Con chicos en la casa, el sexo en la pareja cambia por completo. Antes de cada encuentro, además de sortear el cansancio demoledor, habrá que buscar el momento y el lugar indicados.

Y, de todos modos, quedará la duda sobre si los pequeños presienten que algo está sucediendo. Por otro lado, sabemos muy bien que los recaudos tomados ¡pueden fallar! Y nos pueden encontrar “in fraganti”.

“Si la pareja tiene sexo durante el embarazo, el bebé percibe, lo vive. Porque ellos también experimentan los afectos y el placer. Durante sus primeros meses de vida, si los papás tienen sexo al lado suyo, también lo registrarán y hasta lo sentirán, porque en esa etapa cuentan con una sensibilidad expandida”, resume Melina Bronfman, especialista en desarrollo infantil, crianza respetuosa y fisiológica.

Por eso, cuando los padres retomen sus relaciones, “es conveniente preservar al bebé de esa situación de intimidad que tienen los adultos. Hay que tener en cuenta que el sexo es una manera de ejercer el placer de los grandes y no está bueno que el hijo esté expuesto”, agrega Bronfman.

¿Qué pasa si el bebé duerme todavía con ellos? “Eso no significa que asista a las relaciones sexuales de los adultos. Si los grandes deciden colechar -o sea, prepararon un espacio donde el niño va a tener un contacto visual o táctil con sus papás- el consejo es que tengan en ese lapso sus encuentros en otro espacio que no sea su cama”, agrega Bronfman.

“Es cierto que la mayoría venimos de una relación y los hijos intuyen la sexualidad de los padres. Por eso, a medida que van creciendo y de acuerdo a su capacidad de entendimiento es importante hablar con ellos, sin caer en explicaciones fantásticas (como el antiguo cuento de la semillita), que puede llevarlos a una representación poco positiva”, sugiere Mauricio Strugo, psicólogo especialista en parejas y familias.

¿Y si nos pescan justo?”

Por más cuidados que se tomen, puede suceder que sean descubiertos por sus hijos.

¿Qué hacer? “Hay que hablar con el niño o la niña y pedir disculpas. Explicarles que estaban haciendo el amor, que es una manera que tienen los grandes de darse cariño y placer, que es algo que seguramente ahora no le gustó, pero cuando crezca lo va a entender”, explica Bronfman.

La próxima: tomar mejores precauciones. Por ejemplo, cerrar la puerta con llave.

Confiar en que los pequeños no se van a despertar, tampoco es buena opción. “Las leyes de Murphy existen y cuanto menos queremos o necesitamos que se despierte, seguro lo va a hacer”, concluye Bronfman.