En la actualidad, de alguna manera se ha despertado el interés y la empatía de la sociedad por las personas que carecen de recursos y requieren de un apoyo para el sustento de su familia. Gracias a esto hemos podido apreciar cómo en los últimos años se ha masificado la construcción de viviendas sociales en Chile.

A propósito de este entusiasmo, el ministro de Vivienda y Urbanismo, Cristián Monckeberg, presentó los resultados del llamado de este año para la construcción de viviendas sociales, para lo cual se postularon un total de 302 iniciativas de integración social.

Este número equivale a unas 51.273 viviendas, cifras que reflejan un gran paso para la sociedad y en el proceso de inclusión, pero que pueden ser realmente alarmantes si consideramos que los cupos que ofrece el Serviu (Servicios de Viviendas y Urbanismos) son de tan sólo 20 mil para todo el año.

Estas iniciativas fueron presentadas para 14 de las 15 regiones del país, con una importante tendencia en departamentos los cuales llegaron a ascender al 57 % de la oferta de desarrollos inmobiliarios.

En relación al estrato socioeconómico de estas viviendas, un 27 % fue destinado a familias de bajos ingresos mientras que el otro 73 % fue destinado a familias de sectores medios, lo que corresponde a 13.689 y 37.548 viviendas respectivamente.

Ha sido tanto la expansión y buena acogida de esta iniciativa, que en esta oportunidad un total de 16 comunas en 7 regiones diferentes presentaron por primera vez este tipo de proyectos, dentro de las cuales se encuentran comunas pericentrales de Santiago como San Joaquín, Cerrillos, Independencia y Las Condes.

Juan Diego Avendaño, CEO del portal inmobiliario Doomos.cl comenta al respecto “Potenciar la construcción de viviendas sociales es una manera de ofrecer ayuda a las familias más necesitadas y con escasos recursos para adquirir una vivienda por sus propios medios. Esto asegura un futuro estable para las familias más jóvenes, al mismo tiempo que favorece una mejor educación y una mayor seguridad para el futuro de país; si lo analizamos con altura de miras, todo parte en tener un buen lugar donde vivir”.

Esta temática ha levantado polémica entre los más arraigados de los habitantes que en búsqueda de su seguridad y comodidad que ya conocen muy bien se han negado a recibir nuevos vecinos, también se ha dejado en evidencia el apoyo de gran parte de la sociedad chilena que se muestra en desacuerdo con este tipo de manifestaciones.

Así mismo lo han demostrado estas cifras en realidad sorprendentes, especialmente si consideramos lo comentado por Monckerberg unas semanas atrás cuando señalaba que el déficit de viviendas asciende a 393 mil y que sólo ese año se entregarían 48 proyectos de integración social para combatirlo.

En este sentido, la sociedad como los entes gubernamentales han mostrado mayor receptividad en cuanto a la integración y unión de todos los estratos sociales dentro de un mismo espacio con la intención de disipar el clasismo que por algún tiempo se ha sentido considerablemente presente en el país.

Entre tantas propuestas puestas en marcha, destacamos el proyecto Maestranza, una iniciativa de vivienda social que promovió el movimiento Ukamau durante el primer periodo de gobierno de Sebastián Piñera y que será finalmente inaugurado en junio del año próximo.

Este proyecto muestra un avance del 20 % en la actualidad y destaca gracias a los espaciosos departamentos que formaran parte de él (62 metros cuadrados) y a las 424 familias que albergará.