Evópoli emitió una declaración esta semana cuestionando los dichos de Mauricio Rojas sobre el Museo de la Memoria, y ustedes y RN criticaron ese desmarque. ¿Por qué lo hicieron?
Porque nosotros creemos que si queremos tener la posibilidad de tener un segundo gobierno de nuestro sector, tenemos que actuar con unidad y de manera coordinada. No le tengo miedo a las diferentes opiniones, pero esos distintos puntos de vista no pueden generar crisis, no pueden ser utilizados para generar división. En una situación donde la izquierda ha tomado como bandera de lucha el golpear a un ministro recién nombrado, lo prudente -y eso fue lo que planteamos en el comité político- hubiese sido el habernos coordinado para tener una posición común. Si queremos ser una coalición que perdure en el tiempo, tenemos que actuar de manera coordinada.

¿Y usted cree que lo que hizo Evópoli pone en riesgo eso?
Es legítimo que haya diferentes opiniones en temas que son opinables, pero tenemos que tener cuidado de no hacerle daño al gobierno. Y empezar a criticar a un ministro recién nombrado le hacía, de alguna manera, daño al gobierno, más allá del tema de fondo.

Evópoli dice lo contrario: dice que la declaración de ellos le daba, incluso, respaldo a la postura que ha tenido el Presidente Piñera en materia de derechos humanos…
Es que nadie estaba hablando de los derechos humanos. Nadie en su sano juicio podría avalar la violación a los DD.HH. y ni siquiera relativizarla. Lo que sí uno puede tener es una defensa clara y tajante, pero una crítica política sobre el rol que juega el Museo de la Memoria. Son dos cosas distintas. Y pensábamos que en un tema que es complejo, si tenían una posición distinta a la que había tenido el gobierno lo lógico hubiese sido ser prudente y no marcar una posición distinta antes que lo hiciera el mismo gobierno.

¿Qué diferencia ve usted, en materia de derechos humanos, entre Evópoli y el eje UDI-RN?
Yo no veo ninguna diferencia.

Así no lo hizo ver Evópoli en la conferencia de prensa que hicieron el miércoles…
Sí, yo creo que ellos están, en ese sentido, en un error, porque no creo que haya ninguna diferencia. La UDI hace muchos años, cuando Pablo Longueira estaba a la cabeza del partido, sacó un documento que se llamó “La Paz Ahora”, en donde se juntaron con víctimas y familiares de detenidos desaparecidos para demostrar que ese tipo de cosas no pueden pasar y marcar una clara defensa en torno a los derechos humanos. Entonces, la verdad es que no creo que en esa materia alguien tenga más altura moral que otros. Todos tenemos claridad de que es un tema que no puede ser relativizado y sobre el que no puede haber dobles discursos, pero también es cierto que se pueden tener críticas políticas en relación a, por ejemplo, el Museo de la Memoria o cómo se plantean ciertas posiciones.

Desde RN han reclamado que Evópoli, cada vez que puede, busca desmarcarse y plantear contrapuntos. ¿Cómo lo ve usted?
No es fácil ser partido de gobierno, pero uno tiene que cargar con los costos y los beneficios que esto significa. Y una de las dificultades de ser partido de gobierno es que uno tiene que actuar en coalición. La mejor manera de lograrlo es resolviendo los problemas en privado y no generando conflictos a través de los medios.

¿El reproche que la UDI y RN le hicieron a Evópoli en el comité político del lunes no terminan torpedeando el objetivo que hubo al integrar a ese partido a la coalición? Me refiero a ampliar la base de apoyo del sector…
Lo que pasa es que la crítica que hicimos no es al tema de fondo, porque en eso compartimos absolutamente. O sea, piensa tú que adentro de la UDI hay personas que vienen del mundo de la izquierda, gente que nació después del 90 y que, por lo tanto, el tema del gobierno militar lo ven como parte de la historia y no tienen una ligazón afectiva con aquello; y hay gente que trabajó, que fueron alcaldes y que estuvieron vinculados al gobierno militar. O sea, hay de todo en la UDI. Y todos saben que la UDI reconoce que hubo violaciones a los derechos humanos y reconocen que eso nunca debió haber pasado. Pero también la UDI reconoce que hay que contar la historia completa si es que queremos que una situación como la que llevó a esas horribles violaciones a los derechos humanos no se vuelva a repetir, porque la validación de la violencia como elemento político se empezó a dar con mucho tiempo de anticipación.

Pero ahí se ve una diferencia de fondo con Evópoli, porque ellos no plantean ese contexto que usted menciona…
No, pero es legítimo que haya diferencias de fondo. No le tenemos miedo a la diversidad. Eso es una muestra de tolerancia. Entendemos que en temas como estos, que polarizaron fuertemente a la sociedad, que permitió que hubiese un golpe de Estado, donde hasta la Democracia Cristiana estuvo de acuerdo, pueda haber también hoy posturas distintas. Lo que no se debe hacer es usar esas diferencias para generar alguna ventaja que, por añadidura, le genere daño al gobierno.

¿Cómo lograr que estas diferencias y las que puedan haber en otros temas con Evópoli se encaucen de buena manera en los próximos años del gobierno?
Es un tema de experiencia. Por ser un partido más nuevo, probablemente Evópoli tiene menos experiencia en lo que es ser partido de gobierno… Probablemente, está aprendiendo a ser partido de gobierno. Evópoli no puede ser gobierno y oposición al mismo tiempo. No se puede ser una medalla con dos caras: criticar al gobierno y ser parte del gobierno. Eso la gente finalmente lo castiga. Es cosa de darse cuenta de que tenemos una tremenda responsabilidad de tener un segundo gobierno y que, por lo tanto, tenemos que hacer los esfuerzos para poder ponernos de acuerdo más allá de las diferencias legítimas que podamos tener y que, además, nos enriquecen.

¿Con lo de críticas al gobierno se refiere a los cuestionamientos que Evópoli hizo a Mauricio Rojas?
Sí, o empezar a criticar la reforma tributaria, por ejemplo, o un proyecto de ley antes que sea presentado.

El escenario legislativo para el Congreso es complejo porque no tienen mayoría. ¿Con el bloqueo al subsecretario Luis Castillo que lideró la DC no se les complica más aún? La DC advirtió que la actitud de colaboración que ellos puedan haber tenido va a cambiar…
Creo que no. Acá las negociaciones son tema a tema y parlamentario a parlamentario. La verdad es que uno tiende a pensar que en aquellos temas que son consensuales va a ser muy difícil que se puedan oponer, porque van a pagar un costo.

¿Usted cree que la búsqueda de apoyos en la oposición se debe hacer parlamentario a parlamentario, no conversar con la DC institucionalmente?
Depende de los temas. Creo que no hay una actitud generalizada que va a primar en todos y cada uno de los temas legislativos. No creo, por ejemplo, que en el tema de las bolsas de plástico haya habido una actitud de súper colaboración. Lo que pasa es que el proyecto era súper bueno, y el que se quedaba abajo iba a pagar el costo. Si hay un tema de salud que va a redundar en que se baje el costo de los medicamentos, me cuesta pensar que quienes quieran obstruir ese proyecto no vayan a pagar un costo con la comunidad, porque nos vamos a encargar que sepan exactamente quiénes son los que están oponiéndose… Me parece que lo que está haciendo la DC, un partido en franca decadencia, es tratar de buscar algo que los una para tratar de ver si pueden sobrevivir de esa manera.

¿No se pudo haber evitado esto y haber nombrado a otra persona para esa Subsecretaría? Estaban los sumarios y los cuestionamientos de la familia Frei contra Castillo, emitidos hace ocho años. Todo eso lo podía tener en consideración el gobierno antes de designarlo…
Es que es bien complejo tener que vetar gente por calumnias. Cuando no hay ninguna acusación, ninguna relación directa, cuando la fecha en la que ocurrieron los hechos la persona era estudiante y se le tratan de imputar situaciones con las que no tiene nada que ver, yo lo encuentro bien injusto. Y empezar a ceder a un chantaje de esa naturaleza es complejo, porque es como ceder la capacidad de decisión.

¿Y en el caso de Mauricio Rojas el gobierno no cedió capacidad de decisión?
Ahí había una cosa un poco más compleja. Se subieron después los partidos de oposición, pero fue, más bien, el mundo del arte el que actuó, que tienen posición política. Entonces, iba a ser complejo que pudiese desarrollar su acción si tu público objetivo está golpeteando. Y creo que, además, para él era muy duro, y creo que esa es la razón también por la cual él decidió renunciar, porque él era un hombre proveniente de izquierda.

¿Cómo se explica uno que ni el segundo piso, ni la Secom, ni ninguno de los equipos de los ministerios políticos haya advertido internamente que las declaraciones de Rojas en su libro podrían ser cuestionables en algún momento?
Era difícil de prever que fueran a tener esta actitud tan beligerante.

Era medio evidente que eso podía pasar…
Es que todos nosotros, toda la gente que está en el gobierno, es de derecha, y todos compartimos que el Museo de la Memoria tiene un sesgo. Todos tienen una posición súper clara de condenar las violaciones a los DD.HH., pero todos creen que se muestra una parte de la historia y no se muestra el contexto… Entonces, deberían vetar a todos los ministros. ¿Por qué vetaron solo a estos? Yo creo que era la venganza de la izquierda contra los conversos.

El diputado Gonzalo Fuenzalida, que es vicepresidente de RN, criticó al segundo piso del gobierno, apelando a una falta de estrategia legislativa y a un “frenesí de anuncios”. ¿Comparte esos cuestionamientos?
No comparto ni esa visión ni el salir a criticar al gobierno en un momento en que necesita que sus parlamentarios y partidos lo apoyen.

Viendo el panorama global y todos estos elementos, ¿usted cree que el gobierno tiene el control de la agenda legislativa?
El gobierno toma el control de la agenda legislativa y, por otro lado, la oposición trata de quitárselo, poniendo temas que los unen a ellos y que puedan generar conflicto en nuestro sector. Por lo tanto, esto es como un equilibrio inestable… Se toma y se pierde el control dependiendo de los temas de la semana, pero ahora, por ejemplo, que el gobierno haya salido agarrando fuertemente el tema de la inmigración y expulsando gente, lo ayuda a poder retomar el control de la agenda.

¿Y qué falta para que el gobierno tenga realmente el control de la agenda?
Yo creo que nunca ningún gobierno tiene el control completo de la agenda. Se tiene que ir controlando día a día. Todos los días tienen su afán y tienen que ir viendo cómo mantener el control de la agenda.

No da mucha tranquilidad eso…
Es que yo creo que siempre es así. No creo que sea ahora. Fue en el gobierno pasado también.

/ENtrevista de Alberto Labra para La Tercera