“Hay tres transformaciones que son fundamentales en el enfrentamiento de la desigualdad: me refiero a la Reforma Educacional, a una Nueva Constitución y a la Reforma tributaria”. Fueron las palabras que utilizó la ex Presidenta Michelle Bachelet en su primera cuenta pública, el 21 de mayo de 2014, y que marcarían la tónica de estos mensajes: mencionar, al menos una vez,  de forma directa o indirecta el compromiso que tenía el gobierno de la Nueva Mayoría para disminuir las brechas sociales.

Esta intención, la ex Mandataria la había anunciado a través de la cadena nacional del 1 de abril de ese mismo año, en la que anunció el envío de la Reforma Tributaria. Entre sus objetivos: “avanzar en equidad, mejorando la distribución del ingreso”.  Dijo entonces Bachelet: “Los que ganan más, aportarán más. Debemos aprender de los países desarrollados, en los cuales el pago de impuestos permite mejorar la distribución de los ingresos”.

Un año después, en la Cuenta Nacional, las palabras de la ex gobernante seguían en la misma línea: “Las desigualdades son éticamente inaceptables y un obstáculo al progreso”, dijo. Un tono similar utilizó en 2016 en su tercera alocución a la nación: “Escuché y comprendo la urgencia de las demandas y aspiraciones de los chilenos y de las chilenas. Quieren que haya más crecimiento económico y que sus frutos se distribuyan mejor, sin privilegios“.

No había dudas: su gobierno, las reformas que impulsaba junto con la Nueva Mayoría, tenían la igualdad como base. Al menos en el discurso. Porque las cifras conocidas ayer de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) mostraron que esas promesas no lograron ser realidad. Estancamiento de la cifra de la pobreza multidimensional y aumento de la brecha entre ricos y pobres -en el periodo 2015 a 2017- fueron las duras noticias que recibió el bacheletismo.

Porque además de sus discursos, las reformas sectoriales que la ex Presidenta impulsó, estuvieron cruzadas por ese mismo relato. Por ejemplo, cuando se aprobó la gratuidad en la educación, escribió en su Twitter: “Al avanzar en la gratuidad en la educación superior, queremos construir un país más equitativo con igualdad de oportunidades“.

El discurso de la ex Jefa de Estado fue replicado por miembros de su gabinete. “Enfrentar decididamente la desigualdad en todas sus dimensiones es generar también condiciones para un crecimiento sustentable“, expresó su primer ministro de Hacienda, Alberto Arenas, en el foro Icare 2014. El mismo que fue artífice de una reforma tributaria que fue criticada por diversos sectores. Y que, dicen los expertos, habría incidido en los bajos niveles de crecimiento de la administración anterior. Tanto así que ayer, el Presidente Sebastián Piñera, anunció un paquete de medidas para una “modernización tributaria”.

Ese encuentro Icare también fue la ocasión para que el entonces titular de Interior, Rodrigo Peñailillo, comentara que el programa de la Nueva Mayoría se hacía “cargo de un problema muy grave en Chile, que además quedó en evidencia por la OCDE. Chile es el país más desigual de la OCDE”.

Pese a lo anterior, la Casen 2017 puso en duda la efectividad de las reformas.Porque si bien la tasa de pobreza por ingresos disminuyó en un 3,1% pasando de un 11,7% en 2015 a un 8,6% en 2017, otros datos fueron menos optimistas:  En la medición de pobreza multidimensional  se vio un estancamiento en su reducción. Si en 2015 el 20,9% de los chilenos era incluido bajo la línea de este tipo de pobreza, dos años después la cifra alcanzaba un 20,7%.

“Las mejoras en estos indicadores se debían a una interacción virtuosa entre trabajadores mejor educados y crecimiento económico”, cuenta a “El Líbero” Claudio Sapelli, director del Instituto de Economía de la Universidad Católica y uno de los impulsores en Chile de la medición de la pobreza multidimencional. “La atenuación del crecimiento me parece, es la causa, a través de su efecto sobre el mercado laboral“, sostiene.

Las cifras conocidas ayer no estaban en los planes de los dirigentes de la  Nueva Mayoría, quienes constantemente argumentaron que con las reformas disminuirían las brechas sociales. “En ese sentido me imagino que debe ser frustrante para los que propiciaron una mejora en la desigualdad”, puntualiza Ignacio Irarrázaval, director del Centro de Políticas Públicas UC.

La Casen reveló también que se  produjo un aumento en la brecha de la distribución del ingreso. “En los dos últimos años los sectores pobres se han hecho más pobres. El país que recibimos es un país más desigual”, se lee en el documento dado a conocer por el gobierno junto al estudio. “La calidad del empleo se deterioró y los salarios crecieron a un ritmo más lento que el resto de los salarios. Esa es la causa más importante”, señala Irarrázaval.

Una opinión parecida a la que tiene la ex subsecretaria de Evaluación Social de la primera administración de Piñera, Soledad Arellano. “Aquí se interrumpió una tendencia de mejora que veníamos registrando desde hace muchos años. La gran explicación a esto tiene que ver con lo que pasó en los ingresos del trabajo. La vicerrectora académica de la Universidad Adolfo Ibáñez explica que el rol del empleo asalariado fue “lo que jugó en contra. Este resultado nos muestra la importancia de la generación de empleo en el combate de la desigualdad”.

Respecto al rol que tuvieron los cambios estructurales prometidos por la Nueva Mayoría en estas cifras, para Irarrázaval,  si es que la reforma tributaria pretendía corregir la distribución de los ingresos “claramente no se logró eso objetivo”. Mientras que Sapelli apunta a la reforma laboral: “Va a seguir teniendo efectos en el futuro. Es una reforma que beneficia a los trabajadores sindicalizados, que son normalmente los mejores pagos. Y rigidiza el mercado laboral, lo que será un problema a medida que la automatización empiece a incidir en la demanda por trabajo”

Por su parte, David Bravo, director del Centro de Estudios y Encuestas Longitudinales UC y quien  fue parte de la realización de la Casen 2017, apunta a los desafíos: “Lo que esto nos está indicando es que es más difícil mover pobreza multidimensional que la por ingreso” comenta. El experto agrega que esto también deja dudas respecto a la aplicación de políticas. “No estoy tan seguro de cuán bien preparada está la política social para poder impactar este indicador de pobreza multidimensional”, explica.

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