Cuando el dólar estaba a $ 30, hace apenas una semana, Luis Pérez Companc, CEO de Molinos, interrumpió la reunión con la alta gerencia. “El precio de venta de nuestros productos equivale a un dólar de $ 22. ¿Se podrán ajustar a un nivel más realista”?, les preguntó, según deslizaron algunos testigos a Clarín.

Lo cierto es que los principales clientes de Molinos, las cadenas de supermercados, les dijeron que era impensable modificar los precios por la caída en las ventas. “No podemos vender un paquete de fideos más allá de los $ 40”, ejemplificaron en una de esas firmas.

Es que en la confluencia de la devaluación, traslado a precios y el aumento de las tarifas, en la Argentina, que es el país de los alimentos, muchos están recortando las compras de comida. Hay señales alarmantes como la baja en el consumo de lácteos queoscila entre 5 y 8% según a quien se consulte y una merma que alcanza hasta la yerba.

En otra cadena líder contaron que no sólo hay reemplazo por segundas marcas más baratas, sino que las ofertas ya representan el 40% de sus ventas. “Se nos hace difícil, por la destrucción en los márgenes, mantener ese porcentaje de productos en oferta. Las ofertas nunca superaron el 20% del ticket de compra”, comentaron. Los locales que más sufren, con caídas de 10% en los volúmenes, son los ubicados en los barrios de clases populares.

Hay otros datos que hicieron sonar la alarma. En las rebajas de 50% del Banco Provincia, sobre 4 millones de tarjetas del Bapro apenas se tentaron 900.000. La cifra es importante pero representa apenas al 22,5% de los clientes.

En electrodomésticos las cosas no van mejor. Sin importar la categoría se habla de una disminución en las ventas que promedia 20%. En ese negocio los artículos también se ofrecen por el equivalente a un dólar de $ 23. Y la estrategia pasa por súper liquidaciones, ya que la mayoría tiene stocks de sobra, afirmó uno de los fabricantes a este diario.

Y hasta en el mercado del lujo se sorprenden por un consumidor “extremadamente” precavido. Mercedes-Benz lanzó esta semana un nuevo modelo a toda pompa. De los 4.500 autos que habían proyectado colocar en el año, llegarán, bajando márgenes y con mucho esfuerzo de marketing, a los 3.500. Explican que en esta segunda parte de 2018, la industria automotriz arroja números de quebranto que se compensan por un primer cuatrimestre que fue de película. El sueño se interrumpió el 24 de abril, cuando comenzaron los primeros indicios de la crisis cambiaria.

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