La tormenta económica que golpea a la Argentina de frente, según la metáfora presidencial elegida para hablar de la coyuntura doméstica, puso a trasluz posiciones encontradas en el sector empresario, hasta hace poco tiempo bien cohesionado por el rechazo al kirchnerismo. Al menos así lo expresaron en los últimos dos días algunos de sus principales voceros.

Ayer fue el turno de Paolo Rocca, presidente del Grupo Techint, que bajó un mensaje de unidad a los hombres de negocios frente a las últimas medidas del Gobierno, consideradas adversas por una parte del sector privado: “Las rebajas de las retenciones, la reducción parcial de algunos reintegros o la postergación parcial de algunos aspectos de la reforma fiscal son sacrificios inevitables hoy para poder llegar a tener a mediano plazo un país con menor carga impositiva y creciente”, sostuvo, en la reunión que organizó la Asociación Empresaria Argentina (AEA), que fue abierta por el presidente Mauricio Macri.

Dos días antes, el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Miguel Acevedo, le había disparado al Gobierno en la dirección contraria. “Esto es un misil contra el valor agregado”, se había lamentado en diálogo con LA NACION. Y ayer volvió sobre el tema. Sus palabras representan el sentimiento de otra porción del mundo industrial.

Entre las medidas para enfrentar la tormenta está la reducción de un 66% a los reintegros de exportaciones, la decisión que enardeció a Acevedo. Para una parte de la industria, decisiones de ese tipo tienden a primarizar la producción y desestimular el valor agregado.

Rocca, por su parte, conduce el holding privado más grande de la Argentina, por lo que sus palabras suelen tener un peso específico mayor que la de otros. En la reunión de AEA también comentaron la situación Luis Pagani (Arcor), Alejandro Bulgheroni (PAE), Héctor Magnetto (Clarín), Enrique Cristofani (Banco Santander Río), Federico Braun (La Anónima), Sebastián Bagó (Bagó), Marcos Galperin (Mercado Libre), David Lacroze (Grupo Lacroze) y Alberto Grimoldi (Grimoldi).

El empresariado argentino parece vivir un clima de comienzo de época. No solo porque las turbulencias internacionales profundizaron las debilidades argentinas, terminaron con el gradualismo y golpean en sus negocios, sino porque la investigación de los cuadernos de las coimas constituye un motivo de incertidumbre permanente para quienes hicieron negocios en el kirchnerismo.

En sus cálculos, evalúan que si se elimina el déficit fiscal podrán tener en el futuro una estructura impositiva que favorezca la inversión. Braun, por ejemplo, se ilusiona con que una baja en los impuestos reduzca la informalidad en el supermercadismo. El propio Macri instaló la idea, al señalar la necesidad de que el país llegue al equilibrio fiscal para no depender tanto del financiamiento externo. Quizá no lo sepa, pero el Presidente fue el último motor de este encuentro, cuya suspensión se analizó por el escándalo de los cuadernos, pero se decidió finalmente llevar a cabo cuando llegó la confirmación de su asistencia.

Rocca relacionó la situación fiscal con los resultados que comienza a arrojar el desarrollo de la formación Vaca Muerta. “El impacto de Vaca Muerta sobre el balance fiscal del Estado representa un ahorro de más de US$400 millones en 2018 y más de US$700 millones en 2019”, señaló, y recordó que Tecpetrol, la petrolera del Grupo Techint, lanzó su proyecto de Fortín de Piedra en marzo de 2017. “Hoy, poco más de un año después, el campo está llegando a producir 11 millones de m3/día de gas natural y llegará a 17 millones de m3/día a fin de año”, destacó, cifra que representará el 10% del consumo total del país, y ya permite desplazar importaciones sustanciales de gas licuado, fuel oil y gasoil.

Más cauteloso en el acompañamiento al Gobierno, aunque lejos de soltarle la mano, estuvo Pagani. Consultado por la nacion, lamentó que las ventas de Arcor en los primeros siete meses del año hayan caído 1% en volúmenes. Y lo que resta será peor. “Acompaño, pero sin ser obsecuente”, aclaró.

El empresario había cuestionado problemas de larga data de la economía argentina, como el costo laboral y la falta de competitividad en la logística. “En la Argentina, en comparación con otros países de la región donde tenemos plantas, el empleo sigue siendo caro”, dijo, y pidió bajar el costo para importar bienes de capital. No fue la única crítica: se quejó de la eliminación de un decreto que les daba beneficios fiscales a empresas radicadas en el interior y de la estrategia de inserción en el mundo que, para su gusto, está demasiado atomizada y no involucra lo suficiente al sector privado.

Algo similar dijo Alejandro Bulgheroni, de Pan American Energy (PAE): “Tenemos costos laborales altos y productividad baja. Creo que deberíamos negociar nuevos convenios de trabajo donde se tenga en cuenta la productividad”.

Héctor Magnetto, CEO del Grupo Clarín, atacó directamente la cuestión del déficit fiscal: “Por un lado, la extraordinaria versatilidad de nuestros recursos nos tiende a menudo la trampa de creernos más ricos de lo que somos y de gastar a cuenta”, sentenció.

Cristofani fue otro de los oradores que apoyaron la reducción del déficit. Dijo que lo más probable es que el Gobierno lo consiga en dos años, pero para que eso suceda llamó a los empresarios a participar de esa política de Estado. “Todos tenemos una relación más o menos fluida con los miembros del Congreso, los gobernadores y otras figuras; es una oportunidad para ir en línea con este objetivo”, dijo. El combate a la informalidad fue otro de los ejes de su discurso, y expresó que si en la Argentina no hubiera economía sumergida, el país tendría “10 puntos más del PBI de ingresos”. Añadió: “Tenemos que reducir la informalidad, pero a la vez bajar los impuestos”.

Entre los más entusiasmados estuvo Grimoldi. “La Argentina tiene 107 años de déficit fiscal, desde 1900. Es el responsable del déficit de cuenta corriente. Avizoro un cambio en la sociedad, veo a empresarios preocuparse por este tema, cuando nunca fue un tema importante entre empresarios, y también veo por primera vez a un gobierno comprometido en eliminarlo”, celebró.

Pese a la diferencia de edad (es el más joven de todos), Galperin insistió en la misma línea. “Hay mucha gente que no valora la democracia, y necesitamos separación de poderes, libertad de expresión y alternancia de partidos que mantengan políticas de Estado. Una de ellas debe ser eliminar el déficit fiscal, pero también generar las condiciones para que la gente que nace con menos oportunidades las tenga”, dijo.

El marco institucional

Jaime Campos, presidente de AEA, hizo eje en la necesidad de reforzar el marco institucional para el desarrollo de los negocios. “Resulta natural subrayar que para nosotros, el desarrollo futuro de la Argentina depende decisivamente del marco institucional en el que operen las empresas. A este respecto, naturalmente, juega un papel central la Justicia. Ella es un pilar fundamental de la república democrática”, dijo.

Al iniciar su disertación, Campos llamó a salir de las estrategias de corto plazo. “No es que no haya razones para que la imperiosidad del día a día tiranice nuestros pensamientos y acciones, pero la historia nos enseña con claridad que los momentos más fértiles y prometedores de la Argentina se generaron cuando los ciudadanos y, en particular, la dirigencia coincidieron en la necesidad de debatir proyectos de futuro”.

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