrategia, porque no sabe si habrá primarias, si tendrá partido que lo respalde, si será candidato legal.

Y en la otra vereda, parece que hay claridad, pero la nebulosa está igualmente presente: Piñera anunciará su candidatura y entonces ¿Ossandón realmente competirá dentro de Chile Vamos? Y al que gane, ¿lo van a respaldar partidos efectivamente constituidos o solo Evópoli podrá mantener esa condición? Porque a RN y a la UDI les quedan cuatro semanas para disipar su propia neblina y reafiliar a miles de personas que parecen bien poco entusiasmadas con la idea. Entonces, intuyéndolo, una presidenta partidista va a Punta Peuco a ver si rasguña unas pocas fichas de militantes desafectados por el abandono de los militares, pero desde la gris nebulosa se oye una voz que dice: “No, ya es muy tarde, no les creemos”.

Y en el limbo, bajo la sombra de la neblina, decenas de parlamentarios ven peligrar sus postulaciones a un nuevo período, porque no podrán hacerlo como independientes si sus partidos no subsistieran. Y otros cientos de candidatos nuevos se preguntan: ¿Y en quién podremos confiar?

En paralelo, todos los universitarios comprobamos que la gran nebulosa se ha posado con especial intensidad sobre nuestras instituciones. Lo que le viene pasando hace dos años a la educación particular subvencionada, ahora lo padecemos nosotros: ni idea de qué va a salir del proyecto gubernamental sobre universidades. Ni lo entienden ellos, ni nadie. La misma oscuridad total.

En La Araucanía, la perplejidad es absoluta. A ellos parece haberles tocado la noche más oscura y con la neblina más densa. Cada nuevo acto de terrorismo, en vez de ilusionar a sus habitantes con una reacción institucional, parece sumirlos más y más en la angustia de la gran nebulosa.

Y detrás de casi todo esto, el gobierno de Bachelet. La Presidenta sumida en un tono desesperanzado, aunque use palabras de inaudita desconexión con la realidad; y sus ministros, unos zombies; y sus proyectos, inviables. ¿Nueva Constitución? Solo una nube negra más.

Bueno sería que alguna universidad convocara al Gran seminario, y que los pastores de todas las denominaciones dijeran qué piensan sobre cómo salir de esta neblina, y que los grandes viejos de la Patria nos alumbraran con su experiencia.

Pero quizás la más triste manifestación de la gran nebulosa consistiría en que a casi todos podría no importarles nada de nada lo que se diga.

Columna de Gonzalo Rojas para el diario El Mercurio

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